Ayer vi la película de “Scooby Doo”, una de esas producciones en que personajes de dibujo animado son encarnadas por actores humanos. Todo muy lindo excepto un detalle (que ya ha sido denunciado a la Comisión para el Mejoramiento del Trabajo Ajeno), respecto del único actor no humano de la película: El propio perro, al que en un afán de realismo descerebrado se le han depilado las cejas.
Para un espectador con un mínimo de cerebro esto es una afrenta; para el amante de los dibujos animados es un desafío al sentido común: Los animales humanizados –o semi humanizados, como en este caso, tienen cejas; son indispensables para la expresión de emociones básicas y desarrollo de la personalidad.
Pero para los damnificados por la genética con un par de cejas imperceptibles y despobladas es una burla cruel, una carcajada diabólica vomitada enfrente de nuestros arcos superciliares semidesnudos y subalimentados.
Dotado de un físico privilegiado y una cabellera abundante y resistente a toda prueba, he sido castigado sin embargo con este notorio “handicap”, como si todo el pelo que tengo la suerte de tener en la cabeza sufriera una contra – compensación en los arrabales de mi zona ocular; el caso es que padezco una PESADILLA en secreto desde hace aÑos, sin encontrar compasión ni la sensación de que alguien se ocupe de mi problema.
El varón adulto con cejas poco pobladas siente que no ha terminado de desarrollarse físicamente; que un niÑo o una mujer podrían sentirse más que satisfechos con sus cejas, pero no él, que debe hacer gala de su hombría ante cada embate de esta sociedad prejuiciosa y cruel, que necesita fulminar con la mirada a cada posible competidos territorial y que, por no contar con el andamiaje adecuado, sólo logra unos cosquilleos virtuales.
El sub-cejado carga con la mirada inquisitiva y desconfiada de los demás, que consideran que sus expresiones faciales no son lo suficientemente espontáneas o claras; debe hacer un esfuerzo mayor que el resto de la humanidad para demostrar enojo, tristeza, malicia o para imitar a James Bond, ya que sus cejas no parecen ser de gran ayuda. Sus ojos parecen bovinos y muertos, simplemente porque no cuentan con un background lo suficientemente expresivo.
He investigado hasta el cansancio si hay alguna solución a este problema: He encontrado que prácticamente cada centímetro del cuerpo humano ha sido abordado por las ciencias de la cosmética y la cirugía, pudiéndose modificar la cabellera, los músculos, la grasa abdominal, los glúteos, el color de los ojos, de la piel, del cabello, suavizar la piel, cortarse las uás, agregar senos, quitar senos, enderezar la nariz, las orejas, los dientes, agregar masilla adentro de la cara para tener más mentón, inflar los labios, ponerse pestaÑas, uÑas, pelo y hasta formas femeninas postizas, ponerse un cinturón en el estómago, depilarse cada pelo del cuerpo y hasta cambiar de raza o de sexo.
Las cejas, sin embargo, han sido olvidadas. La única modificación estudiada para estas nobles canaletas capilares es la depilación, es decir exactamente lo contrario de lo que necesitamos los afectados por este flagelo.
¡Que alguien haga algo, por favor! ¡Quiero un Charles Atlas de las Cejas! ¡Un Casquete Hansen! ¡Estoy hasta dispuesto a intentar un implante o un tratamiento que incluya fricciones con unguentos y frases de autoafirmación dichas en el espejo cada maÑana (“Sí, mis cejas son espesas y pobladas”)! ¡Quiero ver a Tony Little (El rubio ese de la colita que vende cosas para hacer abdominales) friccionándose las manos excitadamente mientras convence a su partenaire de la eficiencia perfecta de su estimulador muscular de pelo céjico, y estoy dispuesto a llamar ya! ¡Llamo ahora! ¡Si sus operadoras están ocupadas, intento otra vez! ¡Llamo ya!!! ¡Ya!!! ¡Ya!!!
Publicado a las 11:21 p.m.
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