Mauro F. tiene, a pesar de sus 25 aÑos, corte a lo Balá y lo porta con orgullo, cultivándolo y endureciéndolo con spray diariamente hasta confeccionar un verdadero casco de cabello humano. Esta ligeramente inquietante coquetería es probablemente su única excentricidad –la que, por otro lado, le ha valido el apodo de “Playmobil” por parte de los amigos de toda su vida . Mauro trabaja, tiene novia y está terminando la carrera de Kinesiología en la UBA.
Como muchos jóvenes de su edad, se encuentra en un momento difícil; el de abandonar el nido para convivir con su novia Mariela (“la Petisa”, como le dice Mauro cuando ella no está presente), una tarea comprometida dado los precios del mercado inmobiliario (y el corte a lo Balá no ayuda a la hora de las entrevistas); pero Mauro, optimista a pesar de todo, opina que juntando sus ahorros van a lograrlo “aunque tengamos que comer bosta”, como apunta coloridamente.
Pero atrás de lo que parece la vida común de un joven común (salvo por lo del corte Balá), Mauro carga con una cruz secreta: Mauro no sabe encontrar la emisora radial que quiere escuchar.
Día a día, millones de personas sufren cuando un conocido les recomienda escuchar determinado programa radial “donde pasan música muy copada”, que se encuentra en determinada radio que no es aquella donde tienen clavado el dial. A estas personas, como a Mauro, les encantaría variar un poco su momento de esparcimiento maÑanero, pero saben que por más que muevan el dial hasta que les quede un surco necrótico y morado en el centro del pulgar no lograrán encontrar nunca los megaherzios o kiloherzios indicados; y, como corolario fatídico, jamás conseguirán volver a su radio-refugio amiga, terminando con los ojos enrojecidos por el llanto mientras buscan desesperadamente y musitan “nunca debí haberme ido de ahí. ¡Perdón, Sr. Hanglin (o Julio Lagos, o PeÑa, o Héctor Larrea o el que sea)! ¡Perdón! ¡Perdón!!!”.
Mauro maldice todos los días al que inventó el dial; no entiende tampoco por qué las emisoras deben tener esos números tan embrollados: 104 punto uno o 97 punto seis y así, pudiendo facilitar la vida de miles de oyentes con números tipo “nueve”, “once”, “trece” o incluso “treinta y nueve”, como la más humanitaria televisión. Tampoco sabe lo que es un megahercio, pero sospecha que se trata de algo tóxico.
Por esta causa, Mauro y millones de personas como Mauro (aunque con cortes de pelo más normales) se clavan en una seÑal y no hay forma de que los muevan de ahí, a pesar de que periódicos ataques de indignación por las rastreras opiniones vertidas por el locutor de turno lo empujen cambiar, aunque sea como “voto castigo”, de comunicador neofascista. El miedo a internarse en una selva de chirridos, ruidos blancos, confusas radios alternativas y locutores sin nombre es demasiado fuerte; e incluso cuando su hermana o la seÑora que limpia ha dejado el dial en otra radio, Mauro prefiere apalancarse en esa indeseable emisora antes que lanzarse a lo desconocido, como quien naufraga en una perdida estación de tren de la Patagonia, hasta que pueda pedirle a un buen samaritano que lo lleve de vuelta a casa.
Mauro conoce de la existencia de los equipos con sintonizador digital, pero hasta que adquiera uno continuará dependiendo de la capacidad de otras personas o continuará con su status de prisionero en una jaula de ondas electromagnéticas; No seamos indiferentes a este flagelo.
Esta es una campaÑa de bien público. Si desea colaborar, envíe dinero en efectivo a la casa de Podeti o bien su CBU, DNI su clave bancaria a este mail: necesitoplataparairmedenuevodeacaciones@ubbi.com
Publicado a las 02:32 a.m.
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