(Por aplastante mayoría, los 12 orientales deciden sacrificarse y salvar a la humanidad del meteoro que se acerca peligrosamente a la Tierra)
La decisión no se hizo esperar: ¡Salvar a la humanidad toda era mucho más importante que ganar esta guerra, esta mezquina guerra, esta guerra donde . ahora lo entendía . no éramos más que títeres de mezquinos intereses económicos! ¡Maldita guerra! ¡Maldito mundo!
Nos abrazamos una vez más, despidiéndonos, mientras Wilson Washington Walter, nuestro piloto, cambiaba una vez más la dirección del gigantesco misil, utilizando la fuerza de sus muslos . ya que sus brazos habían quedado inutilizados.
No fue sino luego de un abrazo de treinta y cinco minutos que me di cuenta de que sólo me estaba abrazando con Wilson Washington – abrazo que por algún motivo me resultaba excesivamente agradable -, ya que nuestro querido negro estaba piloteando el Gasómetro, Washington yacía a unos metros desangrándose debido al tiro accidental que le había encajado, y Winston Winston… ¿Dónde diablos estaba Winston Winston?
Temí lo peor y salí por los pasillos del misil . ustedes no lo saben porque nunca estuvieron en la guerra, pero los misiles tienen pasillos . gritando .¡Winston Winston! ¡Winston Winston! ¡No hagas locuras, bo!.
Hubiera sido un alivio el encontrarlo bajando desde la escotilla sino fuera por un detalle: el loco me apuntaba con su Beretta, con el rostro transfigurado, la mirada perdida, la nariz cruzada por arrugas de odio. Nuestro botija había abandonado definitivamente el mundo de los cuerdos.
-¡No intente nada, Sargento! ¡La suerte está echada!
-Qué hiciste, gurí, qué hiciste…
-¡Lo que el Negro Jefe hubiera hecho de ser un soldado en lugar de el más grande jugador de fútbol de la Historia! ¡Aprovechar el tiempo a favor de nuestra Patria! . me dijo, mientras largaba una espuma marroncita por la boca. -¡Esto que usted llama .salvar a la Humanidad. yo lo llamo .alta traición.! ¡Nuestra misión era ganar la guerra y eso es lo que haremos, aunque reviente todo el planeta!
.Antes de salir, cargué dos cantimploras con el .líiquido de papelera. ese tan jodido; pensé que podía serme útil. Ahora las coloqué estratégicamente en la punta del misil. Obligaré al Negro a volver a la Tierra, apuntando directamente a los manifestantes de Colón. La explosión diseminará por toda la Argentina una mortal lluvia ácida, acabando con los inmundos .argentis. para siempre, bo!.
De pronto, me llegaba otro mensaje de .Chiquilina., nuestra paloma mensajera, como un ángel.
-Las obras de la papelera han sido suspendidas por 90 días… El Comandante Roos nos ordena abandonar la misión…
Los labios del gurí empezaron a temblar.
-Todo terminó, bo… ¿No entendés? Dame esa arma…
Sentí que un roedor de fuego abría una vizcachera a través de mis entraÑas. ¡El gurí me había disparado!
-¡Nooo! ¡Es mentira! ¡Es un plan del Enemigo para burlarse de nosotros! ¡Pero obedecerlo es Traición! ¡Y yo, Winston Winston Canelones, soldado de mi Patria, por el Poder que me ha conferido el espíritu de Artigas y el Bajo Nivel de Analfabetismo de nuestro país, os condeno a muerte por Alta Traición, y caigo como un ángel Exterminador de Lava y Fuego sobre el Enemigo, para aniquilarlo por siempre! . gritó, descargando su arma sobre mí, para luego salir corriendo.
Me arrastré como pude, desangrándome, hasta la cabina del Piloto. El Negro yacía muerto a un lado, lo mismo que Washington, y Winston Winston manejaba el misil. Había conseguido desviar el curso nuevamente hacia la ciudad de Colón. Aún conservaba mi Luger cargada. La extraje de entre mis ropas e intenté apuntarle a la cabeza, pero estaba muy débil. Intenté apretar el gatillo, pero el solo esfuerzo despertó un agudo hilo de dolor que recorrió todos mis músculos. Winston Winston, entonces, me escuchó gemir como una gurisa, y me miró sonriendo.
-Es al cohete, Sargento, ya estamos en el punto de no retorno. Máteme si quiere. ¡La victoria es mía!
-¡Agárrese fuerte, Sargento!
¡Era Wilson Washington, que se había fabricado un par de propulsores aéreos en la espalda con un par de viejas garrafas de gas, remanente de cuando el Gasómetro era efectivamente un reservorio de Gas Natural, y tomándome de la cintura saltaba del monstruoso misil a través de un boquete que había abierto!
Mientras nos propulsábamos a la estratósfera, pudimos observar cómo el Gasómetro se estrellaba contra las termas de Colón. Una décima de segundo más tarde, una explosión enceguecedora teÑía el mundo de un blanco feroz.
Un segundo más tarde, un estruendo sin par hacía latir las venas de nuestros oídos, haciéndonos perder noción de dónde estábamos.
Y diez segundos más tarde, el .líquido de papelera., multiplicado en milliardos de gotas microscópicas se esparcía a toda la superficie terrestre, en forma de la más letal lluvia ácida jamás concebida (aunque se podría describir también como una .nevada mortal.)! Horrorizados, contemoplamos desde el aire cómo toda la humanidad moría entre alaridos de dolor.
Cuando tocamos tierra, no había ser humano vivo sobre la Tierra. Acongojado, le di un coscorrón en la nuca al botija (la viril muestra de cariÑo que se usa entre los soldados). Su eterno birrete cayó al piso y entonces una abundante cabellera negra azabache se desplegó a lo largo del torneado torso del muchacho: ¡Wilson Washington era una gurisa, que había ocultado su identidad para tener la oportunidad de luchar por su país!
Esto explicaba muchas cosas. Nos besamos apasionadamente, un poco para negar la muerte que nos rodeaba, y otro poco para intentar la misión que nos esperaba: reiniciar la raza humana. Una raza humana renovada, buena y macanuda. Una raza humana de huesos fuertes, fabricados a base de chivitos canadienses y postre Chajá. Una raza humana alegre y candombera, unida al ritmo de la .marcha camión.. Una Humanidad que ya no merecería ser llamada .Humanidad., dinastía formada por asesinos, mentirosos y .argentis., sino .Uruguayidad..
Y todo empezó.
FIN
Epílogo: Ah, y lo de la parte del meteorito, justo lo del meteorito que venía hacia la Tierra había sido TODO UN SUEÑO (lo demás no; sólo lo del meteorito), así que no pasó nada. Fin de nuevo.
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