Camaradas varones: Abandonemos nuestros símbolos fálicos. Tiremos por la ventana nuestras pistolas, espadas, rifles, puÑales, espingardas, garrotes, nun-chakus, katanas, sables, bayonetas, lanzas, jabalinas y trabucos naranjeros. También deshagámonos de nuestras guitarras eléctricas de rock star con pantalones de cuero, pinceles de artista alcohólico y temperamental, arcos de violinista austríaco y autoritario con melena canosa, batutas de eminencia de la música, llaves inglesas de mecánico bestial e instintivo y lapiceras de oro para firmar cheques de irresistiblemente repugnate magnate griego.
Hemos vivido engaÑados. El falo, el verdadero falo, aparentemente, no es eso que sobresale, sino lo que nos recubre. La virilidad auténtica, profunda, la filosófica y también la que injerta una profunda impresión en el sexo opuesto, no está hecha de objetos oblongos sino de cáscaras impenetrables. A la hembra de las cavernas primitiva no le atraía tanto el experto en garrotazos que traía trozos de mamut para sus cachorros, sino el escudo humano que ponía su abdomen entre las fauces del Dientes de Sable y sus cachorros; y si las carnes del padre de familia eran lo bastante gruesas como para regenerarse en un par de aÑos, mejor.
AcompáÑenme en el génesis de esta reflexión: Vayan a Parque Rivadavia. Compren unos DVDs (de segunda mano, jamás instaría a nadie a que viole la ley). Cómanse un pancho. Consigan una Tortuga Ninja de MacDonalds de segunda mano para el niÑo. Luego, pasen por la pequeÑa pista de patinaje. Observarán que las patinadoras, en su totalidad, son niÑas.
El patinaje es cosa de mujeres, o de varones homosexuales. Para no ofender el machismo de nadie hay que andar haciendo la aclaración de que existen excepciones, pero esa es la regla general. ¿Por qué? ¿Acaso hay algo femenino per se en el deslizarse a ras del piso? ¿Acaso el arte del skateboard, que es casi lo mismo, no está dominado por varones?
Al patinaje, lo que le falta es la carcaza. La armadura, el escudo protector. Ese otro símbolo fálico sin forma de símbolo fálico (bueno, salvo los autos de fórmula 1), el auto, no es un arma de seducción masculina por su velocidad, ni por su potencia, ni por el status económico que representa (de algún lado sale la fantasía femenina acerca del camionero), sino porque son patines con armadura; cuanta más estructura tiene un vehículo, más masculino es; los patines son para mujeres. El skate es para varones, pero varones jovencitos que no han terminado de desarrollarse (nivel Leonardo di Caprio); la bicicleta es levemente .solo levemente más masculina (nivel Jeff Golblum); luego viene la moto, que está al nivel de un, no sé, de un Dustin Hoffman; por fin llevamos a la carcaza protectora que recubre la totalidad de las rueditas (nivel Al Pacino), luego al camión (nivel De Niro) y, por fin, llegamos al nivel Bruce Willis, a bordo de su tanque de guerra, el vehículo más enmascarado y más masculino del mundo (que incluye una especie de falo, pero no nos engaÑemos; el tanque sirve para andar por ahí sin que te golpeen, no para atacar. Evitemos mencionar al camión hidrante. Es un degenerado.).
No es casual que haya puesto a Bruce Willis en lugar de a, ponele, Stallone. El protagonista de .Duro de Matar. es heroico y varonil, no porque penetre a mucha gente con su cuchillito con accesorios (si no, deberíamos creer que Norman Bates es el ícono masculino por excelencia), sino porque sigue en pie después de ser castigado por balazos, vidriazos, puÑaladas y bombazos: tiene una buena .cáscara..
Sin embargo, vivimos engaÑados por los cantos de la sirena de la .agresividad masculina., los ritos de iniciación a las trompadas en séptimo grado, la idea de que es más macho el que mete más balazos que el que los recibe. Es un lugar común creer que el macho man de verdad .se lanza a la pelea desnudo, sin ningún tipo de protección..
Tonterías: El animal masculino por excelencia es el elefante, protegido del enemigo por una piel gruesa a prueba de dentelladas. O el rinoceronte. O el tatú carreta. El tigre, el agresivo, el asesino tigre, con sus uÑas largas, sus dientes afilados y su animal print, es una especie de Susana Giménez del mundo animal. No es el duro a prueba de gritos, no es Humphrey Bogart recluyéndose melancólicamente en su oficina y curándose las heridas del cuerpo y el corazón con el contenido de una petaca. Hasta la tortuga es más masculina que el tigre.
Si hablamos de super héroes, cuando hablamos de masculinidad pensamos en “la Cosa”, con su epidermis empedrada. Wolverine, con sus garras y su trajecito amarillo, es una especie de travesti. En el mundo vegetal, el,árbol milenario y petrificado se nos antoja mucho más viril que la planta carnívora (sí, ya sé, con este criterio parecería que estar muerto es más masculino que estar vivo; tal vez sea así). Yendo al arte de la Guerra, es más masculino el caballero andante, o el samurai, que el ninja, que se viste de negro para que no vean que tiene panza. Es más masculino estar en una Fortaleza con francotiradores, a lo Scarface, o prisionero en una cárcel de Máxima Seguridad (o un refugio antiatómico) que en la playa, o en un complejo de cabaÑas al aire libre con spa. Es más viril tener un casco de obrero que una boina, y el cowboy es más afeminado que el gaucho, que aunque sea se protegía el brazo con el poncho enrollado. Es más masculino el pan de fonda de ayer que el pan lactal. Y, a pesar de las apariencias, es más varonil el chaleco antibalas que el Fal.
Si quieren, volvamos al patinaje. Ha habido intentos un poco débiles por convertir al patinaje en algo de hombres: el hockey sobre hielo. Para eso, le pusieron un símbolo fálico al patinador: el palo de hockey. Pero no porque el símbolo fálico fuera virilizante, sino porque había un justificativo para recubrirlo con rodilleras hasta el piso, chaleco protector y la máscara esa de Jason que, desde luego, solo por tener la máscara esa, es mucho más masculino que Freddy Kruger, que encima andaba con un sombrero a lo Truman Capote y garras Wolverinescas.
Y no se trata de aguantar golpes a lo masoquista, porque el masoquista los disfruta; no, el hombre masculino odia que lo golpeen. Pero sabe que tiene que salir al ring. Entonces, por las dudas, se pone algo, porque el hombre masculino tampoco es estúpido.
En resumen, si quieren impresionar a sus mujeres, cómprense un tanque, pónganse una armadura, una máscara de jockey, un casco, un chaleco antibalas, y exhíbanse comiendo un pan de fonda de ayer. No falla. Y díganle adiós al spam de viagra & penis enlargement, que van a ver que no hace falta.
El .chuf-chuf. de hoy:
Para ser bien hombrecito
¡No te hace falta el .cosito.!
¡Intríngulis Píngulis! ¡Uh! ¡Uh! ¡Uh!
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