lunes, 21 de mayo de 2007

¡.Expensive Food.: Nueva tendencia para estómagos flacos y bolsillos gordos!





Escribe el Lic. Isaías Baralt

Bon Vivant Extremo

lotomosinsodaporqueasipegamas@ubbi.com


Ramiro Recabarren Morris está de regreso en el país luego de ciertos inconvenientes legales durante su reciente experiencia con la no food, debido a la incomprensión de algún cliente despistado aficionado al tenedor libre, que radicara una denuncia contra el chef por .asalto a mano armada.; es de comprender que para el gran público, pagar por una ausencia total de comida puede parecer poco ético.


Sin embargo, quienes vemos en el arte del buen comer algo más que una función corporal, celebramos la vuelta al ruedo de este verdadero artista y caballero; y nos dirigimos a su nuevo local, Qué rompí, pionero en Buenos Aires de la tendencia que se viene, la expensive food; y que ya tuviera sensacional éxito en los locales que el amigo Recabarren Morris abrió del otro lado del charco, A Mano Armada, Epa epa epa y Eeeeh, ¿qué, es de oro el pastel de papas?


.Es cierto que en la expensive food lo importante no es el sabor, sino el precio., nos dice Recabarren Morris, compartiendo nuestra mesa por un rato, como buen anfitrión. .Pero precisamente teniendo en cuenta que la relación de proporcionalidad .calidad / precio. está muy impregnada en el inconsciente colectivo, trato de que los platos sean lo más nauseabundos posibles, para que el precio a pagar realmente sea alto.. Dicho y hecho, el camarero nos acerca la entrée, consistente en un fiambrín de la semana pasada, que a pesar de su más que dudoso perfume liquidamos en el acto (andábamos con un ataque de ansiedad).


A continuación consultamos el menú .que nos llamó la atención por la notable extensión de su columna derecha .y nos costó decidir entre la Milanesa Aceitosa que sale un montón y los Ñoquis Viejos que te cuestan uno y la mitad del otro; finalmente nos decidimos por el Panaché que fijate, son una montaÑa de verduritas hervidas y te lo cobran como si fuera caviar. Todo regado por un Clarete de la Casa Rebajado que te sale como mil, de bouquet apapandanado y nariz ácida, lo que en buen romance significa que parecía acetto rancio; y que repetimos con gusto (la imposibilidad de traer con nosotros a nuestra protegée Naty, que había sufrido una recaída, nos empujó a cierta necesidad de rebajar la pena con el alcohol).


La velada no tuvo mucha historia y acabamos con nuestras porciones rápidamente y en lúgubre silencio, un poco por la imperiosa necesidad de vivir en toda su intensidad la experencia de la expensive food, que sólo se experimenta ante el abono de la cuenta, y otro poco porque nuestra compaÑía no era otro que el Lic. Bonín, nuestro viejo archienemigo, por cierto un compaÑero de aventuras bastante menos disfrutable que nuestra querida Naty, y que se quejaba todo el tiempo por la comida, por la atención de el local, la .recargada decoración. y especialmente por sentir que lo habíamos obligado a venir con nosotros recurriendo a amenazas contra la seguridad de su esposa e hijos .una verdad a medias, ya que tenemos entendido que el Lic. Bonín no está casado legalmente; y que difícilmente la degenerada condición física del licenciado podría haber elaborado algo tan noble como un hijo -siendo los niÑos que habitan su casa el producto de una búsqueda de compaÑía humana por parte de su pareja.


Mientras dábamos cuenta el Almendrado con Saborizante Artificial Saladito -nuestra porción y la del Licenciado, que parecía haberse declarado en huelga de hambre . reflexionábamos no sin cierto resentimiento que nosotros tampoco estábamos especialmente felices de sentarnos a la mesa observando los ojos biliosos y la traza de narcotraficante venido a menos del Lic. Bonín; que la sputza a perfume barato con que se había rociado no contribuía a generar el ambiente mas apto para el disfrute gastronómico, y que sólo nuestra secreta esperanza de que el hombre de Palermo Chico pagara la cuenta impedía que lo atravesáramos de lado a lado con nuestro sacacorchos pneumático por debajo de la mesa.


Grande por cierto sería mi sorpresa cuando, en un inefable rapto de tacaÑería, el Lic. Bonín, súbitamente las mejillas de color bordeaux y una vena del cuello a punto de estallar, gritara con su aflautada voz de eunuco corrompido que el precio de la cena .que superaba largamente los trescientos mil pesos, siendo cien mil sólo en concepto de cubierto .era excesivo.


En este punto, que podemos calificar como el más bochornoso de nuestra carrera, no nos atrevimos a mirar a los ojos a Recabarren Morris, que buscaba los nuestros ciertamente desconcertado, por sentir que habíamos profanado su recinto con la presencia de un dilettante. Un heresiarca, un aficionado que aún no entendemos cómo no ha sido desenmascarado y continúa al frente de su patético programa de cable. Lo menos vergonzoso debería haber sido encargarnos de la cuenta, pero es cierto también que nuestra condición económica .responsabilidad en aparte del apócrifo testimonio que el Lic. Bonín prestó en el juicio que terminó con la totalidad de mis bienes colocados en fideicomiso por .incapacidad mental. -no nos lo permite.


Por lo cual, ante la pronta presencia de los esbirros de Recabarren Morris, que es un artista, y como todo artista tiene su temperamento y asesinos a sueldo armados, hicimos lo único apropiado en las circunstancias: Cargar con el Lic. Bonín a manera de .escudo humano. e incluso como imensa cachiporra -la apocada humanidad física del conductor de A Comer! permite su manipulación con cierta facilidad .hasta ganar la calle, donde abandonamos al Licenciado arrojándolo contra dos de los sicarios, que supusimos habrían dado cuenta de él con sus puÑales sarracenos.


Un par de tapiales más tarde -nuestro entrenamiento en el parkour urbano, noblesse obligue decirlo, más por necesidad que por esparcimiento, rinde sus frutos .y pudimos encontrarnos a salvo en un taxi rumbo a la Clínica, donde nuestro cancerbero Obdulio ya nos recibió casi con una cierta amargada resignación, y con la buena noticia de que Naty nos esperaba con ansiedad y recuperada luego de un par de sesiones de electroshock.


En resumen, un emprendimiento que dará qué hablar, aunque habrá que corregir cierta conducta amateur en la atención, en especial en el manejo de los puÑales sarracenos: nos enteramos de que el Lic. Bonín sigue vivito y coleando, aunque en coma cuatro. Confiamos en que su pareja .si no esposa legítima .haya recibido las dos docenas de rosas que le enviamos en gesto de buena voluntad, junto con nuestro poema de erotismo sáfico en versos iámbicos. ¡Cheers!


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