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“Yo contra el Mundo” no es, como cree la mayoría de la gente, un espacio donde meramente se resuelven los grandes intríngulis del pensamiento humano. “Yo contra el Mundo” también tiene un corazón, y desde su mismo inicio ha venido realizando una serie de campaÑas de Bien Público con un único objetivo: Que BOB GELDOF no se crea tan piola.
A un aÑo del inicio de estas campaÑas, es un placer para nosotros volver sobre los “casos testigo” de estas campaÑas, para ver cómo han evolucionado gracias a la ayuda de las donaciones de millones de lectores:
MURIEL, LA QUE TIENE UN ANILLO EN EL DEDO PULGAR: En un principio logramos, mediante la fuerza de la persuasión, que Muriel dejara de llevar este inadecuado adorno. No obstante, a los pocos meses no sólo volvió a ponerse el anillo en el dedo pulgar – y a veces hasta seis o siete anillos – sino que intentó durante un ataque de ansiedad usar un collar en el ombligo y una pulsera en la cintura, con fatídicas consecuencias. Hoy se encuentra en observación, prácticamente sin esperanzas.
ERNESTO, EL QUE NO ENTIENDE INDICACIONES PARA ENCONTRAR CALLES: Se intentó darle un curso de concentración y de orientación, pero el día que el curso cambió de sede (en la calle Robertini y Pje. Desembargador Barroso) parece haberse excedido en su auto confianza y, probablemente intentando seguir una indicación por su cuenta, nunca más se lo volvió a ver. Ernesto, si estás leyendo esto, por favor consultá una Guía Filcar. O tomate un taxi. Estos avances y retrocesos son comunes en la recuperación, pero necesitamos que aparezcas.
ROMáN, EL QUE NO SABE HABLAR DE AUTOS: Cuando Román entró en tratamiento ya era tarde para cualquier tipo de recuperación, pero se hizo lo imposible. En el transcurso del mismo saltó a la luz, además, que Román no sabía hablar de fútbol, lo que ya pintaba un panorama bastante negro. Los profesionales que lo atendían, desde entonces, hacen lo usual en estos casos, es decir, ponerle unos capítulos de “El Show de los Muppets” durante las sesiones para que se divierta y siga yendo, aunque su curación sea una causa perdida.
DANIEL, EL ADICTO A LA COMIDA DE HOSPITAL: Daniel niega patológicamente que lo suyo sea una enfermedad, lo que hace casi imposible iniciar su tratamiento. Sus argumentos (“si esto fuera una enfermedad entonces qué se puede decir de los enfermos internados que comen esta comida todo el tiempo”) son en apariencia válidos, casi perfectos y sólo un equipo de sofistas y epistemólogos ha logrado descifrar dónde está la falacia – incluso fueron presentados en el último Congreso de Lógica Matemática de Londres, provocando el pasmo de los concurrentes -, pero se consiguió que un juez ordene su internación en nuestro Centro de Atención. Lamentablemente, sólo tenemos comida de hospital para alimentarlo, por lo que el paciente parece ser irrecuperable.
INéS, LA QUE NO QUIERE DAR MONEDAS DE VUELTO PORQUE DICE QUE “LE SACAN TODO EL CAMBIO”: Cuando llegamos con la orden del juez y un equipo comando especialmente entrenado, con perros y pistolas lanzagases, el estado de salud de Inés era espeluznante. No sólo seguía sin entregar monedas – las cuales ya desbordaban todo tipo de recipientes – sino que su patología había avanzado, impulsándola a no querer entregar los billetes de dos ni de cinco. De hecho, gracias a la falta de control de precios, Inés puso todos sus artículos a diez, a cincuenta y a cien pesos, para que nadie “le saque el cambio”. La ausencia de cultura de compra responsable en nuestro país no sólo no la llevó a la quiebra, sino que la convirtió en una de las kiosqueras más prósperas de la ciudad. El proceso de internación fue un poco tenso y algo violento, pero hoy Inés se encuentra bajo tratamiento forzado y se va a curar aunque no quiera, carajo.
PADOVANI, EL QUE CREE QUE ES PETTINATO: Es uno de los casos más recientes – su nombre ha sido modificado porque se trata de una figura pública – y más complejos, porque no hay forma de demostrar que no sea Pettinato. Los tratamientos aparentemente más obvios, como “llevarlo junto a Pettinato” o “mostrarle su DNI” o “juntar a todos sus familiares y amigos y preguntarle de dónde sacó esa idea” tienen vicios clínicos de origen muy largos de explicar. Pero luego de las denuncias por acoso que radicó el verdadero Pettinato se ha hecho necesario internarlo mediante la orden de un juez, comandos, perros, gases, piedras, neumáticos en llamas, tanques, bulldozers y marines norteamericanos, y encontrar un hueco legal en el Pacto de San José de Costa Rica a ver si se lo puede curar con un pelotón de fusilamiento, que ya se está poniendo pesadito.
Todos estos resultados no habrían podido conseguirse sin la colaboración de todos ustedes, pero “Yo contra el Mundo” insiste en pedirles que sigan mandando la plata. Gracias.
RESUMEN FACILISTA DE LA NOTA: Qué barbaridad lo mal que está la GENTE!
Publicado a las 08:43 a.m.
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