miércoles, 12 de septiembre de 2007

¡Buenas noticias: Los adolescentes de cuarenta aÑos ya tienen su mascotita!





Bueno, tenemos esperanzas.


Cuando un movimiento juvenil logra su caricatura es porque empieza su decadencia. Ocurrió con el .rock & rol., con el movimiento hippie, con el .punk., con el .grunge. y con todos esos movimientos juveniles que fueron fagocitados por el sistema: todos fueron transformados en accesorios de alta costura y/o en personajes infantiles (por ejemplo, los Banana Splits, que eran la derivación muÑecota de los Hell.s Angels).


Parecía que todo eso había terminado porque ya no hay más jóvenes. Bueno, los hay, pero parece que son más reaccionarios y racistas que el abuelo que venerabaa Mussolini, o por lo menos eso leí el otro día en el diario. Por lo que el único movimiento juvenil que queda, si es que lo podemos llamar así, no es un movimiento y de juvenil no tiene nada, pero es el único que representa a una generación: el de los adultescentes rumbo al cuarentonazgo con celulares y camperitas con cierre.


Así como el sistema logró apropiarse de las tachas heavy metal para incorporarlas a carteras para seÑoras, los esfuerzos del Sistema están dirigidos a conquistar a este pobre infeliz. Bueno, no es que tenga que hacer muchos esfuerzos. Tampoco la pavada. El tipo, mientras le den juguetes con lucecitas de colores y musiquitas de dibujos animados, y lo dejen polemizar sobre series de cable, abandona inmediatamente el proyecto de arrojar bombas molotov o incendiar el Congreso. La publicidad lo ensalza y lo retrata en las situaciones más abominables: discutiendo sobre estupideces, navegando por Internet, en la playa, yendo a bailar, en recitales de música de mierda, tomando cerveza con sus amigos charlando de minitas y de fútbol. Nunca agarrando el pico y la pala, carajo. Nunca dando clases en una escuelita rural, o salvando a unos niÑos de un incendio.


Los creativos publicitarios se la pasan haciéndole guiÑos cómplices, locutando sus propagandas con la voz de personajes mediáticos semi-retirados, o pagándoles monedas a conductores infantiles en la ruina que halagarán su nostalgia. Tratan de incluirlo en las cajitas felices ara niÑos y le regalan .ring tones. con la musiquita de .No toca Botón..


Al boludo con celular y saquito con cierre jamás lo verán con saco y corbata o con un corte de pelo como la gente. No, el tipo quiere seguir usando zapatillas y flequillito y la barbita mal afeitada aunque ya esté para su primer examen de próstata. Merecería ser azotado, pero lamentablemente sus mayores ya están decrépitos y sus menores están demasiado ocupados .según lo que leí en la nota- quemando asentamientos de inmigrantes indocumentados, así que el único que queda para hacerlo soy yo. Pero, en fin, tengo las manos atadas.


Pero, como decía, ya tenemos a su mascotita, a la caricatura que, como un espejo deformante, debería avergonzarlo. Ah, y es una caricatura involuntaria, pero no importa.


Se trata de ese muchacho con remera a rayas, camperita, pelito largo y flequillito que protagoniza la última campaÑa de celulares. Los ropajes adolescentes que lleva resaltan su avanzada edad, y el artificial peinado que le han impuesto no hace más que poner en primer plano su incipiente calvicie. Su objetivo en la vida parece ser evitar que lo tomen por alguien de su edad real, y saludar a chicas jovencitas mientras que, como única arma de seducción, les muestra que tiene un celular, como otros tantos millones de personas.


El conjunto es tan estereotipado y grotesco que a partir de su aparición, me pasa algo horrible: juzgo a cada ganso que aparece en la tele .Andy Kustneszoff, con su calva sin asumir y sus pantalones de la Bond Street, sería una epecie de .camperita. de la vida real-, e incluso a mis congéneres cotidianos, según si se acercan o no a este personaje. Cuando veo un conjunto muy parecido, no puedo evitar una especie de repulsión. Ni que hablar cuando yo mismo me he disfrazado de algo parecido.


Peor aún: De pronto, últimamente veo a esos tipos con la camperita y el flequillito en todos lados, con una mezcla de gracia y desazón. .Ah, otro de esos tipos con el flequillito y la camperita.. Me siento un pajuerano en una tierra cosmopolita, maravillado ante la aparición de taxistas con turbante. O como un avistador de pájaros.


No es que confiera al .camperita. el sentido del oprobio o la vergü Probablemente, la mascotita de CTI le pase desapercibida. Le parezca normal. “Qué tiene, si se viste como yo”. Pero con que cinco de mis congéneres vean, tras el flequillito desprolijo confeccionado por un ejército de peluqueros del muchacho .a quien le aclaro que no tengo nada personal contra él- la huella de una noble calvicie que se intenta ocultar lastimeramente, y se decida a abandonar sus hábitos juveniles, borrarse los tatuajes y dejar de ver dibujos animados, para hacer cosas de gente grande (por ejemplo, ir a Salzburgo, visitar a familiares en el hospital o comprarse un ambo), creo que nuestros hijos tienen esperanzas.


Por lo menos, esperanzas de que en nuestro lecho de muerte, nuestras últimas palabras no estarán referidas a un video de youtube que vimos ayer que está buenísimo, el del mono ese que canta como el Paz Martínez.


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