José el motoquero, con un pie afuera de la casa desde hace días, se acercó al confesionario (En realidad no se acercó al confesionario -que no existe-, sino que hizo su confesión a los gritos desde la puerta):
“Mirá, decidí postergar unos días mi partida porque no quiero dejar a los chicos en la estacada. Después de varios días empecé a descubrir cosas bastante copadas en algunos de los flacos de acá, y eso que los veo de espaldas y a varios metros de distancia. Además, bueno… Encontré una persona muy especial que está pasando por un mal momento…
“Y bueno, sí, te lo voy a decir, es Isabel, me gusta bastante, y eso que la veo de espaldas. O a lo mejor por eso mismo. Yo voy a hacer fuerza para que no se vaya y si se tiene que ir aunque sea me voy a quedar acá para abrirle la puerta. Es lo menos que puedo hacer, total estoy acá (en la puerta).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario