(Por aplastante mayoría, gana el Sí, y los 12 orientales deciden comerse al Winston y resistir el asedio de los “argentis”)
Reunidos alrededor del fogón encendido con el escritorio presidencial, hicimos la digestión después de nuestra primera cena decente desde que comenzó la misión (hoy a la maÑana). El Winston estaba bastante sabroso – aunque el tilingo del W.W. dijo que estaba un poco duro – y brindamos a la salud de su nuritiva ofrenda.
Los botijas estaban rendidos; Wilson Washington, el muchacho un poco raro que si se sacara su eterna gorra y desplegara una larga cabellera nos daríamos cuenta de que es una chica, dormía plácidamente con la cabeza apoyada en el regazo del Winston Winston. Era el momento de estrechar lazos de confraternidad. Era momento de confesiones.
-¿Y vos, Winston Winston, de golpe por qué sos tan locatelli, bo? – le pregunté al loco del grupo con la ruda franqueza de los hombres de acción.
-Todo empezó en las Llamadas EsteÑas de 1992 – comenzó a contar el gurí alucinadamente, como si recordara un lejano horror -. Usted sabe, sargento, que soy de Punta del Este; y que las Llamadas de Punta del Este rivalizaban en esplendor y tradición con las de Montevideo. Precisamente yo contaba con 13 aÑos recién cumplidos cuando me estrené como primer redoblante de mi murga, “Los Chivitos al Plato de Gorlero”. ¡Me huiera visto, sargento, con el pelo bien peinado p’atrás, mi galera de felpa y mi reluciente traje de lentejuelas!
“Nos tocaba abrir el desfile. Brindamos todos con un medio y medio – a los botijas uruguayos se nos permite tomar alcohol una vez al aÑo – y salimnos a marcha camión rumbo a la Mansa, donde se había armado el tablado. Los vecinos nos aplaudían a rabiar. ¡Vea que nuestra agrupación podría haber competido mano a mano con ‘Los Patitos’, Sargento!
“Y en eso… Veo que a los tambores de adelante se los traga la tierra. ¡El Horror, Sargento!
“¡Delante nuestro, la fosa de una inmensa construcción se había abierto traidoramente durante la maÑana! Intentamos detenernos, pero los que venían atrás no entendían lo que pasaba y nos llevaron por delante!
“Yo sobreviví clavando uno de los palitos de mi redoblante contra la pared de tierra de la fosa. Pero el resto de mis compaÑeros – y algunos botijas de la murga de atrás, ‘Los Pizza por Metro de Maldonado’ – cayeron en la fosa, muriendo brutalmente en lo que se conoce como ‘La Masacre de Punta del Este’. Los diarios acallaron esta tragedia, por temor a ahuyentar al turismo. Y el Carnaval fue suspendido para siempre.
“Me encargué de averiguar a quién pertenecía la mansión que se estaba construyendo.; el propietario era el periodista Bernardo Neustadt, que como tantos argentinos de la época se estaba apoderando de Punta del Este… ¡MI Punta del Este!”
-¡Desde entonces odio a todos los “argentis”, Sargento! ¡Desde entonces considero que el único “argenti” bueno es el “argenti” muerto! – sollozó con furia el botija.
-¡Mi padre es argentino, bo! – dijo W.W., el traidor del grupo.
-¡Entonces ya veo por qué sos tan cagador, bo!-gritó el Winston Winston, furioso.
Tuve que interponerme entre los gurises que se estaban por agarrar a trompadas. Les puse diez días de arresto a cada uno, a cumplir a su regreso, y les ordené que descansaran.
A eso de las 3 de la madrugada me despierta el Wilson Washington, que tenía la cara cubierta con una máscara anti-age de leche de pepinos:-¡Mi Sargento, el Winston Winston se fue!
-¿Cómo que se fue? – pregunté confundido mientras picaba un poco de lo que había quedado del Winston para despejarme. – ¿A dónde?
-¿No es obvio, Sargento? ¡Los recuerdos de esta noche le desataron una crisis y quiere terminar esta guerra de un Golpe, lanzando un ataque atómico sobre Buenos Aires!
-¿Un ataque atómico?
Entonces recordé el viejo Gasómetro abandonado, que, como todo el mundo sabe, está lleno de aceleradores de protones: Un misil atómico gigante. Pero, ¿cómo podría hacerlo funcionar? Como si adivinara mis pensamientos, el Wilson Washington me informó: -Tampoco está Washington, nuestro experto en explosivos, Sargento.
¿Qué hacer? ¿Qué hacer?
Si deseas impedir que el Winston Winston lance el Gasómetro sobre Buenos Aires, vota Sí.
So consideras que la suerte está echada y que tal vez sea la mejor manera de ganar la guerra, vota NO.
(Esta historia continuará)
Publicado a las 04:35 p.m.
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