¡Temblad, oh, lectores de esta columna! ¡No he venido a traer diversión, paz y comentarios triviales sobre temas insulsos a esta jornada que se abre frente a vosotros! ¡Mi nombre es Podeti, y traigo la Destrucción, la Plaga y la Oscuridad! ¡Por fin conocerán mi furia! ¡Se acabó mi paciencia! ¡Pagarán caro la osadía de corregirme acerca de la letra de “El Fantasma de Canterville” y la Ley de la Oferta y la Demanda! ¡Veréis manifestarse todo el Poder de mi Lado Oscuro y destruiré –pulverizándolo con la fuerza de mi puÑo todopoderoso- el poco optimismo que os queda con este ranking de LAS 21 COSAS MáS DEPRIMENTES DEL MUNDO!:
1) El sonido de un televisor encendido en el departamento del vecino de enfrente a las 4 de la madrugada, acompaÑado por el lúgubre resplandor azulado que se filtra por su ventana.
2) Otro vecino lavando el auto en la tardecita del domingo.
3) Despertarse de una siesta imprevista un domingo a las siete de la tarde, cuando se hizo de noche (y con pulóver).
4) La Panamericana, volviendo a casa de una excursión, un domingo a las siete de la tarde.
5) En realidad, cualquier cosa un domingo a las siete de la tarde.
6) Las mujeres que fingen que les apasiona el fútbol (y hacen comentarios sobre tal o cuál jugador con tono “viejita”. Y conste que tampoco tengo especialmente nada a favor hacia mis congéneres que se dedican a la misma actividad)
7) La Avenida Cabildo. Llegar temprano a un asado y ser obligado a colaborar en algo (tipo poner la mesa, o lavar la lechuga). Y encima comer dos horas más tarde.
9) Que no haya queso rallado.
10) Los canales de Compras. En serio, ni con un ataque mortal de posmodernismo. Déjense de j****r.
11) Que haya empanadas del día anterior y estar obligado a comerlas. Preferentemente frías.
12) Un pancho sin aderezo.
13) Las vidrieras de las casas de ortopedia.
14) Las vidrieras de las casas de pedicuría, esas hermanitas ingenuas de las casas de ortopedia.
15) Las vidrieras de los negocios de barrio de ropa para seÑoras mayores.
16) Los deberes.
17) El inicio de las clases primarias. Ir a comprar el uniforme o el delantal, los útiles, los manuales, todas esas porquerías.
18) La luz de tubo fluorescente. Aunque ahorrás un montón de guita.
19) Asistir al ensayo del grupo de rock de unos amigos. Sentarse en el piso apoyado contra un colchón de gomaespuma aislante del ruido, pensando cuánto falta para huir de allí. Por suerte el ataque constante e intenso a nuestros sentidos –sobre todo el oído y el olfato- no nos permiten caer definitivamente en la amargura.
20) Un partido de pool de la mitad para adelante, cuando la mediocridad de ambos contendientes nos permite deducir que esto va a terminar inexorablemente en un virtual empate y la bola negra, sola, rebotando sin tino de acá para allá, de una punta a la otra, durante cuarenta interminables minutos, hasta que un golpe de suerte defina el match con gran alivio para los dos.
21) Podría seguir toda la noche, pero, adivinen qué, me voy a tirar un rato, no sé que me pasa. No, nada, en serio, no me pasa nada, pero ya se me va a pasar. Chau.
Publicado a las 02:19 a.m.
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