miércoles, 10 de junio de 2009

¡Troy Llamas: Undercover Troll!





.Y hay quien cree que soy un nerd., rió socarronamente Troy Llamas para sí, mientras caía desde una altura de siete metros desde el ventanuco del edificio hasta el patio trasero de un piojoso cyber céntrico. Tras el impacto contra el suelo, chequeó rápidamente lo largo y ancho de su cuerpo y sólo detectó un par de futuros moretones. Su largo entrenamiento shao lin, que incluía doce modos de caer al piso sin daÑarse aún rendía algunos frutos.


Mientras forcejeaba para introducirse en la minúscula ventana del baÑo del cyber, Troy maldecía su imponente cuerpazo, más adecuado para aplastarle la cabeza a su contrincante en un callejón oscuro que para atravesar ventanas de baÑos. Desde luego, no le había reprochado nada a lo largo de esa maÑana, donde sus cualidades físicas le habían servido de ventaja.


Pensar que hacía no más de unos minutos se encontraba en un cómodo cibercafé de la avenida Santa Fe, Buenos Aires. Hasta ahora su misión transcurría sin grandes tropiezos ni novedades. Consistía en combatir a través de incisivos comentarios la idea de que Don Gato era mejor que Scooby Doo, un concepto sostenido .con sospechosa insistencia- por el autor de un conocido blog colombiano. Desde luego que a Troy Llamas, uno de los .trolls. de internet más peligrosos y eficientes del planeta, no le faltaban herramientas para lograr su cometido. Dominaba a la perfección las sórdidas artes de la polémica vía Internet, que incluían la argumentacón dura, la ironía, el sarcasmo, la inclusión de datos de fuentes rigurosas o dudosas .cuando no inventadas-, el linkeo a páginas extensas y llenas de aridez, el retruécano, la cita literaria, el sofisma, la lógica simbólica, el versito, el insulto liso y llano, el acoso virtual, la simulación de sentimientos heridos, la lisonja al resto de los comentaristas, la calumnia infundada, la denuncia policial anónima y, cuando eso no funcionaba, la multiplicación de identidades falsas. Por lo que se hallaba ahora firmando como .Elsa Pallo., desde una computadora vecina a la que estaba utilizando hasta hace unos minutos.


Tampoco le faltaba información; si bien su temprano enrolamiento en el ejército británico .del que desertaría a los 21 aÑos luego de decidir que la obediencia era para los tontos- lo había apartado de los placeres de un chico normal como ver dibujitos animados, sus clientes (un pool económico que acababa de adquirir los derechos internacionales de la franquicia Scooby Doo) le habían proporcionado un grueso archivo con todo lo que necesitaba saber: fechas de producción, sinopsis argumentales, autores, influencia en la cultura occidental y trivia diversa sobre .Don Gato. y .Scooby Doo.. Estos comnocmientos, fotografiados hasta el detalle por su prodigiosa memoria, más su entrenamiento para inventar datos, lo convertían en una verdadera Máquina de Discutir.


Troy sonrió ante la serie de argumentaciones a su parecer inexpugnables, pero escritas con el estilo ingenuo y algo chapurreado de una adolescente de 14 aÑos que seguramente enternecerían al resto de los lectores, y apretó .publicar.. Tenía ganas de encender un Marlboro para festejar lo que parecía su golpe de gracia, pero ya había advertido el antipático letrero de .Prohibido Fumar.. Entonces, intentando tapar un vicio con otro pidió una medida de Martini .Rosso..


Mientras esperaba la respuesta .en realidad esperaba una carta de rendición- en la pantalla, se adelantó a planificar mentalmente a qué hora llamaría a sus clientes para que le depositen el dinero. Sin embargo, perdió algunos segundos en deleitarse en la voz sexy de la asistente con la que se había comunicado hasta ahora .y en imaginar cómo sería físicamente, qué tan turgentes serían sus labios, cuántos centímetros sobresaldría su pecho debajo de su blusa- e incluso pensó en alguna línea de seducción. Seguramente esto le traería problemas, pero ¿alguna vez los había evitado?


Con algo de impaciencia, Troy apretó .refresh. en la barra del explorador para ver alguna respuesta. Su sonrisa desapareció al leer la respuesta del moderador del blog: .Escuchame, sapato, todo bien con que .Don Gato. es una copia del .Sargento Bilko., ¿pero por qué Elsa Pallo y El Marques de la Utopía tienen el mismo IP? ¿Te crees que soy idiota???.


