Vivimos en una época en la que el lugar común ha reemplazado a la reflexión. Soltamos estos compromidos de filosofía barata sin pensar y sin la mínima expectativa de que alguien se disponga a refutarla. Son verdades universales y éstas no se discuten aunque no tengan sentido.
Una de estas frases es “Buenos Aires es una ciudad que está de espaldas al río”.
Esto es una estupidez. Significaría que Buenos Aires está mirando a Avellaneda, o a la Pampa Húmeda. Tal vez Eladia Blázquez pueda vanagloriarse de eso (y la verdad, me encantaría tener una charla personal con ella sobre este tema), pero no la mayoría de los porteÑos, que a pesar de lo que pueda parecer somos seres humanos, y a pesar de nuestra pasión por el cemento nos atrae el horizonte, el mar y el aire fresco como a cualquier otro congénere; Cualquier estudiante de venta de inmuebles de segundo aÑo les puede decir que una de las variables que sube el precio de los departamentos es que tenga orientaciòE, es decir, mirando al Río de la Plata.
No, Buenos Aires está de frente al río, pero tal como en la tragedia de Píramo y Tisbe, un muro impenetrable nos impide disfrutarlo. Un absurdo aeroparque y una pesadillesca autopista se interpone entre nosotros y la felicidad.
¿Por qué construimos esas porquerías que han vuelto nuestra ciudad más infernal de lo que debería ser? Veamos algunas hipótesis:
Teoría de la Verguenza: En el fondo, a pesar de vanagloriarnos de poseer “el río más ancho del mundo”, nuestro río nos causa oprobio. Es natural: no se parece en nada a la idea que nos han inculcado en nuestra infancia de lo que debe ser un río. Es marrón. Sólo tiene una orilla. No “corre”, o por lo menos no lo notamos. No es un río juvenil, de aguas cristalinas, con patos y castillitos a los costados. Por consiguiente decidimos ocultarlo lo más posible, y si llega un turista preferimos llevarlo a ver el obelisco.
Teoría de la Hidrofobia PorteÑa: Creo que ya es hora de que empiece a citarme a mí mismo, así que les recomiendo que echen un vistazo a esta teoría sobre nuestro escaso amor por el agua.
Teoría del Desperdicio como Símbolo de Status: Somos tan arrogantes y CANCHEROS que hemos decidido desaprovechar nuestro río a propósito. Todos saben que una de las pioladas más grandes que puede hacer una persona es contar con una ventaja inmensa y no utilizarla, como el nuevo rico que manda construir una piscina olímpica y luego no la utiltza en toda su miserable vida. “¿Tenemos un río? ¡Ah! No lo había notado… Andá a mirarlo vos, si es que te entretienen ese tipo de cosas.”
Teoría de la Lucha contra la Emigración Compulsiva: Pocas cosas impulsan tanto a la gente a la emigración como la vista del mar abierto, ilusión que nuestro río produce fácilmente. Es muy difícil resisitir la atracción que el horizonte ejerce sobre nosotros. El impulso más frecuente es “quiero ir hacia allá”. Sería demasiado aÑadir esto a nuestra tendencia natural a irnos de este maldito lugar, así que las autoridades han decidido ocultarnos el horizonte todo lo posible, porque de otro modo no quedarían ni las moscas.
Por todo esto, la Comisión para el Mejoramiento del Trabajo Ajeno propone que se reemplace la frase “Buenos Aires es una ciudad de espaldas al río” por “Buenos Aires es una ciudad de frente al río pero que, tal como en la tragedia de Píramo y Tisbe, un muro impenetrable le impide disfrutarlo”.
Y de paso, podríamos amurallar el río en serio y olvidarnos del asunto de una vez por todas.
Publicado a las 08:11 a.m.
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