Este fin de semana volví a intentar suerte con el milenario arte del remontado de barrilete. Esta vez no resultó tan automático porque llevé muy poco hilo (era imposible que se elevara más allá de los cinco metros). La experiencia sigue siendo enriquecedora, salvo por algunos comentarios inadecuados de una seÑora y su madre. La leyenda más difundida –y con esto tenían que ver sus risueÑos comentarios – es que el remontado de barrilete es una actividad para niÑos.
Nada más falso. El remontado de barrilete requiere conocimientos de física, climatología y un desarrollo motriz propio de un adulto. Hay que saber correr sin mirar por dónde va uno, y si el artefacto se desploma, se corre el riesgo de ser atravesado por uno de sus vértices. Sí, la estructura es de caÑa o madera, pero desde esa altura lo que parece un tradicional juego infantil se transforma en un arma mortal. Por último, estamos experimentando con la altura y la resistencia del aire. Todo esto lo define como un DEPORTE EXTREMO.
Propongo algunas variantes:
QUIéN QUIERE SER POBRE: Llevamos un hilo seco y viejo, y atamos al barrilete un sobre con nuestro sueldo. El desafío consiste en manejar el hilo con la suficiente suavidad y muÑeca como para que en ningún momento se rompa. Si lo hacemos, las consecuencias pueden ser realmente preocupantes.
EL BALCóN: La idea es intentar remontar el barrilete en un pequeÑo balcón de un metro por metro y medio. Como no se puede correr, se requiere gran habilidad con la muÑeca o vivir en una zona de tornados. Ideal para un reality show.
LOS GLADIADORES DEL AIRE: Ideal para individuos con exceso de testosterona que necesitan descargar su agresividad en una actividad lúdica. Se equipan los barriletes con horribles puntas salientes de caÑa u hojalata. La idea no es tanto remontar el propio barrilete como destruir el de los demás, o cortarle el hilo con pequeÑos cuchillitos plásticos descartables (los materiales deberían ser relativamente inofensivos: recordemos que siempre existe la posibilidad de que se nos vengan encima). Observaremos verdaderas luchas de águilas en el cielo, desplumándose y arrancándose la epidermis de papel avión. Cuando uno de los barriletes caiga, se puede gritar “¡Uuuuuuuuuu!”, al estilo de los estudiantes universitarios yanquis de las películas.
AMO EL PELIGRO: Por lo general se busca remontar los barriletes en zonas despejadas, para evitar que queden atrapados por árboles y cables; invirtiendo la lógica, intentaremos remontarlos en pleno microcentro, en calles llenas de cables eléctricos o telefónicos, o en calles arboladas, preferentemente con pinos u otros árboles puntiagudos. Más que evitar los obstáculos, intentaremos rozarlos, pasarles cerquita como un esquiador canchero. Si el barrilete queda totalmente destrozado, también se puede gritar “Uuuuuuuu” y reir como un descerebrado.
¡Ahora, que la seÑora esa y su madre se atrevan a hacer comentarios risueÑos si son tan piolas!
PUblicado a las 10:46 a.m.
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