.¡Soy un imbécil!., gruÑó Troy. Había jurado que las computadoras de un cyber como aquel contarían con IPs diferentes. La credibilidad que había construido en este blog desde hacía semanas estaba en peligro de derrumbarse. Sólo le quedaba una opción: correr hasta otro cyber y volver a comentar con su anterior nick. Si lograba hacerlo antes de cinco minutos, el moderador debería concederle el beneficio de la duda.


Troy dejó un billete de diez en el mostrador para evitar discusiones y se lanzó por la puerta. Creía haber visto un pequeÑo locutorio a dos cuadras de allí. Fue componiendo mentalmente el comentario .disimulador. mientras corría a velocidad media, como para llegar a tiempo pero sin despertar reacciones indeseables en los peatones o la policía.


No notó la motocicleta que arrancó simultáneamente a él hasta que, casi subiéndose a la vereda, lo volteó al piso y luego siguipo de largo. Rojo de ira, Troy se incorporó rápidamente pero ya había perdido varios metros de ventaja. .Luego lo buscarás y lo matarás, luego., dijo para sí mientras doblaba hacia el cyber, un pequeÑo .kiosco. que contaba con algunos teléfonos y cuatro PCs. Tres de ellas estaban ocupadas, y la cuarta. Troy sintió que su mandíbula se desencajaba al ver que el motociclista, sin siquiera quitarse el casco que le cubría la cabeza por completo, se sentaba en la computadora libre.


Troy desechó inmediatamente el .¿Qué diablos pasa aquí?. que se formaba en su mente. Debía concentrarse al máximo y revisar su mapa mental de la zona. Sobre M.T. de Alvear, la calle paralela a Santa Fe había otro Cyber. ¡Sólo tenía tres minutos!


Mientras corría volvió a ver al motoclcista que lo adelantaba. ¿Acaso le leía el pensamiento? No, pensó Troy con más frialdad. Tal vez trabaje para el pool de .Don Gato.; un colega que también conoce los locales de la zona, que está intentando sabotearme. Súbitamente inspirado, entró en el edificio a mitad de cuadra: Si su mapa mental funcionaba bien, el interior del edificio daba al patio internodel cyber. La única forma de acortar camino.


Era uno de esos viejos edificios de oficinas, con un portero no muy proactivo en la Planta Baja, que no dio importancia alguna a la violenta entrada de Troy. Sin dar coartada alguna (aunque no hacía falta), subió por las escaleras hasta el primer piso, pero no tuvo suerte: las ventanas daban al interior, pero se trataba de paneles de vidrio fijo, de varios centímetros de espesor. Troy maldijo por centésima vez desde su error y se lanzó escaleras arriba. .Bingo., pensó con excitación. Uno de los paneles estaba roto, producto de una antigua granizada. Sin pensar en los trozos de vidrio restantes que lo herían en los costados, Troy Llamas atravesó el orificio, confirmó sus sospechas y se lanzó.


Poco después estaba en el baÑo del cyber y entró en el salón. Un típico cyber de una típica ciudad latinoamericana, habitado por jóvenes granujientos jugando al Unreal, muchachas con el corazón roto contando sus cuitas vía chat y algunos oficinistas de aspecto sórdido, y ni rastros del motociclista. Troy saludó con un gesto recio al dependiente y se metió en una de las cabina privadas.


En su primera infancia Troy había sido educado por su madre .una joven peruana que lo engendró junto a un trotamundos inglés- en la higiene más estricta, por lo que estos recintos aislados y sus usos poco convencionales le daban un poco de asco. Pero necesitaba tranquilidad y concentración para minimizar los daÑos de su metida de pata. Entró rápidamente y luego de leer un par de comentarios que ironizaban sobre la identidad del .Marqués de la Utopía., controló la hora. Aún tenía cuarenta y dos segundos para que se cerrara su .Ventana de Credibilidad.. Rápidamente escribió su descargo, fingiendo indignación y sentimientos heridos por la desconfianza que le tenían, firmó .El Marqués de la Utopía. y pulsó .publicar.. Decidió que se quedaría toda la tarde allí si era necesario, pero recompondría su prestigio y ganaría la discusión. Después de todo sólo le faltaba desmitificar el supuesto rol .anti-sistema. de Don Gato, apelando a varios capítulos donde el felino formaba una alianza con Matute, para darle el tiro de gracia a sus contrincantes. ¡Estaba a un paso, maldita sea!


Ley anti-tabaco o no, Troy encendió un Marlboro y que lo vinieran a buscar si hacía falta (dado su metro noventa y su contextura atlética no creía que esto fuera muy factible). Sentía que se lo había ganado. Se perdió en las ensoÑaciones del tabaco por unos minutos y decidió volver a la carga, pero entonces vio algo para lo que no estaba preparado: ¡debajo del escritorio, una mano desconocida había sobresalido y estaba bailando sobre el teclado para escribir un comentario aparentemente a su favor, firmarlo con otro nick y luego apretar .publicar.!


