lunes, 29 de enero de 2007

¡Ley del Talle para aparatitos ya!





¡ERGONOMíA! ¡Oh, noble rama del diseÑo industrial que determina que el asiento de nuestros inodoros esté a la altura de nuestro culo y no de nuestros hombros! ¿Dónde estás? ¿A dónde fuiste? ¿Qué te hemos hecho, nosotros? ¿Por qué nos has abandonado a manos de tus gemelas malvadas, frívolas y anoréxicas: Estética y Miniaturización?


La humanidad no caducará por culpa de la carrera armamentista ni la hecatombe ecológica, sino por el accionar de un ejército de diseÑadores industriales enceguecidos, guiados por una única e injustificada consigna: más PEQUEÑO es mejor.


Producto de un accidental contacto con crema de enjuague, he caído en el pecado de Adquisición de Maquinitas: Una cámara que tiene el tamaÑo de un Pocketeer y un DVD que parece una wafflera, acompaÑado de un control remoto que podría ser confundido con un naipe.


La cámara es muy útil y simpática, pero me aterra salir con un objeto que sale como una luca y que podría deslizárseme por el agujero del bolsillo del pantalón (bueno, reconozco que tiendo a tener agujeros en los bolsillos más importantes de lo normal), y cuya ausencia podría tardar horas en notar. La verdad es que el concepto es perverso: Las máquinas caras deberían ser GRANDES! ¡LLAMATIVAS! ¡PESADAS! No para funcionar como substitutos del pene, sino para evitar que las EXTRAVIEMOS (y si de paso substituyen nuestros penes bienvenidas sean, pero eso es SECUNDARIO).


Mi DVD, gracias a su ligereza feérica, ya se ha caído al piso como tres veces al llevarnos el cable por delante y es un milagro que siga funcionando; el control remoto, además de extraviarse un 67 % más de lo normal, llama la atención por sus minúsculos botoncitos.


¿Qué es esto de llevar el tamaÑo de los botones al límite de lo palpable? ¿Cuál vendría a ser la idea? Yo no la entiendo. Recuerdo esas .Agendas Electrónicas. acompaÑadas por un palito para tocar los botones. Francamente no se puede concebir vuelta de tuerca más RIDíCULA de un instrumento: Un invento imaginado para facilitar las cosas (el botón) es diseÑado de tal modo que necesitamos volver a la época de los escribas en tablas de arcilla para manipularlo (o sea, con un palito). Afortunadamente el palito se está extinguiendo, pero las teclas siguen del mismo tamaÑo o menos.


Se me ocurren tres teorías para explicar el empequeÑecimiento de nuestras maquinitas:


LA TEORíA DE LA INFANTILIZACIóN TECNOLóGICA: Las cosas son más pequeÑas porque se quiere acaparar el mercado infantil. Todo se hace, entonces, pensando en el tamaÑo de los deditos en desarrollo de nuestros párvulos, creyendo en el mito popular de que .hoy por hoy los pibes te aprenden a manejar la computadora a los tres meses.; por supuesto, los licenciados en marketing viven en un burbuja (se ve que son todos DINKS; es más, ellos inventaron esa palabrita!), y no calculan que los niÑos, en algún momento, crecen.


LA TEORíA DE LA OBSOLESCENCIA DE LA OBSOLESCENCIA: Los mercaderes de maquinitas no están conformes con que las máquinas caduquen a los seis meses porque sacan una mejor a mitad de precio; ni con inventar sistemas con juguetitos nuevos incompatibles con maquinitas viejas; ni con sacar productos hechos con las nalgas calculados para romperse a las 24 Hs. de finalizada la garantía; no, saben que una MAYORíA SILENCIOSA de miserables intentará arreglar el objeto roto o vivir en la ignorancia de las prestaciones nuevas o arreglárselas con lo que tienen. ¿La solución? ¡Que nuestras maquinitas se EXTRAVíEN! ¡Entonces a hacerlas imperceptibles, transparentes, sin peso y de tamaÑos cada vez más ridículos!


LA TEORíA DE LA MALDAD LISA Y LLANA: Los diseÑadores industriales .cansados de que los diseÑadores gráficos se lleven a todas las minas .sencillamente quieren acabar con la RAZA HUMANA. Inventan entonces maquinitas cada vez más útiles, más absorbentes, en las que los hombres del maÑana depositarán cada vez más FUNCIONES CEREBRALES, hasta que un día, no podremos ni ir al baÑo sin nuestra .maquinita para funcionar.. Paralelamente, las irán empequeÑeciendo cada vez más, enorgulleciéndose de sus proezas de mini-diseÑo, mientras la humanidad, gracias a estos progresos tecnológicos, se irá alimentando CADA VEZ MEJOR, aumentando su altura y volumen de generación en generación.


Un día, estos dos factores se alejarán tanto el uno del otro, que nuestros descendientes sencillamente no podrán apretar los botoncitos de su .Maquinita para Funcionar.. Como gigantescos y toscos ogros subnormales, como elefantes intentando enhebrar una aguja, descubrirán que sus desproporcionados dedos no consiguen embocar en el botoncito correspondiente para, por ejemplo, llevarse la comida a la boca; se intentará el regreso de los palitos para teclas, pero estos también serán demasiado pequeÑos y sólo podrán utilizarlos los pocos afortunados que se dediquen a tareas como la relojería y la .inscripción de tu nombre en un grano de arroz..


Y lamentablemente, los espíritus libres amantes del tallado de granos de arroz jamás se sentirán atraídos por los FRíOS y CEREBRALES aficionados a la relojería; la reproducción será por lo tanto, imposible, y además deberán enfrentar el problema de la MUERTE EN MASA de los gigantes que .intentando alimentarse, u orinar, o mandar un mensaje de texto -no han logrado apretar sus botoncitos. Viviendo entre cadáveres, la unión sexual de estas dos razas será aún más improbable .teniendo en cuenta lo pcoo motivador que es estar rodeado de cadáveres con los intestinos reventando.


Y será el fin.


Es necesario detener esto. Queremos maquinitas grandes. Llamativas. Pesadas. Queremos que reviva el espíritu de Michael Cadillac o George Ford Falcon y fabrique controles remotos del tamaÑo de raquetas de tenis y cámaras fotográficas grandes como cajas de zapatos. ¡Y basta de botoncitos! ¡Queremos controles que necesiten las dos manos! ¡Queremos palancas! ¿A dónde fueron las palancas? ¿Para qué me quemé las pestaÑas aprendiendo lo de la palanca de primero, segundo y tercer tipo, si no voy a usar una palanca en mi puta vida? ¡Queremos manivelas engrasadas! ¡Malacates ruidosos! ¡Llaves! ¡Pedales! ¡Poleas!


Ah, y si no es mucho pedir, que se les puedan pintar llamas a los costados.


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