miércoles, 22 de marzo de 2006

.LOS 12 ORIENTALES., Capítulo 11: .El Vuelo del ángel Lubolo.





(Se produce otro ajustado empate entre el Sí y el No, y los 12 orientales deben darle una nueva oportunidad al Winston y al mismo tiempo liquidarlo. La verdad que no sé cómo van a hacer)


Algo inexplicable, algo en mí me decía que debía darle una oportunidad al botija, Otras veces nos había traicionado, pero yo no podía creer que no hubiera una pizca de decencia en su interior, así que le dije: – Adelante, W.W, bo, hacé lo que que te dicte tu corazón.


Demás está decir que el resto de los gurises casi se me amotinan, y me dijeron de todo menos lindo. Pero como buen montevideano me mantuve en mis trece, apuntándolos con mi Fal para que no hicieran un movimiento en falso (tuve incluso que pegarle un tiro en el muslo al Washington, para disciolinarlo). Yo sabía que en el fondo me comprenderían.


-¡Adiós, yoruguas inmundos! ¡Nunca me sentí uruguayo! ¡Yo soy argentino! ¡Argentino como mi padre! ¡No volverán a reirse de mi escaso talento para la murga! . aulló sorpresivamente el repugnante judas, traicionando una vez más mi buena fe (la verdad es que esta vez me agarró de sorpresa), y accionó el Gasómetro, dirigiéndolo hacia el Edificio Libertad, la sede de nuestro Gobierno.


-¡Todo tuyo, Washington! . Un destello, el embriagador vaho de la pólvora, y el traidor cayó al piso, lleno de odio y bilis.


Sin embargo, era tarde: el inmenso armatoste despegó con nosotros adentro, haciéndonos trastabillar – en la caída se me disparó el arma, alojando otro tiro en el otro muslo del Washington.


-¡Estamos perdidos!

-¡No si puedo impedirlo, dijo Wilson Washington Walter.


Nuestro querido negro había sido piloto aéreo, y tomando los controles del monstruoso misil comenzó a desviar su trayectoria. El aparato cruzaba el Río de la Plata a toda velocidad, y ya veíamos a lo lejos el destellar de los edificios del puerto. Pero el negro, haciendo un esfuerzo sobrehumano, comenzó a doblar los controles. El misil empezó a girar sobre sí mismo cuando ya estábamos rozando el Gusano Loco del Parque Rodó… Los músculos de Wilson Washington Walter se inflaban turgentes, a punto de estallar. Un hilillo de sangre empezó a caer por su comisura. ¡De pronto, un tríceps le estalló como una fruta madura y se desplomó en el piso!


¡Pero había triunfado! ¡El Gasómetro volvía hacia la costa argenti, y según nuestros cálculos impactaría justo contra los manifestantes de Gualeguaychú! Moriríamos en el intento, pero, ¿qué mejor muerte que la que es acompaÑada por una victoria militar suprema?


Un golpeteo nos sacó de nuestra euforia; ¡Era Chiquilina, nuestra paloma mensajera, tocando con el piquito el ojo de buey del cohete, que nos traía noticias!


-Malas noticias, botijas! . dije, sombríamente.


El piquete de Gualeguaychú había sido levantado. Milloiones de personas morirían fútilmente, y después de esto los uruguayos ya no podríamos jactarnos de ser macanudos y simpáticos. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?


-Hay sólo una solución, Sargento, bo. . dijo Wilson Washington Walter, incorporándose doloridamente. – Volver a desviar el misil e impactarlo contra nuestro propio país. ¡Esta autoinmolación será reconocida como un acto de nobleza en todo el mundo y los tribunales internacionales se pondrán de nuestro lado!


El negro volvió a tomar los controles, esta vez con un solo brazo. El esfuerzo del botija era conmovedor. Una jungla de venas y arterias infladas se dibujaba en su frente, y se reproducía como una hiedra salvaje a lo largo d de su cobriza piel. El sudor inundaba su rostro y desbordaba por fuera de su ropa. Los ojos estaban a punto de saltarle a punto de las órbitas, y todo parecía perdido: el .Corsódromo. aparecía ante nuestros ojos…


¡Bam! ¡El tríceps de su otro brazo volvió a estallar y nuestro querido Wilson Washington Walter cayó contra el piso de la nave, que a último momento volvió a desviarse hacia nuestro país! Nos abrazamos llorando, pero satisfechos, sabedores de que hacíamos lo correcto.


En eso, Chiquilina apareció de nuevo – no habíamos notado que se había ido – con otro mensaje: ¡Los manifestantes de Colón no querían levantar el piquete! ¡Ahí teníamos un verdadero objetivo militar! Le pedimos a Wilson Washington Walter si le daba para un esfuercito más.


¡Pero entonces, Chiquilina volvió a aparecer! . la verdad que el animalito ya se estaba poniendo medio pesadito . Las noticias que traía eran estremecedoras: Un meteorito se acercaba a toda velocidad a la Tierra.


¿Qué hacer? ¿Qué hacer?


Si deseas estrellar el Gasómetro contra los piqueteros de Colón y agnar la guerra, vota Sí.

Si deseas estrellarlo contra el meteorito y salvar a toda la Humanidad, vota NO.


(Esta historia continuará)


Publicado a las 03:14 p.m.


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