jueves, 24 de febrero de 2005

¡VOLVIERON LOS OCHENTA CON TODO, Y ESO QUE LOS HABíAMOS ECHADO A PATADAS! QUé POCA DIGNIDAD





No sé si los aÑos 80 ya volvieron el aÑo pasado. No sé si se fueron y después volvieron a volver, o si todavía están acá pero en el cuarto de huéspedes. En todo caso no tengo problema: que traigan su estética punk, sus hombreras, sus grupos tecno e incluso -y esto es ir muy lejos – sus cortes cubanos. Pero por suerte hay tres porquerías de los aÑos 80 de las que nos hemos librado para siempre:


LA ESCENA DONDE EL PROTAGONISTA SE PRUEBA ROPA: No sé en cuántas películas se repetía esto, pero era inevitable (además de irritante): el protagonista de la película, que podía ser un adolescente, una mujer adulta reprimida que deseaba cambiar su vida o un viejo reblandecido, en determinado momento entraba a un negocio y se probaba ropa. AcompaÑado de música New Wave, el infeliz en cuestión probaba diferentes looks uno tras otro, ninguno de los cuales le convencía (a veces secundado por otro / a infeliz, que ponía diferentes caras de reprobación. Al final aparecía con la ropa más insípida que pudiera imaginarse y esa era la papa. El infeliz secundario asentía y el infeliz protagonista seguía con esa ropa por el resto de la película.


Jamás entendí el sentido de estas escenas. Supongo que habría un público cautivo de gente a la que le gusta probarse ropa. El caso es que cuando veía que Billy o Mary se metían en un negocio y empezaba esa musiquita new wave yo empezaba a gruÑir como un marrano.


EL FUTURO APOCALíPTICO: A algún genio se le ocurrió que sería brillante mostrar que en el futuro, en lugar de haber veredas móviles tipo los Supersónicos, habrá contaminación y mutantes que viven en las alcantarillas. Además, todo estaría dominado por una Diabólica Corporación, habría mucha degeneración en las calles y llovería todo el tiempo. Este cliché idiota invadió el setenta y cinco por ciento de los cómics que llegaban de Europa, y luego el cine, inaugurado por ese PLOMAZO llamado “Blade Runner”, que se convirtió en el preferido de infinidad de gansos estudiantes de arte (Ahora lo puedo decir, porque estos gansos en la actualidad son adultos y padres de familia o están pagando un crédito y lo último que les importa es que alguien hable mal de una estúpida peliculita. Las ventajas de envejecer, jóvenes). El género incluía un subgénero llamado “policial del futuro”, generado automáticamente proponiendo que el protagonista fuera un detective privado (de nuevo “Blade Runner”).


Además de lluvia, en este futuro apocalíptico se veía: basura, asfalto mojado y una maraÑa de caÑos que iban y venían para todos lados. Gracias a esta aberración escenográfica, los críticos solían repetir – cuando veían asfalto mojado, basura y caÑos – que tal película tenía la “estética del cómic”, lo que te da la pauta de que no habían leído siquiera una Patoruzito en toda su inútil vida.


EL CLERICó: Servido como una sopa en grandes ollas de aluminio, y luego trasvasado a deprimentes vasos de plástico, el clericó tuvo su auge en esta festiva década, antes de que la cerveza se convirtiera en profundo basamento ideológico de la rebeldía juvenil. Era barato -vino berreta y fruta; hasta un linyera podía solventarlo – y los cadáveres de fruta flotando en la superficie le daban el toque exótico. Sí, sí, era casi como estar en un luau hawaiano, salvo tal vez por los graffitis en las paredes descascaradas, los saturados acordes de Sumo a todo volumen desde un pequeÑo grabador apoyado en el piso y el conocido ebrio que venía a tirarte tu aliento cada cinco minutos. Ah, y porque no había forma de evitar a las pocas horas un feroz reintegro al mundo del clericó ingerido previamente.


Solía estar caliente.


Por suerte estas tres plagas han sido exterminadas, junto con los ochenta. La contrapartida es que desde 1989 que no sale un solo disco que no sea EXCREMENTO PURO, pero en fin.


Publicado a las 08:40 a.m.


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