Mis asesores de Marketing me avisan que está bajando el “Interés Humano” de mis artículos; aparentemente hay un 3 % de mi público al que no le interesa las teorías sobre la existencia de Cheburger o las novelas sobre luchadores de catch sino saber QUé DESAYUNé ESTA MAÑANA; y no hay que descuidar ningún sector de la audiencia o puedo terminar escribiendo un WEBLOG GRATIS, cosa que nadie haría en su sano juicio. Me recomiendan firmemente que tome cartas en el asunto.
Entre sus propuestas se cuentan la publicación online de un álbum de fotos familiar, la producción de un reality show con mi vida y la inyección matinal diaria de PENTOTAL SóDICO para estimular la exposición pública de mis intimidades; mientras estudio estas radicales propuestas intentaré cubrir este bache contando CUATRO HECHOS VERGONZOSOS de mi vida; como el espectáculo de la degradación humana siempre resulta atractivo espero que este sacrificio aumente las visitas a este espacio.
1) Me EMOCIONA la propaganda del osito de peluche que lleva de paseo a un bebé durante sus sueÑos. Es una propaganda de paÑales descartables que raya con el MAL GUSTO, pero me dispara algún tipo de endorfina agazapada traicioneramente en un pliegue cerebral recóndito. También, debo confesarlo, me emocionaba la canción de los Cadillacs que se usaba como cortina en la propaganda de un supermercado. Lo más llamativo es que nI siquiera me emocionaba la canción original; no, me emocionaba la versión publicitaria. (¡YO, apreciando a los Cadillacs! ¡YO!!!). Por último, las últimas cinco veces que vi en video el final de “Babe, el chanchito valiente” no voy a decir que lloré, pero sentí – todas y cada una de las veces – ese aflojamiento muscular atrás de los ojos que prologa el humedecimiento.
2) Hace unos aÑos, en un McDonalds, existía la posibilidad de hablar por teléfono con el payaso Ronald. Luego de mirar a un lado y a otro, no pude resistir la tentación y me comuniqué con el bufo. Se trataba, claro, de una grabación. Creo que aconsejaba tirar la basura al tacho o alguna otra enseÑanza de vida por el estilo.
3) Nunca gané un premio. No soy de las personas que ganan premios. En general, por poner un caso, el proceso de anotarse en un concurso, enviar cupones por correo o escribir toooodos los números de mi DNI en un papelito me resulta aburrido y angustiante. Ni hablar de concursos de tipo artístico, para conseguir becas o subsidios. Me parece que por el mismo esfuerzo de papeleo podría llegar a conseguir la CIUDADANíA HúNGARA. Del mismo modo, no gano juegos de ningún tipo: ni al ajedrez, ni al Teg, y menos a juegos de supremacía física nazi como por ejemplo el metegol.
Toda esta introducción para decir que en realidad, sí, GANé UNA VEZ. Gané un juego de kermesse donde había que MARTILLAR LA CABEZA DE UNOS TOPOS MECáNICOS compitiendo contra un niÑo de ocho aÑos. Sé perfectamente que la competencia no fue justa –yo tenía unos veintiséis – y que contra un chico de doce probablemente el resultado no habría sido tan holgado. Pero el OSITO DE ESTOPA BLANCA que quedó a mi disposición era un símbolo de AUTOSUPERACIóN PERSONAL (“Así que esto es lo que se siente al ganar”) demasiado fuerte como para rechazarlo noblemente – o compartirlo, y lo guardo amorosamente en…
4) En realidad no tengo ni idea de dónde quedó. Ahí tienen lo que hago con mis logros personales. Por eso me va como me va, diantre.
Estas son mis MISERIAS PERSONALES más bochornosas; mis RINCONES OSCUROS más inquietantes (bueno, tampoco, pero esto lo lee mi familia); si esta DESCARNADA EXPOSICIóN aumenta mi audiencia en una o dos visitas, estoy dispuesto a realizar una SEGUNDA EDICIóN contando cosas peores; por ejemplo, la anécdota del filet de merluza.
Publicado a las 10:01 a.m.
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