Al final le puse equipo de gas al Taunus.
El auto no se lo tomó bien. No, no se lo tomó bien. Es como si hubiera envejecido diez aÑos de golpe. Literalmente se vino abajo, como suele decirse de algunos seres humanos luego de un golpe de la Fortuna, o de un tratamiento médico violento.
Funcionar, el noble bruto funciona; Arranca; Se pueden hacer cambios; Frena. Me traslada del punto A al punto B. Pero ha perdido, por decirlo así, algo de vivacidad en la mirada, más exactamente la mirada interior, o sea los indicadores que figuran en el tablero y que en cuanto arranco me miran fijo con cierto gesto de reproche. Por poner un ejemplo, para llegar a ochenta kilómetros por hora tengo que estar pisando el pedal durante unos quince minutos. No sé si sobrepasa esa velocidad. No he tenido oportunidad de comprobarlo, porque el trecho de autopista que utilizo para ir a mi trabajo no es lo suficientemente largo. Tal vez si trabajara en CaÑuelas, o San Pedro, o .Dios no lo permita . en Rosario, me enteraría de esta incógnita muy pronto. Por otra parte, como le dije a la larga fila de mecánicos que me desaconsejaron la operación . hasta que encontré uno con unos principios automovilísticos menos firmes .,.no lo quiero para correr picadas..
Pero reconozco que el auto no es el mismo Viejo Tigre de siempre; Parafraseando a Stephen King, hablando de un gato castrado, .ya no camina como un pistolero al acecho. (aunque no sé si eso es .parafasear. o .citar.).
No, no. Yo creo que el auto se siente como si lo estuviera obligando a usar una bolsa de colostomía, o un bastón, o un cinturón de castidad, o, más rigurosamente, uno de esos cinturones para el estómago como el que se pusieron Blanca Curi y Maradona. Un enorme, tubular, pesado y amarillo cinturón para el estómago, de fibra de vidrio, aunque más que en el estómago lo lleva, digamos, en la parte de atrás. Y por adentro. Es un poco delicado. No sé si un ser humano aceptaría ese tratamiento, por muchos kilos de más que soportara.
Ahora, cuando lo paso a nafta parece un coche supersónico. Estoy convencido de que siente, como percibo yo, que de golpe se le ha inyectado un elixir mágico que le otorga la capacidad de volar.
En esos momentos pienso, ¿Qué será mejor? ¿Vivir al máximo de nuestras posibilidades pero nunca superar nuestro propio promedio, o deteriorar ligeramente nuestro status para, de cuando en cuando, elevarnos sobre ella para sentir el placer de despegar? ¿Consumirse lentamente o arder como una llama?
Publicado a las 11:34 p.m.
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