miércoles, 13 de julio de 2005

LUCHA TOTAL MORTAL: EL FINAL DEL CAPíTULO ESTE TAN ANGUSTIANTE DE LA CAMISETA!





LUCHA TOTAL MORTAL

Primera novela de de lucha filmada íntegramente en interiores de ropa de interior.

CAPíTULO 7: “La camiseta de las bermudas. Parte 2″ (Basado en hechos reales.)


04-El-Ser.gifUna lágrima se escapa exprimida por el doloroso recuerdo, pero es absorbida inmediatamente por la tela. El recuerdo, en cambio, permanece.


TORO: (Piensa) “La cosa tendría que ser más sencilla: sólo tengo que pasar la camiseta por mi cabeza en sentido descendente, así… y otro poco así… y otro poco más… ¡Ah! Ya debo estar por llegar al cuello, pero… ¿Y ahora qué pasa?”


Pasa que algo traba el avance de la camiseta. Quizá se ha enganchado en alguna irregularidad del suelo. Toro se pone en cuatro patas y palpa a ciegas el montón de camiseta que hay a sus pies. Pero afuera

no hay nada. Antes bien, oh maravilla, un gran peso dentro de la camiseta aprisiona el tejido contra el piso. Como los ciegos de la parábola del elefante, Toro tantea el obstáculo para hacerse una idea de su naturaleza, que semeja humana. Toro se incorpora. Pasa los brazos hacia adentro y trata de mirar por una manga, pero la manga también parece infinita. Toro logra sacar sus piernas de los pantalones y se incorpora en calzoncillos dentro de la camiseta. La situación es incómoda, la tela se tensa sobre su cabeza y le da la sensación de ser estaca de una de carpa canadiense. Toro avanza hacia el obstáculo. Una docena de metros más adelante, el estrecho túnel se ensancha y se tensa para dar cabida a un extraÑo ser. Viste una túnica hecha de pastos entrecosidos y está coronado por un sombrero de mandarín. Aunque aparentemente de espaldas a Toro, cierta incongruencia en la posición de sus miembros produce una vaga sensación de desconcierto.


TORO (al Ser): MonseÑor, disculpe.

EL SER (sin volverse): A sus órdenes de usted, maese…

TORO: Toro, Toro Argentino. Pero… disculpe, a menos que los usos de esta región sean otros que los que hay en mi pago, le ruego, monseÑor, que me mire cuando me habla.

EL SER: No afirmaré que lo miro, pero sí que no le doy la espalda. TORO (con ojo examinador): Es cierto. Al principio lo juzgué de la estirpe del búho, que puede mirar hacia atrás estando de frente. Pero ahora comprendo que su anormalidad proviene de la circunstancia particular de no tener usted rostro, o, si se prefiere, de tener nuca tanto por el frente como por el reverso. Resumiendo: de ser binuco. De ratificarme usted este hecho, la medida de mi perplejidad se vería colmada.

EL SER: No hay porqué desmentir las suposiciones suyas de usted relativas a mi conformación. Forastero como se ve que es, le aconsejo que organice más hospitalariamente el receptáculo de su perplejidad.

TORO: Tomaré nota mental del asunto. Ahora dígame, no hay un atajo para salir de aquí adentro.

EL SER: ¿Salir de aquí?

TORO: Sí, salir… Salir afuera.

EL SER: ¡Extranjero ingenuo! El Universo no tiene afuera. Sus preguntas recuerdan a las que formulan nuestros niÑos en la etapa de instrucción. ¡Ya lo creo! ¡Salir de aquí! Ja, ja, ja.

TORO: Pero yo, en cierto sentido, vengo de afuera… Aunque, aunque parte de mí estaba, sí, dentro del… ¡qué Universo ni qué pepinos! ¡Estaba adentro de mi camiseta estaba!

EL SER (altivo): Sencillamente, lo que usted dice no puede ser. No me asombro. Una o dos veces por siglo recibimos la visita de extranjeros

con alucinaciones semejantes a las suyas. La mayoría no se corrige nunca. Otros logran prosperar. Algunos se vuelven violentos y hay quien es enjaulado. Sin ir más lejos, el anterior a usted, un seÑor imponente con un parche en el ojo…

TORO: ¿En el ojo izquierdo o en el derecho?

EL SER: En el segundo viniendo desde la izquierda.

TORO (aparte): ¿Es posible? (Al ser:) ¿No dijo el forastero cómo se llamaba?

EL SER: Sí. Aparentemente un nombre fingido: Alias Elías Salier.

TORO: ¡Alias Elías, hermano mío! Ahora comprendo… entraste al camerino a cambiarte… nunca saliste, sólo encontramos tu camiseta, esta camiseta, abandonada en el piso. La gente pensó que eras un cobarde, y yo ¡indigno!, yo también lo pensé….. Pronto, monseÑor, llévame con él.

EL SER: No tengo inconveniente. Siempre me distrae ver una ejecución.

TORO: ¡Ejecución!

EL SER: En efecto. Y ya está por empezar. Sígame, conseguiremos buenas ubicaciones.


Caminando oprimidos por la tela tirante, Toro y el extraÑo ser se pierden por entre los pliegues de la camiseta, que se cierra tras ellos con visible incomodidad.


(El autor de este capítulo pasó 2 semanas adentro de una bolsa de arpillera para familiarizarse con la historia.)


Fin del episodio. Podeti está agotadísimo por la tarea de edición y copypasteado que curiosamente le ha llevado más tiempo que escribir hecho y derecho, y se queda esperando a ver cómo sigue la cosa. Chau.


Post original

No hay comentarios.:

Publicar un comentario