lunes, 1 de junio de 2009

¡Nace un nuevo Club para .Tuercas. empedernidos!





.Capaz que no tiene dirección hidráulica ni aire acondicionado. Puede ser que gaste más nafta que un Scania. Y te acepto que cuando lo ando más de dos cuadras empieza a largar un humo que pierdo el 90 % de la visibilidad. Pero a mi Brixton Daktari .73 no te lo cambio por nada., dice Carlos (42) con la voz quebrada de ternura. Y es que el amor de estos hombres (y algunas mujeres) por los automóviles que los han acompaÑado durante toda su vida es conmovedora o vomitiva, una de dos.


Esto no es el Club del Torino ni el Club del Fitito, ni siquiera el Club del Renault 12, pequeÑos puntos de encuentro para fanáticos de una marca enparticular, que se juntan al costado de la General Paz a compartir experiencias, sacarse fotos y competir quién gasta más dinero en prolongar innecesariamente la vida de sus vehículos; estos clubes están formados por gente interesada en la mecánica o aunque más no sea en la apariencia de sus autos, y sería un deshonor tenerlos en las condiciones del Brixton Daktari de Carlos. En cambio, los miembros del Club del Auto Hecho Mierda no se detienen en frivolidades como la chapa, la pintura o la presencia del carburador. Lo suyo es Amor incondicional, sin límites, sin cálculos y sin resultados prácticos.


.Mi Charleston Combo por poco me mata a mí y a mi familia unas dos docenas de veces. Es que los frenos no andan y ya varios mecánicos me explicaron que por un tema de repuestos no se pueden arreglar. Pero yo no lo cambio ni loco., dice Gerardo (65), apoyado por su acompaÑante terapéutico. éste aclara: .El afecto que Don Gerardo le tiene a su coche me pudo. Cuando entré a laburar con él la idea era que lo ayude a controlar su obsesión, pero ahora que su familia no se quiere subir más al auto y que incluso lo ha abandonado, ¿qué querés? Yo me subo con él y salimos a correr picadas.. ¿Y en el Psiquiátrico qué dicen? .No sé, hace dos meses que no llamo allá..


Con sede en el interior del Cementerio de Autos Municipal, en un rincón adonde los miembros de esta alegre cofradía han acampado y se turnan para hacer guardias, el Club del Auto Hecho Mierda recibe cada día más y más miembros, no siempre voluntarios, como es el caso de El Rafa (54 o 77, no está muy claro): .Yo había hecho de este viejo Giacometti Muxtington abandonado mi propio hogar. Tenía todas mis cosas, mis bolsas, mi colección de rollos de hilo y mi perro Garufa. Pero un día me desperté acá, se ve que me trajo una grúa del Gobierno sin darse cuenta que estaba yo. Ahora no me puedo ir de acá porque los muchachos del Club me dan cuidado, alimento y mucha, pero mucha contención., dice con voz emocionada el viejo linyera, mientras nos pasa disimuladamente un papelito que dice .¡Sacame de acá!.. No muy diferente es la historia de Raquel (37), dueÑa de un Lousteau 8 del aÑo 82 al que le faltan el techo y las cuatro puertas: .Yo no tenía la menor intención de hacerme socia, pero vine a buscar mi auto y no lo pude arrancar. Así que me pareció lógico ser parte..


No todo el mundo comparte el entusiasmo del Club del Auto Hecho Mierda: .Es una vergü no nos dejan hacer nuestro trabajo, se nos acumula el hierro viejo. dice conmovido Germán (52), encargado de reducir los coches retirados de circulación a bloques de chapa de medio metro cuadrado. .Los quisimos sacar con la policía o meterlos en la desguazadora pero el Gobierno Nacional no nos deja, para sabotear la gestión de Mauricio Macri. Incluso les han mandado un .gordo. de Moyano para que los proteja, justo ayer el tipo de peleó cuerpo a cuerpo con una grúa compactadora. Ganó el .gordo.. Una vergü, dice Germán, embargado por la emoción. A su lado, .Pelusa. (el .gordo. en cuestión) levanta el pulgar, triunfante.


Nada de esto le importa a los miembros del Club. .Con mi auto recorrí el país de punta a punta, de Zárate a Lanús. Eso no lo podés hacer con uno de estos autitos nuevos de ahora. ¿Cómo lo voy a cambiar?., dice Eduardo (44). .Es cierto que ya no le anda el burro de arranque, pero yo le encontré la vuelta para hacerlo andar igual, con ayuda de una pico de loro, unos parches de telgopor en forma de mariposa y mucha paciencia. Y no tiene vidrios, ni ruedas ni carrocería ni nada. Es más, no estoy muy seguro de que sea un auto (le da unas afectuosas palmadas a un objeto de tamaÑo mediano, amorfo, de difícil descripción). Pero a mi Flawd Tuáreg .81 no te lo cambio ni aunque me ofrezcan diez Ferraris, más cinco millones de dólares y un harén de clones de Eva Mendes y la Presidencia del mundo, y eso que tengo unas ideas bastante buenas. Para lo de la Presidencia del mundo..


Nos despedimos, en parte porque la Municipalidad ha enviado un contingente de grúas compactadoras y vienen para acá y en parte porque Don Gerardo y su acompaÑante terapéutico están dando vueltas a 190 km/h sin frenos por el predio; y nos despiden los miembros del club tocando sus bocinas, que suenan como un heterogéneo coro: algunas desafinadas, otras moribundas y otras no suenan, haciendo funcionar en cambio el guiÑo, el limpiaparabrisas o la boba de nafta debido a fallas eléctricas.


Ya a varias cuadras de allí, se escucha el sonido épico de la lucha compactadoras-.Pelusa. y al Rafa gritando conmovido .¡Sacame de acáaaa!.


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