viernes, 11 de febrero de 2005

HELLO KITTY: ¿FREAK SIN BOCA DE LOS AÑOS OCHENTA O PODEROSA HERRAMIENTA ARTíSTICA?





yanina1.jpg“El amor es como la sopa: no hay que dejar que se enfríe.” Esta metáfora tan irrebatible como repugnante corona, escrita trabajosamente con marcadores de colores decorados con florcitas a los costados, la cabecera de la cama cubierta de peluches (ganados en grúas mecánicas a lo largo de veinte aÑos) de Yanina Lucila Lowenstein. “Me costó horrores porque la pared está pintada con esmalte sintético y se borroneaba todo el tiempo”, afirma con orgullo Yanina Lucila.


Declarada por la revista londinense “Bizarre and Incredibly Idiotic Art” como la artista más revulsiva y provocativa “desde que Richard Hampton revocó el Big Ben con chicles encontrados debajo de sillas de toda Europa”, Yanina Irina trata de no creérsela ni ahí. “Simplemente hago lo mismo que hacía durante la hora de matemáticas en la Secundaria”, confiesa con modestia, y es imposible no darle la razón.


Las miles y miles de agendas que Lowenstein ha ido llenando a lo largo de los aÑos, siempre con el marcador con florcitas, dibujando trabajosamente (Yanina Lucila confiesa que no tiene la menor aptitud para el dibujo) Hello Kittys, Snoopys, Hendys, Sarahs Kays, Ositos CariÑosos, Garfields y decenas de símbolos de la Paz y corazoncitos dan testimonio de su integridad y coherencia artística, a diferencia de sus ex compaÑeras, que, al decir de la artista, “Cuando entraron en la facultad abandonaron todo y re transaron con el Sistema”.


No fue fácil para Yanina Irina continuar con su obra; los tiempos más difíciles la encontraron “sin un mango para comprarme agendas rayadas, así que tenía que comprarme agendas de hojas lisas y dibujarles los renglones uno por uno con birome”. Yanina tuvo además que luchar contra la resistencia de su padre, un respetado sociólogo argentino, que se negó a participar en el reportaje diciendo cosas como “vergüajena”. Por lo demás, nadie tomaba en serio la obra de una persona adulta que se resistía a dejar de usar colitas, vestidos bobos a lunares, mochilas de Hendy y zapatos guillermina, a pesar de que hoy nadie le daría a esta contundente mujer hecha y derecha los 42 aÑos que tiene, especialmente si se la mira através de un prisma de cuarzo multifacetado.


Pero desde hace dos o tres aÑos, luego de que el famoso marchand californiano Terence W. Rottweiler descubriera su obra, sus agendas se cotizan en Sotheby’s (y otros lugares donde se compran cosas muy muy caras) entre 20.000 0 60.000 dólares, lo que le ha permitido a Lowenstein seguir avanzando en el llenado de agendas y en cumplir su sueÑo: reinaugurar la fábrica de marcadores con florcitas a los costados que había – merced a la importación – desaparecido del mercado, para poder continuar con su singular obra.


Su agenda actual no se limita sin embargo a, precisamente, las agendas: “También inicié mi propia línea de calcomanías tiernecitas”, cuenta con orgullo la exitosa artista, mostrando los primeros bocetos de “Baldosiconejito, el Conejito que no pisa las Líneas entre las Baldosas”, uno de los personajes más exitosos de la línea de merchandising conocida como “Los Conejitos Compulsivos”.


“Hace aÑos que no veo el cubrecama, en general me tapo con cuatro o cinco peluches de los grandes”, confiesa Yanina mientras se revuelca provocativamente para la sesión de fotos – entre los peluches de su cama. (Sesión de fotos que por razones de buen gusto ha debido omitirse aquí)


Mientras nos alejamos de la clínica donde está internada desde hace quince aÑos, aún suena en nuestra cabeza su sueÑo incumplido: “Conocer a Snoopy y abrazarlo”. Esperemos que se le dé: si alguien se lo merece, es ella.


Publicado a las 09:32 a.m.


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