A pesar de mi inconmensurable poder mediático, no concurrí al Congreso de la Lengua; Supongo que la invitación a presidir una mesa redonda – o a participar de la Comisión de Notables dedicada a inventar palabras que hacen falta – que me correspondía se habrá extraviado; Creo que por otra parte este .accidente. (no descartemos la sombra de alguna siniestra Mano Negra) tuvo su parte positiva, ya que no tengo muy claro qué es lo que había que hacer allí o qué ropa había que llevar o cómo se llega a Rosario (lo único que tengo claro es que por ahí hay que cruzar el Túnel Subfluvial, una experiencia que me suena escalofriante). Por otra parte, no soy pelado ni tengo barba, lo que también hubiera inhabilitado mi participación.
Sin embargo, como soy la prueba viviente de que la fuerza de voluntad es capaz de vencer la ignorancia y hasta la carencia de dotes mínimas, sí he sido capaz de elaborar yo solo, basándome en mi experiencia personal y en cosas que pienso mientras espero el colectivo, las CONCLUSIONES del evento:
1) El lenguaje se está empobreciendo porque la gente no sabe contar cosas. Las empiezan a contar por la mitad, después se acuerdan de lo que pasó al principio, en el medio se acuerdan de algo que vieron en Tinelli el otro día y después te dicen .bueno, rajo, otro día te termino de contar.. La culpa no la tiene internet ni la tele, sino que andamos todos muy apurados. Hace falta el ritmo cansino y la descripción del ambiente en que se desarrolla la historia que poseían los relatores de campo.
2) Tampoco se toman la molestia de adornar sus estériles relatos con versitos o pequeÑas expresiones pintorescas tipo .a ver dijo un ciego” o .hacete hervir y tomate el caldo.. Lo más cerca que tenemos de eso es la repetición subhumana de frases imbéciles de la tele tipo .si querés llorar, llorá..
3) Necesitamos que la Real Academia nos explique la diferencia palermohollywoodense entre .Restaurante., .Restó. y .Bistró.. De paso, por qué en esos lugares todo sale tan caro.
4) Para evitar que los niÑos hablen como en los doblajes, necesitamos más programas infantiles en argentino como había antes (y que sean mínimamente aceptables). Se exige el regreso por decreto de Carlitos Balá, o aunque sea de Willy Ruano.
5) Aunque el lenguaje es un sujeto vivo, libre y que hay que respetar, habría que crear un Ministerio totalitario y macartista que se dedique a reprimir cruelmente el uso de estas palabras, por feas o mersas o estúpidas: .Bondi.; .Cachogos.; .Chuavechito.; .infartante.; .Naah.; .lolas..
6) En cuanto al uso de las malas palabras, decretar que si una de ellas aparece públicamente más de cincuenta veces en menos de una semana puede darse por liberada (El Sr. Roberto Fontanarrosa lo explica mejor). Así, gracias al .affaire Di Tella., podemos incorporar .pelotudo. públicamente sin temor a represalias. Y abusar un poquito. Miren lo que hago: Pelotudo, pelotudo, pelotudo.
7) Ya que estamos, elevar a nivel de repartición oficial a la Subcomisión de Modificación de Nombres Inadecuados, para solucionar en carácter de urgente el asunto .ex roquefort, actual queso azul., para llamarlo .queso blanco sucio con manchitas verde oscuro.. Para alimento azul ya tuvimos suficiente con la crema del cielo. E incluso ése estuvo TOTALMENTE DE MáS.
Un poquito más y me voy: Pelotudo, pelotudo, pelotudo. Aah, esto es fantástico.
Publicado a las 21:22 p.m.
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