martes, 15 de marzo de 2005

¡PRIMERO LA INYECCIóN NO INYECTABLE, DESPUéS EL TACA-TACA ESCOLAR, Y AHORA EL MUNDO!





Encuadrado en los festejos por el primer aÑo de “Yo contra el Mundo”, no puedo sino hacer un apartado para rememorar los principales logros de mi gestión:


1) Se impulsó la creación de la inyección no inyectable.


2) Se estimuló la aplicación de premios en metálico al educando en lugar del anticuado sistema de calificaciones.


3) Se puso en el espacio exterior al “Petarditus” (bueno, un mérito compartido con la gente que lo diseÑó y lo construyó, pero nuestra participación es innegable)


Una vez comprobado el poder de la prensa, “Yo contra el Mundo” anuncia que dedicará el resto del aÑo a seguir mejorando nuestra calidad de vida, en este caso a través de la Cruzada “Quiero Treinta Días de Vacaciones”.


Quitémonos la máscara; los quince días de vacaciones son una broma. Una semana apenas nos lleva lo que habitualmente se llama “desconectarnos”; Y esto puede comprobarse médicamente: es el tiempo que nos lleva crear los callos necesarios para usar ojotas en forma indolora. Y es en ese momento cuando tenemos que empezar a planificar la vuelta.


No, treinta días es lo mínimo, justo y necesario. Lo más escalofriante, lo que de verdad me aterra y me hace sentir que USTEDES son unos sometidos (mi caso es diferente porque tengo la cabeza ocupada en otros temas), es el hecho de que esto ni siquiera esté en el tapete; que no figure en la plataforma, o aunque más no sea en la serie de promesas a incumplir de ningún partido político. Se da por sentado que estamos todos contentísimos con los miserables quince días, cuando me canso de oír la cantinela de cada compaÑero que vuelve de vacaciones “la verdad, se me pasó rapidísimo”. ¡No se “te pasó”, tarado! ¡Son quince ridículos días!


Lo peor es que de niÑos se nos entrena para pasar tres meses en grande, y al momento de trabajar se espera que nos parezca la cosa más natural del mundo reducirlo a la sexta parte. Lo cierto es que en un momento de nuestra vida nos obligamos a aceptarlo como natural y luego nos extraÑamos de que este sea el país con más psicólogos del mundo.


Esto no es una quimera ni una fantasía delirante; de hecho, en este momento hay gente en otros países leyendo este artículo algo desconcertada, como si leyéramos que alguien clama por la prohibición de la antropofagia, la liberación de nuestras mujeres de la opresión del miriÑaque o un aumento de salario para las vendedoras callejeras de mazamorra. Porque en países más civilizados que el nuestro (aunque no en todos) los treinta días de vacaciones son un derecho tan natural como respirar.


Y no estoy hablando de lugares lejanos y vanguardistas como Suecia o Alemania; Nuestro gigantesco vecino, Brasil, ese país que gracias a una serie de trapisondas cambiarias fue durante mucho tiempo nuestro patio de recreo, también cuenta con treinta días de vacaciones; y tal vez deba a esto su condición de potencia industrial. Claro, uno piensa: “y, lo que pasa es que allá debe estimular mucho el turismo”. No necesito recordarles que desde hace tiempo los únicos meses en que baja nuestro desempleo son los del verano.


Treinta días de vacaciones. No sé a quién hay que pedírselos. No sé si esto parte de una ley o un convenio (Y me da fiaquita ponerme a investigar). Pero empecemos por decirlo en voz alta: Treinta días de vacaciones. Peguemos stickers en los colectivos, llamemos a la radio y digamos “Treinta días de vacaciones” para luego cortar. En una conversación sobre las fruslerías que tratamos habitualmente mechemos la frase “treinta días de vacaciones”. Y dejen esa sonrisita. ¡Estoy hablando en serio por una vez en mi PERRA VIDA!


ESTA es mi cruzada. Hasta la victoria por siempre. No pasarán. Escape a la victoria. Amigos para la aventura.


Y además tiene que ser rápido, porque me voy de vacaciones en dos semanas.


Publicado a las 08:12 a.m.


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