martes, 26 de julio de 2005

¡NO PUEDE SER QUE “LA GUERRA Y LA PAZ” ESTé HECHA DEL MISMO MATERIAL CON QUE TE LIMPIáS LOS MOCOS!





Padrino.jpg(La foto ha sido enviada por la Srta. María Mareada)


No fue hasta hace unos pocos días que tomé consciencia auténtica de la FRAGILIDAD DEL PAPEL.


Todo comenzó con la reciente “Fantástico- manía” que ha invadido nuestras vidas a través de tanques hollywoodenses y sus reencarnaciones en los juguetes que acompaÑan las cajitas de las hamburgueserías; Intentando revelarle a mi hijo a los auténticos 4 Fantásticos - los de papel, antes de que se VENDIERAN AL SISTEMA – desempolvé sus viejas historietas de edición mejicana.


Lo de “desempolvé” es una figura retórica, porque había tomado la precaución de preservarlas en unos folios de plástico de coleccionista nerd – y sé que tal vez se rían de mí por esto, pero no importa porque me pagan para eso -, así que esperaba encontrarlas en relativo buen estado. Pero bastaron dos o tres días de contacto con el oxígeno para que se desintegraran en fragmentos irregulares, como momias víctimas de una maldición.


Esto es lo que hacemos con los grandes tesoros de la cultura universal: los imprimimos en un material que se rompe, se arruga, se ensucia, se resquebraja, se quema, se moja, se humedece, se honguea, se deja adornar con dibujos infantiles y órganos sexuales a birome y se autodestruye en todas las formas imaginables. Supongo que el egipcio que inventó el papiro fue en su momento condecorado y felicitado; si resucitara por medio de algún conjuro o maldición – y con esto volvemos a tocar el CONTROVERTIDO TEMA DE LAS MOMIAS – habría que apalearlo por abandonar la confiable tabla de arcilla.


(Algún desavisado amante del progreso dirá “por suerte ahora existe el soporte digital”, ignorando que los Cd’s están como mínimo bajo sospecha de mortalidad inminente; y que toda la información actualmente online, desde el dibujito de las berenjenas bailarinas a este brillante artículo, están esperando que algún inepto apriete el botón equivocado para desaparecer de la faz de la tierra, dejándonos la sensación de que esta fiesta de información irrestricta ha sido sólo un sueÑo)


Por otra parte, los objetos más innobles, aquellos que nos vienen de regalo con los bocaditos de pollo, están hechos de un material prácticamente indestructible; puede partirse y tal vez quemarse, pero cualquiera que conviva con juguetes infantiles sabe lo difícil que es deshacerse de ellos – o por lo menos de sus fragmentos.


Están en todos lados. Los encontramos abajo de la cama, en nuestro plato de lentejas y en los bolsillos de nuestro saco nuevo; se multiplican y se apilan en las esquinas, hasta que las piernitas de juguete de huevo Kinder llegan a ser presencias tan vivas y cotidianas como las pelusas del ombligo o las cucarachas. Los legítimos dueÑos de estos objetos, por otra parte, son completamente irresponsables. No los cuidan, no les pasan un trapo ni los ordenan alfabéticamente en estanterías ni los envuelven en folios de plástico de coleccionista nerd. Así y todo, sobreviven a la hamburguesa que acompaÑaban, a su forma original y hasta a su propietario.


¿Por qué entonces no imprimimos nuestro patrimonio cultural sobre el querido y prácticamente eterno PLáSTICO?


Algún nostálgico reblandecido me hablará de que no hay nada comparable al olor de los libros viejos; coincido, pero esa vivencia pertenece más al campo de la experimentación con sustancias – legales o no – que a la cultura. En lo personal también encuentro agradable el olor a los libros nuevos de papel ilustración, que no es más que el olor a los productos químicos con que los embadurnan.


No hay nada que impida a los oledores de libros viejos congregarse en sótanos húmedos donde se apilarán papeles encuadernados – y convenientemente vacíos de tipografía -, aÑejados como un buen vino, para el disfrute de estos ENFERMOS. ¡Eso no significa que tengamos que transcribir en esta materia innoble el drama de un hombre buscando el Mal tras el rostro de una ballena, o la eterna duda de un príncipe dinamarqués! ¡Eso no significa que la obra de nuestros gigantes del pensamiento deba ser soportada por el mismo material, efímero, barato, frágil y traicionero, que utilizamos con mucho más tino para sonarnos los mocos! Y que quede claro que cuando digo “sonarnos los mocos” estoy utilizando una metáfora para referirme a otro proceso de limpieza. Lo que pasa es que soy muy delicado.


¡Basta! ¡Libros de plástico YA, o nos estamos arriesgando a que lo único que testimonie el paso de la raza humana sobre la tierra sean esos libros de caucho para el baÑo de los bebés, o la discutible literatura impresa sobre las bolsas de polietileno (por ejemplo, el haiku “Comida China Yang Tsé”)!!!


Publicado a las 11:56 p.m.


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