¿A QUIéN QUIEREN ENGAÑAR CON la aparente inocencia de los paleontólogos, sus bermudas y sus pincelitos? Este fin de semana, mientras mi hijo jugaba a descubrir huesos en el arenero educativo del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, observé con atención a los clásicos colosos descubiertos en la Patagonia; y descubrí que uno de los esqueletos de Amargasaurus (esa suerte de puercoespín gigante prehistórico, gloria de nuestro patrimonio fósil) estaba montado de manera sumamente irritante.
El animal, escenografiado de tal manera que parece estar inclinado sobre un espejo de agua, tiene su cráneo, sin embargo, torcido hacia el costado. Como mirando al espectador de reojo. Con sorna, digamos. Con una expresión desafiante e insolente, de burla, de suficiencia, por otro lado un poco fuera de lugar para un animal que además de estar muerto está extinto. O tal vez abusando de esa misma condición, que le da cierta impunidad: Digamos que el hecho de estar finado y protegido por su aparatosa exposición en un organismo público lo salva de la reacción más natural en cualquier hombre con sangre en las venas: agarrar un hueso del megaterio vecino y borrarle esa sonrisa petulante a palazos, y seguir arreándola contra el resto de su cuerpo hasta mutarlo de esqueleto a osario.
Para evitar estos posibles incidentes (completamente naturales) solicito a las autoridades del museo que el cráneo sea enderezado, y que el cínico paleontólogo responsable de la gratuita provocación sea severamente sancionado. Quiero aclarar también que no estoy nervioso ni veo cosas raras ni nada que se le parezca.
Miren, el Superman turco que pelea contra un Taunus (enviado por el SeÑor Iván), inventos de famosos y la vida secreta de los automóviles (Creado por The Bug).
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