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“El Patrón bajará en un momento”, nos dice el fiel Kiriatos mientras nos conduce al salón central del lujoso apartamento de Podeti, ubicado en una de las zonas más exclusivas de Buenos Aires. Luego de ofrecernos una copa de ouzo nacional – y de tomarse tres o cuatro él mismo – el robusto anciano desaparece arrastrando las ojotas y maldiciendo en griego.
Al rato aparece el propio Podeti; al verlo en persona, causa gran impresión su apostura física. En realidad no sería exagerado describirlo como el epítome de la belleza masculina – excepto por el temita ese de las cejas – al punto de hacernos dudar de nuestra heterosexualidad. Pero por supuesto, lo que nos importa verdaderamente es espiar la cocina de la columna periodística más influyente de la actualidad,”Yo contra el Mundo”.
-Contanos un poco cómo es tu rutina de trabajo.
PODETI: Lo primero que hago, apenas me levanto – a eso de las cuatro de la madrugada – es pedirle a mi fiel Kiriatos que me prepare dos o tres medidas de ouzo como para entrar en calor; nadie los sirve como él en todo el planeta. Claro que a esta hora de la maÑana sólo puedo tomar del de la botella especial que hago traer de Creta. ¡Imaginate que si tomo del nacional no llego ni al mediodía (Risas. De él, más que nada)!
-¿Podríamos probar un poco de esa botella?
PODETI: No. Después llega el momento de tirar ideas para la columna del día. Para eso leo todos los diarios del día, navego un poco por internet, consulto mis mails y chequeo varias enciclopedias médicas con fotos. Cuando llego a una conclusión, a eso de las once de la maÑana, me junto con mi equipo de guionistas – unos cuarenta – y hacemos un poco de brainstorming. Que no es una mala palabra en alemán (Risas. En la grabación no está claro porque justo pasa un tren, pero de nuevo parece que son de él).
-¿Ahí te sentás a escribir?
PODETI: Epa, epa, epa, despacito. Pare la mano, cochero. No. Cuando junto unas cien o doscientas ideas le pido a mis tres asesores de contenido que me hagan un resumen. De esos tres elijo uno al azar. Siempre fui medio timbero (Risas. De él).
-¿Por qué no podemos tomar del ouzo cretense?
PODETI: Porque no. Es muy caro. Ahí sí, llega el momento en que me siento en la computadora y empieza el trabajo que yo llamo “de escritura”, y que consiste en “escribir”.
-¿Y escribís solo o tenés una máquina?
PODETI: (Se ríe) ¡No! No, no, no. No. Tengo una máquina. Ahora todo se hace de un modo automático; si no, no daría abasto. Al principio me costó acostumbrarme; me tengo que contorsionar un poco para meterme en la máquina, que está hecha a la medida de weblogueros japoneses. Además tiene unos pendorchos que se salen todo el tiempo y se me clavan medio en la columna. Por último, larga un olor horrible, como a grasa quemada. (Su rostro se oscurece) La verdad que esa parte del laburo es un poco ingrata. Llevo un aÑito y ya tengo la columna hecha mierda (Risas. Esta vez, de nosotros).
-¿Podemos ver la máquina esa?
PODETI: No.
-¿Y tomar un sorbito del ouzo importado entre el fotógrafo y yo, para mojar los labios nada más?
PODETI: No, tampoco. Cuando ya terminé de usar la máquina la desactivo – lo que me lleva una horita, en la que grito como un marrano porque siempre me quemo con las partes metálicas calientes – reviso el texto unas cuarenta veces, para ver que estén bien los puntos y las comas y los signos de admiración que ya son como una marca de fábrica. Lo digo sin falsa modestia.
-¿Y ahí es cuando publicás?
PODETI: Noooooo, en ese momento…
-Digo porque ya esto se está haciendo medio largo.
PODETI: Y, bueno, pero es así, querido, le hubieras hecho la nota a otro. Lo que sigue ya está más computarizado; le aplico al texto – usando otra máquina – un programa que “scanea” todos los chistes y descarta los que no son graciosos y mejora los que tienen potencial. Por lo general lo que me pasa es que quedan nada más que dos o tres frases. A veces cuatro.
-¿Y empezás de nuevo, desde cero?
PODETI: No, porque a esta hora ya son como las diez de la maÑana del día siguiente; imaginate que si soy muy riguroso no llego a publicar nunca. Lo que hago ahí es escribir CUALQUIER COSA en cinco o diez minutos, porque además si no se me hace tarde para llegar a mi trabajo de verdad. Ya bastante me bancan que el día anterior no fui. Y ahí sí, publico, pero eso lo hace el seÑor que arregla computadoras de la vuelta de mi casa porque yo no sé.
-La verdad que es fascinante. ¿Sabés qué sería fascinante también? Probar el ouzo ese cretense.
PODETI: (Se ríe) Muy bueno. Ahora, si no les jode, Kiriatos los va a acompaÑar a la puerta. ¡Kiriatos, dales a los seÑores unas bolsitas de caramelos masticables!
El buen Kiriatos nos entrega unas bolsitas que dicen “Feliz Cumple” para luego acompaÑarnos a la puerta, y nos alejamos de la casa del maestro Podeti; Nos sigue el recuerdo de esta visita inolvidable y también el propio Kiriatos, durante algunas cuadras, que luego de varias tristes historias sobre sus parientes en la lejana Paros logra arrancarnos veintisiete pesitos. Una experiencia estremecedora.
RESUMEN FACILISTA DE LA NOTA: Hacer esta columna es JODIDíSIMO!
Publicado a las 00:21 a.m.
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