martes, 29 de julio de 2008

¡Buenas noticias para los opinadoramente afectados!





Escribe la Dra. Raquel F. Mastronardi

Experta en Pasterismo Médico

piricucu@ubbi.com


Hace poco entró en mi consultorio un muchacho visiblemente angustiado .o por lo menos eso era lo que se veía desde la cerradura del placard donde me encuentro pasando mi .AÑo Sabático.. A pesar de que tengo por norma no interrumpir mis períodos de descanso, tan necesarios para la capacitación intelectual y la distensión psicológica, me pareció que debía hacer una excepción (tanto más teniendo en cuenta que sus honorarios podrían venirme bien, teniendo en cuenta lo que estoy gastando en pizza delivery; gajes de pasar un .AÑo Sabático. en el interior de un placard).


A su visible congoja se podía aÑadir un notorio estado nervioso; el paciente se mostró sobresaltado, e incluso lanzó una suerte de aullido al verme salir del placard, tal vez algo intempestivamente (y aceptémoslo, mi aspecto, no en su mejor momento debido a la falta de higiene a la que me obliga mi retiro espiritual, puede haber contribuido a la intranquilidad del enfermo). Mi diagnóstico a primera vista concluyó con una notoria inseguridad patológica, ya que el muchacho pareció echarse atrás en cuanto a su necesidad de tratamiento, balbuceando un .no, deje… Yo venía a cortar el cable… Pero ta bien… Vengo otro día….


Mientras se retiraba, se inyectó al paciente, vía palmada en el hombro con anillo con hipodérmica camuflada, 87 mg. de Morcipam© Oral, como para hacerlo entrar en un estado de mayor receptividad (como efecto secundario, el Morcipam Oral produce una parálisis total de los miembros, que dura lo que dure el tratamiento). Posteriormente, usando un tipo de hipnosis Jedi aprendida en una convención de fanáticos de .Star Wars. en Las Vegas (a la que entré por error creyendo que se trataba de una conferencia sobre psiquiatría gestáltica junguiana), se logró que el paciente expresara sus conflictos más íntimos, los cuales le fueron sugeridos pór esta profesional porque el tipo tardaba mucho en hablar.


Así, el enfermo pudo echar luz sobre su principal bloqueo, que en uno de mis libros (aún no publicados; mi editor me negó esa posibilidad hasta tanto no estén escritos) llamo el .Síndrome de la Falta de Criterio., muy frecuente en varones adultos de más de 35 aÑos con múltiples obligaciones económicas y sociales.


El afectado por este Síndrome, por lo general un adulto no del todo formado psicológicamente, llega a cierta edad sintiendo que las opiniones que solía impartir sobre todas las acciones humanas, desde moda masculina hasta diseÑo aeroespacial, se van diluyendo en una suerte de baba neurológica, siendo su lugar ocupado por preocupaciones más mundanas, como llevar al nene al colegio o llamar al plomero. Todo aquello que antes lo llevaba a participar de discusiones a muerte, donde se manifestaba con la seguridad digna de un caudillo federal o un general turco, ahora se expresa a través de reblandecidos balbuceos tipo .yyyy… ¿a vos qué te parece?., .Yyyyyy… puede ser, ¿no?. o .Yyyyy… No sé… Qué se yo…..


El paciente parece así haber perdido la capacidad y el interés por tener una opinión; pero el trastorno se agrava más aún al comprobar que a su alrededor todos parecen ser expertos en la totalidad de las áreas del conocimiento humano, lo que lo lleva a sentirse aislado. Algunos de los trastornos de opinionismo más frecuentes son:


La Falta de Criterio Enológico: el Paciente no parece saber diferenciar entre un vino .excelente., un vino .rico., un vino .berreta., un vino .malo., un vino .asqueroso. o un .matarratas de tetra.; pasa la experiencia de .probar el vino. como una especie de taeatrito que hay que hacer, porque para él, mientras sea oscurito y sirva para emborracharse le parece bien, así que para qué gastarse veinte mangos en un líquido.


La Falta de Criterio Cinematográfico: el Enfermo lee con algo de desconcierto las apasionadas críticas cinematográficas o las discusiones de aguerridos cinéfilos con barbita candado y anteojos sin marco, donde se tiran por la cabeza con las argumentaciones más retorcidas, la biografía de cada director y el análisis de tal .travelling. o el golpe bajo de que en tal parte .se ve el micrófono.. Considera, en cambio, que las películas son todas más o menos parecidas y que si encima de tener que ir al cine, pagar la entrada y quedarse hasta el final tiene que decidir si fue .buena. o .un moplo inveíble., lo que es casi equiparable a laburar, prefiere quedarse en casa comiendo criollitas con mayonesa. Y aparte pobres los que hicieron la película la, bastante con que hayan hecho, que su buen trabajo les habrá llevado.


La Falta de Criterio Cualitativo General: el Opinadoramente Disminuido asiente sin mucha certeza cuando alguien elogia su camisa y le dice que .se ve que la tela es de buena calidad.. Sin pretender discutir con su interlocutor .aparte no puede- sencillamente no tiene la más pálida idea de qué es lo que hace a la tela .de buena calidad.. Tal vez, guiado por la experiencia empírica, pueda comprobarlo al segundo o tercer lavado de la prenda, según si le sigue entrando o no. Lo mismo le ocurre con programas de computadora, electrodomésticos, muebles y cosas en general. Ciertas seÑales que envían las .cosas. son interpretadas pobremente por el cerebro del Enfermo, impidiéndole la capacidad de calificación general de los objetos materiales.


Hasta hace muy poco tiempo los afectados por este Síndrome debían pasar sus días observando lacónicamente durante ofuscadas conversaciones, o repitiendo opiniones que escuchaban en algún lado para no parecer unos cabecita frescas; pero afortunadamente acaba de salir al mercado un nuevo medicamento, el Karadagiam© Inyectable 700 mg. que combinado con el Batmam© Pediátrico 32 hg. y diez dosis diarias de Marsupilam© Rectal 5 kl. generan un aumento en la Turbolina, la hormona que regula el opinionismo y el jarabe de pico (lo sé bien porque, como toda psiquiatra responsable, fui tomando lo mismo que él y después le estuve dando la chapa media hora acerca de la obra de Luigi Pirandello, autor que no había leído en mi vida). A todo esto .que administré al Paciente todo junto, porque se acercaba la hora de llamar a la pizzería y total seguro que es lo mismo- agregué una triple dosis de Namekusein© Semisólido 70 gb. (un emplasto de mi invención, que se administra a través de las pestaÑas).


El paciente se manifestó completamente curado, pero por omisión, es decir, no manifestándolo, ni moviéndose ni hablando ni parpadeando ni nada, así que para mantener la necesaria distancia profesional-paciente llevé su cuerpo inerte al pasillo (no sin antes cobrarle mis honorarios, que resultaron coincidir exactamente con los $115 que el enfermo llevaba en la billetera) y después hice una llamada anónima a los bomberos. Luego, utilizando una técnica de mi invención que elimina al paciente como intermediario, continué con el tratamiento personalmente. Actualmente .luego de reintegrarme a mi .AÑo Sabático. en el placard- me encuentro acusando los efectos del mismo, pero siendo contenida afectiva y psicológicamente por lo que parece ser un grupo de deidades orientales encarnadas en 38 monos verdes, que cada tanto toman la forma de un par de sobretodos en sus respectivas perchas.


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