martes, 16 de junio de 2009

¡Lanzan nuevo género literario: la Novela Hipotética con Problemas Técnicos!





(Fragmento de una novela hipotética con el problema técnico de que el autor se queda atrancado en una descripción)


CAP XXIX: En el Ojo del Huracán


Loomis se restregó los ojos. No podía recordar en qué momento se había desvanecido. Pero la pesadez en la cabeza y la sequedad en la lengua le indicaban a las claras que había sido narcotizado.


Miró a su alrededor. Se encontraba en una amplia oficina, de unos cuatro metros de ancho por seis de fondo. La decoración era masculina y sobria, aunque con calculados detalles de opulencia. El piso estaba cubierto por una moquette color crudo que se encontraba en un estado inmaculado, por lo que Loomis decidió que habría sido cambiada hace poco. A su derecha se encontraba una biblioteca de madera oscura, probablemente roble, de seis estantes cargados de libros de todas formas, colores y tamaÑos (Loomis distinguió una antigua colección de temas médicos que siempre le había llamado la atención cuando visitaba a su abuelo en Boston) y que llegaba hasta treinta centímentros del techo. Frente a él, un enorme ventanal desde donde se veía el puerto de Liverpool y un tormentoso cielo gris plomizo servía de marco a un lujoso escritorio de madera negra y lustrosa. El mueble mediría, según calculó Loomis a ojo, un metro y medio de ancho por sesenta centímentros de fondo y sobre él se encontraba el plasma de una computadora, una pila de carpetas de tapas de acetato transparente de unos quince centímetros de alto, una estatuilla no figurativa de acrílico y un organizador de oficina de moderno diseÑo de plástico color borravino, en el cual se destacaban algunos detalles dorados.


Entonces se abrió la puerta, una puerta de unos dos metros de alto color blanco huevo de redondo picaporte plateado, y entró Svör.


Era la primera vez que Loomis le veía. Su archienemigo era un hombre menudo, de aproximadamente un metro sesenta y cinco de alto, tez pálida y cabellera rala. Su rostro, de forma ovoide y suave, de donde apenas sobresalía una naricilla respingona de cerdito y unos ojos rasgados color café, hacía pensar en un niÑo envejecido y perverso. El regordete cuerpo de Svör, de aproximadamente unos sesenta centímentros de ancho, estaba enfundado en un traje de tweed color gris topo hecho a medida e impecablemente planchado. Llevaba una camisa de seda natural negra y una corbata tornasolada (de unos siete centímentros de ancho). Y en su mano izquierda, arrastraba a Eve.


Loomis sintió que la sangre le subía a la cabeza: la furia podía ser un extraordinario reconstituyente. Ver a Eve prisionera de Svör, con su tez morena, su metro setenta y cinco de alto, sus senos de 90 cm. de circunferencia y su pelo ensortijado color canela, sus pómulos altos y sus ojos almendrados color negro y sus labios llenos y aniÑados color coral, vestida con una remera negra sin mangas que decía .Hard Candy. y un pantalón azul marino y sandalias color marfil de taco chino de 7 cm. (Eve, no Svör. Svör llevaba un traje de tweed color gris topo y zapatos marrones de punta cuadrada) disipó de golpe su sopor.


-¡Déjela!- Dijo Loomis con voz firme, transmitiéndole a su enemigo que estaba dispuesto a todo, mientras se alejaba un par de pasos del sillón de cuero natural rojo de dos metros de ancho donde había despertado.

-Como quiera, Loomis -Dijo Svör con un susurro perverso, mientras daba tres zancadas y arrojaba a Eve a através del ventanal de tres metros de alto tras el escritorio de reluciente madera oscura. El escritorio, que tenía un metro y medio de ancho y unos sesenta centímetros de fondo, contaba en su parte inferior con unas curiosas patitas cónicas de unos seis centímetros de radio, me había olvidado de aclarar esto. Me parece que es importante. Y no tenía sesenta centímetros de fondo sino unos cincuenta y cinco centímentros. Loomis, el morrudo y caucásico Loomis que medía un metro ochenta y dos de alto y estaba ataviado con un traje de algodón color chocolate y una camisa de algodón blanca, se había equivocado en su apreciación original.


El escritorio, además, estaba colocado a unos cincuenta y cinco centímentros del amplio ventanal desde donde se veía el cielo gris plomizo, que ahora presentaba algunos oasis desde donde se veía el cielo celeste, y la trepidante actividad del puerto de Liverpool, que medía unos cinco kilómetros de ancho. Pará, ahora que veo bien el escritorio tampoco tenía un metro y medio de ancho, este Loomis es un desastre. Un metro cuarenta, diría yo, como muuuucho un metro cuarenta y cinco.


