miércoles, 23 de julio de 2008

¡Villiers presenta un nuevo .Libro-Objeto.!





Escribe Chica Rockera

Periodista de Cosas Modernas

Sweetpoisondevilgirlkitty@ubbi.com


Jesus Christ in a crutch. Mi sueÑo erótico-ecológico en el que yo era una militante de Greenpeace dark (con un mameluco negro de cuero y un dibujito en la pechera que decía .salven a los escorpiones.) y ponía una bomba en la fábrica de motosierras, que en lugar de olor a coliflores hervidas inundaba la atmósfera de un inquietante aroma a Jack Daniels, tenía una explicación. Y no era la más glamorosa: hacía por lo menos tres horas que estaba respirando el aliento a whisky de la amante de mi padre, ya que en un rapto de cariÑo somnoliento me estaba abrazando contra su cara.


Fuck. Acostarme con ella luego de darle fin a una botella del dorado elixir y a dos pastillitas mágicas que me regaló mi viejo amigo Dark Raven no había sido una idea brillante, sobre todo porque había jurado no volver a enredarme con las amistades de quienes me dieron la vida. Me incorporé y, entre náuseas, lloré. Luego vomité sobre mis zapatos tapizados en figuritas de niÑitas victorianas con brillantina, regalo de un estampador de bolsas que trabaja en Charly Sarcofagyyy. Shit.


Entonces suena mi móvil. Thank God. José María me pregunta si me verá en la presentación del libro-objeto del dibujante, poeta y carpintero Villiers. .Vamos, fucking bitch., me dice con si voz afeminada. .Necesito alguien con quien aburrirme.. José María, fofo, gay, diseÑador gráfico y mi mejor amigo en todo el mundo, siempre encuentra la forma de hacerme reír. Después de llorar .y vomitar- río como loca. Río, río, río. Entro en estado de enajenación. Río hasta que se me acalambran las mejillas y me orino en mis bragas con tachas en forma del pajarito de Snoopy, regalo de un amigo homosexual que diseÑa en Sweet Child of Mine. Lanzo carcajadas furiosas, demenciales, hasta que José María me dice, nervioso, .no era tan gracioso.. Esto me hace reír aún más, si es posible. .Che, pará un poquito.. Río, río, río, río durante largos minutos, y no es una risa benévola, sino una risa llena de alcohol y amargura, como la de Bette Davis en .Qué pasó con Baby Jane.. Oigo la voz crispada del Fat Bastard: .Voy a cortar.. Y cumple. Y lloro. Y luego río. Y luego lloro. Y vomito lo poco que me queda. Y río.


Fast Forward. Y allá estoy, calzada con los zapatos negros que tomé prestados de F., mi nueva mamita querida, que supongo debe seguir entregada a los vapores alcohólicos. Son cuatro números más grandes que mis pies, así que entro con mucho cuidado en El Observatorio, un viejo laboratorio farmacéutico reciclado, que antes había sido el taller de una cochería y que ahora es un megaespacio multimedia tematizado con estética retrofuturista. Suena el último corte de Robert Smith, que me hace llorar. Por suerte no me puse delineador, sino tinta indeleble para sellos. Lucky girl. Hago un paneo general, y compruebo con una mezcla de familiaridad y angustia que están todos. All together now. Está Charly. Está Fito. Está Pity. Está Dolores. Están Julieta, Gastón y Emmanuel. También están Igor, Montmorency, María de las Mercedes y Cacho. No falta nadie.


Y también, claro, está Villiers, ataviado con el kipá laico que lo caracteriza. En lugar de la clásica mesa redonda, esta vez el genial dibujante y bricoleur llamó a su amigo Dee Jay Ananda Brahma Bordeu, que hipnotiza a la concurrencia con sus suaves texturas sonoras, hechas de terciopelo y bromato ferroso. Dejo que la música entre en mí. Dejo que me invada y se mezcle en mi hipocampo con los 45 mg. de Estreptodiazetafirolololol que tomé para expandir los efectos de la resaca. El efecto no es alentador. Fuck. Shit. Damn.


Tomo entonces un cubo de madera sólida que encuentro sobre la mesa, fantaseando con arrojárselo por la cabeza a Alan Pauls. Entonces escucho una voz melosa y estrangulada, preguntándome .¿y qué te pareció?.. Es Villiers. Le pregunto a qué se refiere. Me dice que a su .Libro-objeto.. Me dice que lo tengo en la mano. Le digo que es un cubo de madera. Me dice que no es un cubo de madera sino un .libro-objeto.. Le digo que parece un .objeto. a secas. Me dice que la parte del libro es que tiene dibujadas unas letras en una de las caras. Le digo que un libro es con hojas, tapa, etc. Me dice, que no, eso es un .libro., pero esto es un .libro-objeto.. Le digo que no entiendo, aparte para el caso un libro normal también es un objeto. Me dice que esa es mi opinión, que no es tan así, que no tengo que ser tan intolerante. Le digo que no, que qué se cree, acaso un libro puede ser una persona, o un animal, ves, tengo razón yo. Me dice que ahí está, ves que no sabés nada, justamente, justamente, mi próximo proyecto es el .libro-perro.. Le digo que me parece una idiotez, que y que hace ya tiempo debería haberse retirado y que ya fue fagocitado por el sistema, pero no de una manera cool sino de otra, bien bien mersa, y que aparte es más feo que tropezar descalzo, claro que a mí los hombres feos me encantan, menos él. Me dice que entonces de coger ni hablar, ¿no? Le digo que no, mejor no.


