martes, 13 de julio de 2004

¡POR FAVOR, NO ME DIGAS QUE UNA PERSONA CON TU NIVEL CULTURAL CREE EN ESAS COSAS!





¡Tormenta, Juan .Corazón. Ramón, Carlos Menem, Cacho CastaÑa, Roberto Maidana!


Como ven, no pasa nada. Ahora que acabo de limpiar el nombre de estas personas y demostrado que lo que se dice de ellas son tonterías, paso a contar mis propias creencias supersticiosas:


1) La teoría de .la saqué barata.: Todos debemos afrontar a lo largo de nuestra vida un cierto número predeterminado de desgracias. Esto no puede evitarse (excepto las que entran claramente bajo nuestra propia responsabilidad). Por eso, no es del todo negativo sufrir una pequeÑa desgracia sin consecuencias demasiado desastrosas. Cuando sufrimos una desgracia pequeÑa o mediocre, ésta cubre nuestra cuota periódica y evita que nos ocurra una realmente grave. Así, un pequeÑo choque de automóvil, con apenas una abolladura o una serie de insultos patéticos como resultado final, nos salva del choque con heridos y muertos. Un asalto sin violencia nos salva del secuestro extorsivo o el ataque a manos del asesino serial. Una pelea o malentendido conyugal nos salva del divorcio. Una torpeza laboral que puede arreglarse nos salva del despido y la ruina. Saludemos a la pequeÑa desgracia ocasional como nuestra amiga, como un duende travieso que nos complica la vida pero que en el fondo es benigno.


2) La teoría del Pararrayos (más o menos enunciada por mi amigo Pablo F.): En todo grupo humano existe un individuo que es depositario de la mala suerte y las vibraciones negativas. Esta persona suele estar más curtida que los demás y las continuas tragedias que atrae no le hacen demasiada mella. Cuando esta persona entra en un período de bonanza o sencillamente se aleja, la mala suerte empieza a rebotar alocadamente contra el resto y a repartirse democráticamente, afectando a personas poco preparadas para afrontarla, con consecuencias catastróficas.


3) La teoría del Representante (enunciada por mi amigo Santiago K.): Todos tenemos un representante o manager que habita en un plano espiritual superior. Este representante es el responsable de las cosas buenas o malas que nos pasen. En lo que tiene que ver con las relaciones humanas, el representante negocia con los representantes de otras personas y llega a diferentes acuerdos (por ejemplo, para acordar un noviazgo). Suele darse el caso de que a una persona no demasiado dotada ni física ni personal intelectualmente le va muy bien. Podemos inferir entonces que su representante es un verdadero talento, aunque el caso contrario también es muy frecuente. También ocurre, claro, (como en las películas sobre estrellas de Hollywood en decadencia) que a veces nuestro representante nos consigue acuerdos extraordinarios para nuestra condición actual, o las condiciones del mercado, pero por orgullo o ceguera los rechazamos pensando que nos merecemos algo mucho mejor, o no ponemos nada de nuestra parte y el acuerdo se cae. Esto suele afectar la autoestima de nuestro representante y ahí las cosas suelen empeorar: nuestro representante renuncia, nos asignan a un principiante, o a veces debemos representarnos nosotros mismos, cosa poco recomendable.


Me pregunto si esta serie de creencias computan a mi favor como parte de una nutrida vida espiritual.


Publicado a las 08:03 a.m.


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