Miércoles 14, 04:40 p.m., La Plata
El trazado urbano de La Plata fue realizado por un arquitecto que desconfiaba un poco de las capacidades de sus habitantes; por ello, optó por el diseÑo más sencillo posible: las líneas rectas cruzadas, o “cuadrillé”. Así, cortadas, curvas, contracurvas, elipses, triángulos, redondeles y parábolas son elementos desconocidos para los platenses a la hora de decirle a un tipo a dónde tiene que ir. El sólo intento de explicarle la estructura del barrio Parque Chas a un platense lo deja sumido en un peligroso trance hipnótico.
Para hacer la cosa aún más simple y fácil, para que nadie se pierda ni tenga que hacer esfuerzos mentales y la gente puediera volver a sus casas diariamente, los encargados de nombrar las rectas resultantes desecharon la idea de nombrarlas con próceres o batallas o ciudades europeas, para ir a lo seguro: números, cruzados con otros números.
Lamentablemente, algo falló, el sistema se cayó o se perdió un expediente. Porque en el trámite, en lugar de utilizar una diferenciación entre calles horizontales y verticales -por ejemplo, pares e impares, números primos y no primos, o números y letras, como cualquier jugador de la Batalla Naval con un mínimo de inteligencia habría hecho- decidieron cruzar unos números con otros números. Por ejemplo, 18 con 42. Obviamente, día a día se multiplican los casos de gente que se aleja más y más de la Plata buscando la calle 42 imaginando que es paralela a la 18. Para resolver este perverso laberinto, entonces, se superpuso al “cuadrillé” unas cuantas “diagonales”, con la idea de que aquel que se extravíe tome una de estas vías. Y le pusieron, por ejemplo “77″, nuevamente ignorando por completo el concepto básico de “criterio”.
Estas diagonales y rectas son interrumpidas periódicamente por plazas (el platense, un ser más cercano a la naturaleza, a la tierra, que el hombre metropolitano del siglo 21, necesita seguir en contacto con sus amigos plantas y pájaros. Y con los omnipresentes puestos de choripanes que constituyen su dieta y que indefectiblemente invaden estos modestos espacios verdes), que debido a la intersección constante de las perversas diagionales, no tienen forma “cuadrada” como una plaza normal, sino octogonal o hexagonal o tal vez pentagonal, por lo que rodearla para seguir por la calle elegida es una tarea enloquecedora.
Aún así, los platenses insisten en que, alguna vez, en un tiempo mítico, La Plata casi casi casi fue elegida como patrimonio arquitectónico de nosequé. Uy uy uy, se c
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