En las guerras de frontera contra nuestros aborigenes los gauchos estaba munidos de un fusil monocarga. La recarga del cual le llevaba ,inclusive a los más duchos, unos minutos largos durante los cuales eran vulnerables. El indígena avizor había notado este talón de Aquiles en la tropa enemiga, entonces esperaba que alguno efectuara un disparo (lo cual se evidenciaba por el humo de la explosión) y hacia alli disparaba para lilquidar al cristiano entretenido en la recarga. En sintesis el infiel “se le iba al humo”. De allí la frase “se me vino al humo”. (Fuente: el lector Matías Franco, que es arquitecto. Probabilidades de exactitud: 91 %. Le iba a dar un 95, pero al final de la exposición puso “¿que tul?” y perdió un montón de credibilidad)
jueves, 20 de enero de 2005
Dato 44: Se me vino al humo
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