La cámara oculta no morirá jamás. Los ocasionales huecos de programación veraniegos, los relativos bajos costos técnicos, el ahorro en actores de carácter, guionistas, escenografía y grupos de brainstorming y una vergonzosa pero innegable predisposición de la raza humana en su totalidad a encontrar gracioso todo lo que involucre desgracias ajenas y destrozos de la propiedad -mientras sepamos que, en el fondo, es de mentirita- hacen de éste la cucaracha de los géneros humorísticos: despreciada y perseguida por las mentes bienpensantes, pero prácticamente indestructible.
Sóri, a bancársela; pero mientras haya media horita que llenar, siempre correremos el riesgo de convertirnos en víctimas de estos asaltos comando donde el arma que nos apunta es la cámara, y el bien del que se nos despoja es el derecho a romperle la cara al culpable, mediante el artilugio de decirnos “era una jodita, saludá a Marcelo”.
Pero estemos atentos y huyamos de las siguientes seÑales:
1) Muy cerca de allí hay una combi con vidrios polarizados.
2) Un individuo con cara de actor se comporta en forma desubicada y exagerada y busca a su alrededor como tratando de elegir a alguien débil e ingenuo.
3) El tal individuo es corpulento, cosa de no desaconsejar la saludable trompada.
4) El tal individuo es mozo en un bar y nos tira encima el café con crema, putea sin parar y se bajar los pantalones para luego evacuar sobre nuesro tostado de jamón y queso, y sus supervisores ni siquiera le llaman la atención.
5) El tal individuo es Leo Rossenwasser, pero en este caso trabaja en un país extranjero; por ejemplo, Portugal.
6) El tal individuo es una mujerzuela semidesnuda de grandes senos que prácticamente se ofrece a acostase con nosotros a cambio de una actividad poco convencional, como por ejemplo meter la mano adentro de una caja con agujeros para respirar y que dice “Mandril Salvaje”
7) A nuestro alrededor está nuestra familia, que no mueve un dedo ni reacciona cuando un tractor está pasando por encima de nuestro Taunus “L”, convirtiéndolo en pocos segundos en una aberración mecánica tipo Cronenberg (en este caso, cuando somos víctimas del subgénero “cámara cómplice”) Sospechamos que nuestra familia nos odia y hemos detectado llamadas a Ideas del Sur o América (ídem anterior)
9) Somos una ascendente modelo de Pancho Dotto, nos invitan a un programa de cable desconocido y el elenco completo de Tinelli se desnuda o nos dice guarangadas o nos veja, o las tres cosas juntas.
10) Somos una ascendente modelo de Pancho Dotto y un productor de nos avisa de antemano, y con tiempo, que vamos a filmar una falsa cámara oculta donde debemos fingir indignación ante distintos vejámenes (para el subgénero “falsa cámara oculta”)
11) Somos un funcionario corrupto o un tratante de blancas y un desconocido nos ofrece realizar un negocio (para el subgénero “investigación periodística”)
12) Somos un pequeÑo y patético impostor o un profesional con gustos sexuales no convencionales inofensivos y un cliente nos ofrece intercambiar servicios (para el subgénero “investigación periodística de Punto Doc”).
13) Somos un funcionario corrupto o marido infiel y el encargado de hacernos la cámara oculta nos explica que para no pasarla en Tinelli tenemos que darle dinero en metálico (para el subgénero “chantaje ilegal”).
Estando alerta ante estas seÑales podemos llegar a evitar la trampa; sin embargo, la sofisticación de este arte ha crecido mucho; por lo tanto, ante cualquier imprevisto: si explota nuestra tostadora eléctrica; si un automóvil nos choca de costado; si nuestra pareja nos deja una nota de despedida; o si nuestro médico nos da el aviso de una enfernedad terminal, siempre, siempre, sólo por si acaso, y sólo para tener la satisfacción de arruinarles la jodita, miremos al costado, saludemos a cámara y digamos “eh, tineli, cuervo botón, te c***é la cámara”.
Publicado a las 11:21 p.m.
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