lunes, 17 de enero de 2005

¡CóMO NO QUERéS QUE ME COPIE SI IGUAL YA ESTá TODO INVENTADO!





Según una encuesta hecha por “Yo contra el Mundo” a una serie de seres imaginarios que viven en la cabeza de Podeti (y que de vez en cuando le dictan mensajes satánicos) estos son los inventos más brillantes de la historia de la humanidad:


LA HAMACA PARAGUAYA: Qué puedo decir. Es apenas un trozo de tela tejida y sin embargo pocas situaciones son tan perfectas como apalancarse en uno de estos retazos del placer. No tiene contraindicaciones ni efectos secundarios –salvo el sueÑo. Se instala en un instante. El gato opta por no orinar en él. La sencillez del diseÑo es apabullante.


En el libro “Biografía del Caribe”, de Germán Arciniegas, se cita la hamaca como la primera innovación tecnológica aportada por América al Viejo Mundo, mejorando las condiciones de vida de a bordo, nada menos que por Cristóbal Colón (a quien, además, dicho sea de paso, describen como un PLOMAZO).


LA CARPA IGLú: La mejor amiga del mochilero a regaÑadientes, vale decir, quien más quien menos, todos. Porque a la hora de luchar con parantes de aluminio, estacas, sogas y pesadas lonas, todos soÑamos con un cuartito inmundo y lleno de ladillas en un hotelucho de la ruta. En cambio la carpa iglú es uno de esos inventos a prueba de idiotas que pueden implementarse con los ojos cerrados, una mano atada a la espalda y mientras se recuerda el último capítulo de Los Simpsons. La desventaja: Su uso es tan poco agotador que cuesta un poco más conciliar el sueÑo.


EL WORD: Pertenezco a una generación que ha llegado a utilizar la máquina de escribir. Una máquina preciosa y pintoresca, pero confieso que, así como he borrado de mi mente los desengaÑos amorosos sufridos, las enfermedades padecidas y los bochornos protagonizados, también he decidido olvidar la pesadilla de reescribir de pe a pa un escrito porque sencillamente me comí una preposición, o porque a mi jefe se le antojaba que el chiste del pesto no se entendía. No, el Word también tiene su lado pesadillesco (la accesibilidad de la corrección permite que se corrijan cosas indefinidamente, lo que puede ser enloquecedor), pero seamos serios y cantemos todas las noches una canción de homenaje a su inventor.


EL “TARARIRA”: Cientos de lectores me han alertado de este invento uruguayo, emparentándolo con mi sistema de tarareo virtual. Por supuesto que son cosas levemente diferentes (aunque obviamente mi invención ha tenido algún tipo de influencia en el trabajo de estos científicos, por lo que espero que me den MI PARTE), y no creo que de momento se pueda escribir “Sáran, sáran, sáran, sáran, sáááá” y el programa diga “Ah, es la música de Mannix” , pero el beneficio de no tener que vivir en la incógnita de esa música que suena en nuestra cabeza durante semanas es infinito.


Publicado a las 11:56 p.m.


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