Troy tomó la mano y comenzó a doblarle la muÑeca antes de que el comentario se publicara, pero ésta se resisitió. El índice se acercaba con toda su fuerza al botón izquierdo del mouse, y Troy debió apelar a sus dos manos para sofrenarlo. Parecía tener una fuerza sobrehumana. El forcejeo se extendió durante unos diez minutos, hasta que el británico tomó el teclado y lo estampó contra el dorso de la mano.


-¡Basta de juegos!- rugió Troy, extrayendo de abajo del escritorio a su contrincante. Se trataba, como los sospechaba, del motociclista, enfundado en un ajustado traje de cuero. Luego de observarlo atentamente, Troy sorió y le quitó el casco. Una larga cabellera dorada se extendió delante suyo.


-¿Qué es esto, muÑeca? ¿Fanática de los dibujitos a tu edad?

-Agente Especial Morel, Patricia Morel, del SSBI (Servicio Secreto Británico de Internet)- dijo la motociclista con voz sexy. Su acento le recordó a Troy a las relajadas habitantes de las Hébridas- Siento inteferir en tu trabajo, Llamas. Pero estabas a punto de cometer un grave error.

-Sé equivocarme solo, nena.

-No podemos confiar en eso. Tus clientes no son quienes tú crees. El .Pool de Scooby Doo. que te contrató encubre una siniestra organización terrorista. Todos los links que te proporcionaron como argumentos a favor de Scooby Doo y que fuiste posteando en tus comentarios, son en realidad páginas encriptadas que revelan fragmentariamente las instrucciones para la fabricación de un nuevo tipo de bomba neutrónica casera. Aquellos que sigan atentamente tu discusión accederán a estas páginas y las construirán, para ver que pasa. Luego, sin saber qué hacer con ella, la venderán en eBay o MercadoLibre. Allí es donde la organización intervendrá para adquirirlas, pero sin dejar rastros de su construcción.


Así que me habían tomado por un primo, pensó Troy. No le gustaba sentirse un peón. La última vez que había permitido que eso ocurriera. Prefirió reprimir el recuerdo. Pero tampoco le gustaba atenerse a la palabra de un agente de la Corona Británica así que miró a Patricia, desafiante:


-¿Y por qué me tiene que importar eso a mí? ¿Tus jefes son más inocentes, nena?


Patricia recibió el golpe y le sostuvo la mirada. Ambos se miraron, con ojos llameantes, durante varios minutos, esperando que el otro cediera un ápice. Entonces Troy la tomó de la cintura y le estampó un recio beso. Patricia intentó librarse con un sarcasmo, jugando con su hombría.


-Más despacio, .nerrrrrd..


Entre furioso y divertido, Troy la arrojó al piso. Patricia bajó el cierre de su mameluco y ambos se dejaron llevar.


El empleado del cyber escuchó algo raro y estuvo a punto de tocar la puerta, pero luego recordó las reglas de privacidad sobre los cubículos privados (y el degradante espectáculo que observó la última vez que abrió la puerta de uno de ellos sin golpear), así que prefirió escudarse en su mp3.


Dos horas más tarde, Patricia miraba a Troy con adoración.


-Oh, Troy. Jamás creí que un simple comentarista podría hacerlo así.

-Tenemos mucha energía contenida, nena.

-Troy, estoy harta. Harta de recibir órdenes de los burócratas del Almirantazgo, de las miradas lúbricas de grasientos .lords.. Huyamos. Escapemos a alguna isla perdida en el Caribe.

-Lo que tú digas, muÑeca- dijo Troy, sorprendiéndose a sí mismo. él también estaba harto, o tal vez simplemente enamorado. Entonces sintió la explosión.


Momentos después, extraía el cuerpo de Patricia de entre los escombros. Sin siquiera fijarse en su propio rostro, completamente desfigurado, Troy apretó el cuerpo de la joven agente contra el suyo. Hacía tiempo que no sentía la desagradable sensación de las lágrimas emergiendo desde el fondo de sus ojos.


¿Quién era el responsable? ¿El Servicio Secreto? ¿El Pool de Scooby Doo? ¿Tal vez el autor del weblog?


Eso no importaba. Se habían metido con su novia. Se habían metido con él. Ahora trabajaría para sí mismo. La venganza estaba por comenzar.


Muy pronto, los blogs de todo el mundo recibirían los comentarios más insultantes del mundo. Muy pronto, alguien se enteraría de qué estaba hecho Troy Llamas, troll.


(Continuará, o no, depende)


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