Entonces me besa apasionadamente. Siento, por primera vez en aÑos, desde que era una muchachita cursi y solitaria que se encerraba en el ático de una casa de Devoto para leer a Poldy Bird, que el amor me embarga. Y él se va, porque Dee Jay Ananda Brahma Bordeu le habla del tema de una plata que le estaría debiendo. Río. Luego lloro. Suena Lou Reed. Jesus.


Entonces cruzo mi mirada con al de José María. Jose. Un amigo es lo que necesito. él sonríe. Y me acerco. Y en la medida que me voy acercando cada vez siento que lo voy necesitando menos. Que a veces se pone denso. Que estoy cansada de escuchar sus problemas con los hombres. Que esa pelusita que le sale en la frente me da como un poco de repugnancia. Que varias veces me cagó con los vueltos en el taxi. Tal vez es la emoción, o las pastillas, o la coca, o el porro, o el paco, o el salamín picado grueso pero sin todo eso marrón que rodea los cositos blancos. Y cuando llego lo insulto de arriba abajo. Llora. Yo también lloro. Luego lo abrazo y le pido perdón. él me putea de arriba abajo. Yo río. Luego lloro, porque me doy cuenta de que había entendido mal (pensé que me había dicho que era una .remera., lo cual me pareció gracioso). Nos separamos en buenos términos. Fucking good terms.


Todo me da vueltas. O tal vez sea la bola de espejos, que acabo de encender accidentalmente al apoyar mi Margarita sobre una de las consolas de Dee Jay Ananda Brahma Bordeu. No importa. Never mind. A mi alrededor veo caras sonrientes. Hipocresía. Falsedad. Nuevos ricos queriendo comprar un poco de estilo. NiÑos ricos que tienen tristeza. Y me siento triste. Pero no siento nada. Quiero salir corriendo. Pero no quiero. Quiero llorar. Pero mis ojos están secos. Entonces lloro. Pero lo que me salen son lagaÑas. Gross. Y por la ventana veo el único pedazo de autenticidad en varios kilómetros a la redonda: Una mendiga, sentada a la puerta, con un amoroso perrito en su regazo. Y me acerco. Quiero escuchar su delirio alcohólico. Quiero un poco de locura. Quiero saber si la miseria la ha rodeado desde siempre o se trata de una condesa rusa llegada durante la Revolución (por lo cual debería tener unos 100 aÑos). El aire frío de la noche, que se pega a mis mejillas, termina de colocarme. Crazy.


Le ofrezco un Margarita, para emborracharnos juntas, si es que cabe. Y abro los ojos para escuchar sus mil y una historias. Y lo que escucho es .A vos te parece que Malosetti lo haya sacado al .Pato. Ricchieri de volante y en vez lo haya puesto al muerto ese de Mondadori. ¡Hay que cortarle la cabeza! ¡Dos a cero perdimos el otro día con Platense! ¡Vergüda! ¡Son unos amargos! Yo quiero que vuelva Montebianco, que ese la tenía re clara, es el que lo sacó adelante al .Bocha. Tribiani y al .Princesita. MuÑoz, que se la re masticaba pero si le daban un empujón era más habilidoso que el Diego. Pero es una mafia, ¡una mafia! Che, ¿esto qué es, jugo?.


Fuck. Fuck. Fuck. Lloro. Lloro. Río un poco, medio afónica, haciendo una especie de ruido blanco. Y vuelvo a llorar. Y corro, hasta perderme en la noche. E imagino que, en el fondo, todos somos un .libro-objeto. de Villiers: bastos como la madera, con diversas caras y nuestro mensaje escrito en cada una de ellas, listos para ser leídos y humillados. Así que tomo una de sus obras, que dio a parar al bolsillo de mi tapado de pana violeta con estampado de nubecitas y botones hechos alfeÑiques tucumanos plastificados, regalo de un amigo gay que trabaja en Lucía Alicia Elisa Eloísa González, y la arrojo, furiosa de alcohol y de tristeza y de soledad y de furia contra el rostro inmenso de Luis Gujis, que me mira desde un afiche de .El Show Creativo.. Y rebota, y me pega en el ojo. Y río. Y a la madrugada siguiente me despierto, con la tinta para sellos corrida, en una banqueta de la Comisaría 21. Digo .Buenos días. a la agente tras el mostrador, y me alejo, perdida sobre mis grandes zapatos. Como una niÑa jugando a la mamá.


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