¡Ah! Loomis, cierto. Loomis, fuera de sí, voló sobre el escritorio .un metro cuarenta, un metro cuarenta de acá a la China- y derribó violentamente a Svör, arrojando al piso la pila de carpetas de tapas de acetato transparente, bueno, exactamente transparente no. Son ese tipo de tapas de acetato que tienen como un ahumadito, como que queda oscurito. Calculo que le ponen (con una máquina) un 5 % de negro y queda así. El espesor de las tapas era de ½ milímetro y ahí sí, la pila era casi de quince cm. como había calculado Loomis, aunque ahora estaban desparramadas en el piso a un promedio de diez centímentros una de la otra, ocupando un radio de unos 90 centímento, milímentros más, milímetros menos. El escritorio, por otro lado, era de madera oscura y reluciente y medía un metro cuarenta de ancho.


Sí, sí, Loomis. Cierto. Loomis estaba fuera de sí. Tenía entre sus dedos la garganta de ese hombre que odiaba y que había destruido lo único que le importaba en la vida, y sólo podía pensar en matarlo; sólo una presión más y Svör, el todopoderoso Svör sería historia.


Pero el tema del escritorio, una cosa, un metro cuarenta me parece mucho, así a simple vista, yo le doy un metro treinta y cinco. Acá tengo una regla. Mirá vos, era verdad, metro cuarenta. A veces te engaÑa la vista. En cambio sí le pegué con lo de los 55 cm. de fondo. Y del escritorio a la ventana había 57, bueeeeno. Igual anduve cerquita. ¿A ver las patitas? Ta bien, las patitas cónicas estaban bien también, seis cm. de radio. Lo que sí ahora que el cielo gris plomizo se abrió un poco y se ven algunos oasis azul celeste, con la luz que le pega ahora, se ve que la madera no es tan tan oscura, es un marrón roble parecido al de la biblioteca de seis estantes que llegaba hasta treinta cm. del techo. Tampoco treinta, yo creo que llega a cuarenta. La cosa es que el escritorio, del otro lado tiene tres cajones puestos en fila, de estilo minimalista, con manijas del mismo color de la madera y 20 cm. de alto.


Loomis apretó y pará, pará. La altura, cómo me vengo a olvidar de la altura del escritorio. Es como describir un tipo y olvidarse de la cabeza (de paso, ya lo habíamos descripto en el cap. II pero por si, la cabeza de Loomis era rectangular, de frente amplia y noble, cabellos castaÑos, poseía una nariz recta con una ligera irregularidad en la parte media debido a un accidente de esquí, y una mirada penetrante no exenta de cinismo). El escritorio tenía unos setenta cm. de altura. Y de fondo cincuenta y cinco y un metro cuarenta de alto. El color del escritorio era marrón oscuro y sobre la superficie de vetas irregulares, que de cuando en cuando presentaban algunas líneas más claras de medio cm., que llegaban a una gama color ciprés y estaba a cincuenta y cinco cm. del ventanal (donde ahora Svör le clavaba no sé qué cosa a Loomis) y a, a ver, pará, unos.cuaaatro metros con novennnta de la otroa punta de la habitación, ¿no? Pará. A ver si está bien el cálculo de Loomis. Desde ya te digo que esto no tiene cuatro de ancho ni a palos. Tres cincuenta puede ser. Pará, a ver. Voy a tardar un rato porque tengo que medir con una regla, una regla acrílica marca Pizzini de cuarenta centímetros de largo por cinco centímetros de alto (esto a ojo, o sea necesitaría otra regla para medir el alto con exactitud. Ya la estoy pidiendo) de color verde agua transparente. Los numeritos de la regla son de color negro y parecen estar hechos con una tipografía Arial cuerpo 12, por otro lado el espesor de la regla, que también es importante, calculo así a ojo que es de unos 2 mm en la parte más anchita y de ½ mm en la parte donde la regla se bisela, la parte esa que sirve para subrayar. Entre mm y mm de los que están marcados en la regla hay 1 mm de ancho, y la rayita que marca los mm mide 1 cm de largo (a ojo). Estas rayitas son rectas, de color negro, y miden de ancho un décimo de milímetro, aunque algunas están un poco despintadas y puede que en algunas partes se vean más delgadas. Intentaré describirlas con mayor precisión. La primera de ellas, es decir la que marca el inicio del primer milímetro que va del 0 al centímentro 1, se angosta ligeramente en la parte del medio y…


(Se interrumpe la novela por inconvenientes técnicos. Sepan disculpar las molestias)


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