Hay tanta gente más inteligente que yo (demasiada) que ha hecho sus reflexiones sobre este 24 de marzo que es un poco inútil que agregue algo. Pero como esta columna no suele preocuparse mucho por la futilidad de sus acciones, actuemos en consecuencia:
1) Una forma de ver el sangriento golpe de Estado del 76 es reparar en que la sociedad no hizo nada para impedirlo. Así que, de alguna manera, poner un feriado en este día es una forma magnífica de recordarlo, ya que siendo feriado nadie VA A HACER NADA.
2) Mi recuerdo del 24 de marzo del 76 es el siguiente: Me desperté solo y me di cuenta, no sin algarabía, que mis padres no me habían levantado para ir a la escuela. Desperté a mi madre para avisarle, – ya que sabía que total era demasiado tarde; se ve que ya conocía instintivamente la estrategia de “quedar bien con Dios y con el Diablo” – y me explicó, somnolienta, que no habìclases porque “los militares se llevaron presa a la Presidenta”. Volví a la cama, feliz de de la vida porque no había clases, y totalmente ajeno a la tragedia (una línea de conducta que mantuve durante el resto de mi vida).
Treinta aÑos después, llegué de mis vacaciones y me sorprendieron con la noticia del feriado; y no pude evitar sentir la misma tenue algarabía de la infancia por la buena noticia. O sea que es como que se CIERRA EL CíRCULO.
La enseÑanza de esta estúpida historia es que la gente ALIENADA reacciona en forma muy parecida a los niÑos en edad escolar.
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