lunes, 5 de julio de 2004

¿FALTA MUCHO PARA QUE ME GUSTE LA GUITARRA ELéCTRICA DE UNA VEZ POR TODAS?





El infravalorado género literario de los textos glorificadores que se escribían en las contratapas de los long plays (un género vuelto tan innecesario como imposible debido al tamaÑo exiguo de los CDs, que no permiten ese formato ni tampoco necesitan rellenar ese espacio físico con palabrerío) contiene pequeÑas joyas, como ésta que figura en .ExtraÑos en la Noche., de Frank Sinatra: .Si de la noche a la maÑana se desinventara la guitarra eléctrica, muchos artistas desaparecerían.. Yo agregaría a esto: .Y probablemente nos daríamos cuenta de la polución sonora en que vivimos inmersos gracias a este instrumento..


Sé que sueno como una especie de anciano intolerante y fastidioso, y nada más lejos de eso: no soy anciano; soy perfectamente capaz de disfrutar de algunas piezas donde prepondera el sonido ríspido e hiriente de la guitarra eléctrica. Porque, aclaremos, cuando me refiero a .guitarra eléctrica. me refiero, por supuesto, a la guitarra con distorsión. La guitarra eléctrica sin distorsión es prácticamente una guitarra acústica amplificada y ningún ser humano con algo de sensibilidad podría tener algo contra ella.


Pocas cosas serían tan complejas de explicarle a un extraterrestre (tal vez junto con el análisis sintáctico; sobre todo si no hablara nuestro idioma) como la noción de .hábito adquirido.. Es decir, un gusto o inclinación que gracias a mecanismos naturales de defensa de nuestro organismo rechazamos pero que, con esfuerzo, empeÑo y tesón logramos incorporar a nuestras vidas aunque nos lleven a la tumba (Vendría a ser el reverso de esas cosas que no nos gusta que nos gusten, como en el caso del .Sabinismo.). Puedo mencionar como nota autobiográfico por lo menos tres casos: en primer lugar, claro, está el gusto por el alcohol, que nadie consideraría en sus inicios como algo agradable. Aún recuerdo la noche en que me forcé, entre náuseas y muecas monstruosas, a gustar de la cerveza, porque si no lo hacía nunca conseguiría ponerme beodo, algo que me parecía de gran importancia. Hoy puedo decir con orgullo que el alcohol es de mi agrado y puedo embrutecerme y destruir mi hígado sin mayor dificultad.


El segundo caso es el de la yerba mate, a la que debí entregarme debido a la ausencia, durante una actividad que desarrollaba, de ningún otro tipo de infusión caliente. El acostumbramiento a esa especie de agua de la zanja amarga y caliente me llevó algunos días pero hoy soy un adicto más, a pesar de que cada tanto debo abandonarla temporalmente, para que el paso de las semanas repare esos agujeros horrendos que esta sustancia crea en mi estómago.


El tercer caso es más inofensivo pero más interesante, porque fue más consciente: Un día me dije que era una verdadera pena que no me gustaran las aceitunas y que tuviera que cederle las que adornaban la pizza a otros comensales. Por lo que, obligándome a comérmelas a cada oportunidad, conseguí acostumbrarme a ellas y atener otro motivo para disfrutar de la vida. Puedo decir, con más tranquilidad que en los otros casos, que por lo menos hasta ahora no he escuchado que acorten la vida o que provoquen enfermedades incurables de ningún tipo.


No he logrado, en cambio, hasta ahora, sentir la misma afición por la guitarra eléctrica. Lo he intentado, pero sin resultados visibles. Cuando escucho las magníficas composiciones de Prince sólo puedo pensar en cuánto mejoraría su música si sólo tocara el piano, o si los solos de guitarra fueran reemplazados, por ejemplo, por una sección de vientos o un acordeón. Y estoy convencido que no es mi culpa: Fuera de contexto (y no tanto) nadie encuadraría a la guitarra eléctrica en la categoría de los .sonidos., sino más bien de los .ruidos. o los .chirridos intolerables., ubicándola entre el chillido del tenedor contra el plato de vidrio, el freno del colectivo o el órgano de bailanta. La guitarra eléctrica es completamente daÑina, impuesta durante décadas hasta convertirla en parte constante de nuestro paisaje sonoro, y la mayoría de los infelices que la cultivan, luego de superar ese período de rechazo y acostumbramiento (que en este caso se da alrededor de los nueve aÑos) similar al del alcohol, corren a lanzarse en estado de éxtasis a sus dentelladas sonoras como la doncella de una primitiva tribu del Pacífico se ofrece con entusiasmo a ser sacrificada en honor de la Bestia de mil tentáculos que el malvado hechicero mantiene viva en el fondo del volcán.


¡Basta! ¡Hagamos el intento de vivir en un mundo musical donde esos subhumanos fálicos conocidos como .estrellas de rock. se vean obligados a ejecutar su instrumento sin poder aferrarse a ese pedalcito infame que los ayuda a ocultar el hecho de que sus punteos no tienen NINGúN SENTIDO! ¡Que se les prohiba utilizar otra cosa que no sean sus manos (o en determinados casos más bien circenses, su lengua)! ¡Breguemos por la desinvención de la guitarra distorsionada por UNA SEMANA, y si uno solo de los imbéciles que cabecean durante los solos de guitarra no reconoce la mejoría de su calidad de vida durante ese período de prueba, me comprometo PERSONALMENTE a vivir los próximos cinco aÑos con un audífono conectado a una grabación sin fin de Guns & Roses interpretado por AC/DC imitando el estilo de Motorhead!!!


Publicado a las 00:32 a.m.


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