Sólo a la mente más perversa soportada por el cuerpecito contrahecho del ingeniero genético loco más lleno de odio hacia todo lo que es bueno, bello y justo, o al Dios más ciego y estúpido (como el Dios de los gnósticos), creador del Universo no por Sabiduría Infinita sino debido a un espasmo involuntario, un hipo repentino pletórico de flema y bilis, podría habérsele ocurrido la idea de crear la “Gripe de verano”.
Esta enfermedad inoportuna y grotesca es responsable de más del 37 % de los suicidios de los varones de entre 23 y 42 aÑos, según mis estadísticas personales (Son unas estadísticas que redacto yo en mis ratos libres. Gracias a las encuestadoras a sueldo la ciencia de la estadística se ha convertido en una rama de la literatura tan libre y creativa como la fantasía heroica).
El enfermo de “Gripe de verano” une, al malestar natural de su estado, la sensación de ser un COMPLETO IMBéCIL, de estar desubicado respecto al tiempo, el espacio e incluso el clima. El enfermo de “Gripe de verano” ni siquiera se siente con derecho a quedarse en cama, porque afuera hay sol y cantan los pajaritos y refugiarse en el interior del edredón (tapizado rústicamente con paÑuelos de papel arrugados y usados) no termina de cuadrar.
Una vez afuera, sin embargo, el sol y el cielo azul se tornan entidades irreconocibles y un poco fastidiosas; la luz blanca del astro rey, en lugar de liberar endorfinas que aceleren su recuperación, se le antoja un espectro cegador y maligno que está allí sólo para recordarle su condición de hombre inferior y débil y sin fe en la vida.
Hasta el médico que lo atiende adopta una actitud poco colaboradora. Cuando la gripe es en invierno, el profesional adereza sus curas milagrosas con historias consoladoras sobre los cientos de microorganismos nuevos que brotan cada invierno y lo inevitable que es caer una o dos veces. Al enfermo de verano lo miran con una mezcla de desconcierto y reproche – entre otras cosas no le pueden decir “que se abrigue” – y poco falta para que su única recomendación sea que “se porte como un hombre, ca**jo”.
La “Gripe de verano” es una paradoja enferma: no hay, por ejemplo, deshidratación de invierno, o depresión de primavera, o excitación sexual malsana de otoÑo. Sí tiene una gemela malvada, la “Quemadura solar de primer grado de invierno”, pero se trata de una aberración glamorosa y encantadora, algo así como una “femme fatale” que destruye con sus caricias, ya que afecta mayormente a esquiadores que se queman con el reflejo solar en la nieve y que van allí voluntariamente, y que más allá de eso (y de la ocasional fractura de columna vertebral) se lo pasan en grande tomando chocolate con aguardiente en esos complejos de troncos horrendos pero acogedores.
El enfermo de “Gripe de verano” no tiene ese consuelo; se limita a moquear, sentir autocompasión y repetir hasta el bostezo (ajeno, claro) “qué loco estar así con este calor”.
No lo discriminemos; comprendámoslo, tratémoslo bien y hagamos una colecta para juntar una luquita y que se compre una CáMARA DIGITAL MUY BUENA QUE VI EL OTRO DíA.
(Escrito en el peor estadío de la enfermedad; a propósito, sé que no estamos en verano, pero hoy hizo como treinta grados, así que déjenme en paz)
Publicado a las 11:45 pm.
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