“No, no, acá se hizo una montaÑa de nada. Todo partió de una serie de coincidencias, pero ya sabemos que cosas más extraÑas han pasado… Yo estaba en un restaurante del puertito de Olivos festejando que le gané el juicio por mala praxis a mi cirujano plástico (fui por una rinoplastía común y corriente y me dejó la cara como un collage bidimensional compuesto por fragmentos de diferentes rostros) y le di bastante duro a una picadita de anchoas, papas fritas, jamón crudo, huevos duros y fernet con coca. De postre, medio kilo de Mantecol. Claro, cuando salí tenía una sed que no te cuento. Encima me subo al auto y me encuentro con que se trabó el cinturón de seguridad, y viste cómo están ahora con el tema. En provincia también, ¿no? No sé.
“No importa, la cosa es que dije, “Ricardo, para qué te vas a arriesgar. Tomate un taxi, Ricardo”. Me fui para Libertador y esperé un taxi pero nada, no pasaba nada. ¿Ustedes sabían lo difícil que es encontrar un taxi en Libertador? Bueno, yo no sabía. Encima pasó un 168 pero con el tema de mi cara bidimensional no lo vi (me quedó un problema con la visión periférica) y pasó de largo. Nada, dije “Ricardo, la noche está fantástica. ¿Por qué no aprovechás para caminar y bajar un poco las anchoas, las papas fritas, el jamón crudo, los huevos duros y el Mantecol? Y capaz que llegando a General Paz pasan más taxis”.
“Le entré a caminar. No calculé, la verdad, lo lejos que estaba la General Paz (me había bajado media botella de fernet). Igual jamás llegué porque mucho antes empecé a sufrir la sed. No sé si alguna vez tuvieron sed, pero en serio, sed como si te hubieras tragado una plancha de telgopor. Sentía la boca recubierta de una pasta seca y viscosa. Y no había nada abierto, ni un kiosco, ni un bar, nada. Entonces me dije: “Ricardo, ¿y si tocás el timbre de una casa y pedís un vaso de agua? Un vaso de agua no se le niega a nadie” Ya sé que parece medio absurdo, aparte la gente está re paranoica, pero tenía MUUUUCHA SED. Lo que pasa es que a esa altura está lleno de edificios. Me parecía más probable que me dieran bola en una casa, pero casa-casa.
“Entonces llegué a lo que parecía ser una casa bastante opulenta, con una pared más alta de lo común. Por algún motivo me pareció que la gente que vivía ahí debía ser gente de bien. Pero no encontraba la puerta, así que dije, ¡bueno, me meto, no pasa nada! No me acuerdo cómo hice. Dicen que encontraron un alambrado agujereado. Puede ser, llevo un cortaplumas suizo a todos lados, principalmente para defenderme del acoso de los rufianes que me molestan por mi problema de cara bidimensional. La verdad es que estaba desesperado y ni pensé en las consecuencias.
“Deambulé como DOS HORAS, pero estaba oscuro, el lugar era inmenso y yo no estaba en mis cabales por la sed. Al final, cuando ya me parecía que lo mejor iba a ser cortarme la garganta con mi cortaplumas suizo (debido a mi cuello bidimensional sería pan comido), me encontré con una persona, que no dio grandes muestras de sorpresa. Apenas levantó la ceja, como diciendo “Algo fuera de lo normal, pero no tanto como para dejar de hacer mi crucigrama”. Le pedí el vaso de agua y me lo dio solícitamente. Le agradecí como si me hubiera rescatado de un incendio, le ofrecí dinero –que rechazó con un gesto silencioso – y me fui por donde había venido.
“Se dijeron muchas pavadas sobre lo del vaso de agua: Desde que era la CANCHEREADA de un amante de las emociones fuertes a una especie de mensaje mafioso. Como siempre, la explicación más sencilla es la verdad: Fue el pedido, producto de una necesidad básica, de un ser humano común y corriente (aunque con el rostro formado por fragmentos bidimensionales) que tenía sed.”
(Declaraciones exclusivas para “Yo contra el Mundo” del intruso de la Quinta de Olivos)
Publicado a las 10:34 a.m.
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