El carameluchi de la felicidad: Sin lugar a dudas uno de los mejores slogans políticos de la Historia es el del pintoresco (por decir algo) Juez Cruciani: .Yo, soy usted.. Es tan bueno que el hombre lo ha reciclado de la campaÑa política anterior, aunque con alguna diferencia de puntuación: la versión anterior rezaba .Yo. Soy usted.. Desconcierta un poco el por qué de este cambio sutil (e incluso con el Sr. Pablo E. Fayó, el dibujante cantor, hemos discutido durante horas acerca de cuál era mejor, ganando por una nariz la versión con puntos suspensivos, que crea un poco de intriga).
Decía el bloguero Borderline Carlito (hace un par de aÑos, en una extraÑa reunión en lo del Sr. Bob Chow) que el slogan plantea todo un dilema de identidad. El transeúnte, al ver el afiche, no puede sino preguntarse con desesperación .pero entonces. ¿Yo quién soy? Aaaaaaaaaaahhhh.. Más allá de estos dilemas filosóficos, uno de mis nuevos pasatiemposes repetir en voz alta la frase .Yo, soy usted., en sus diferentes versiones (con coma y con putntos suspensivos). Las hago una atrás de la otra, comparándolas. A veces las hago con una voz tipo Verdaguer, otras con un estilo Más Juan Carlos Mesa. Lo hago cuando voy en el auto, cuando estoy en el baÑo, cuando me despierto y cuando me estoy por ir a dormir, y lanzo una risita estúpida e involuntaria luego de repetir la frase cuatro o cinco veces. Recomiendo a todo el lectorazgo hacer el ejercicio para horas de diversión autosuficiente y gratuita. ¡Bien!
El dardo emponzoÑado con el curare de la desdicha: Desde hace unos meses he tomado, ignoro por qué, la desagradable costumbre de apretar algnos botones, el del ascensor ponele, con el dedo mayor. Me parece una cosa terriblemente obscena y agresiva .es como si le hiciera .Fuck you. al mundo-, temo que alguna vez alguien me vea hacerlo y me lo seÑale y me haga sentir avergonzado. No sé cuál es la causa de esta nueva modalidad física, no es que me duela el dedo índice ni que esté usando mucho el dedo mayor para otras cosas, pero el caso es que no puedo dejar de hacerlo; ni siquiera sé si quiero dejar de hacerlo, mientras siga siendo un pequeÑo y sucio secreto entre los botones y yo. ¡Mal!
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