jueves, 3 de julio de 2008

.Fuga en helsinki., capítulo 11: .El Lado Oscuro.





Resumen de lo publicado: En un futuro cercano donde el papel ya no existe, el ex sargento del ejército uruguayo Malvín debe rescatar a su amigo Rune de una cárcel finlandesa, y para ello se ha convertido en prisionero. Pero su plan de escape ha fallado y ahora se encuentra junto a sus compaÑeros de fuga en el Pabellón de la Muerte, todos condenados a la muerte por asfixia con humo de pastizales quemados, ocurrencia de Diego Ariel, ex presidiario .argenti. y actual Director de la Cárcel.


(Por amplia mayoría, gana INTRíNGULIS CHíNGULIS, y Malvín decide rezar)


Esta vez había llegado a mi límite; llevaba sobre mis espaldas demasiadas cargas; la destrucción del planeta con el Gasómetro atómico, la muerte de miles de botijas uruguayos a bordo del drakkar de Buquebús, la muerte de la Wanda, la de .Bjö, el falsificador, mi separación de la Evangelina… Demasiados golpes habían abatido a este luchador charrúa. Y sentí que sólo me quedaba rezar.


Con un hilo de voz, comencé a musitar el Padrenuestro.


Y mi plan dio resultado. Pö, ese macizo e indestructible hombre de las nieves, despertó de su letargo provocado por el humo. Desde luego, no fue un alegre despertar. Antes de ingresar a la Penitenciaría para Criminales Peligrosos Temmu Seläe, había estudiado profundamente los usos y costumbres de los habitantes de Finlandia, y desde luego no se me había pasado por alto el ferviente anticlericalismo de los habitantes de Laponia, desde que los misioneros cristianos arrasaron con los osos polares lapones, su Tótem familiar, para esparcir la palabra del SeÑor con mayor facilidad.


Ahora Pö, al escuchar las primeras líneas del Padrenuestro, se hallaba violeta de ira, echando espuma por la boca, y completamente fuera de sí, deseoso únicamente de cortarme la garganta con un palito de helado, como se acostumbra en los barrios bajos de Laponia.


Pude percibir, tras la vitrina del Pabellón de la Muerte que daba al salón preparado para contemplar las ejecuciones, la inquietud de los guardias, pero el .argenti. les impidió entrar con un gesto impaciente. Así que seguí con el Padrenuestro y continué con un par de Avemarías (de paso cumplía con la penitencia que me había impuesto el Padre Washington hacía unos meses), azuzando la furia del sami.


¡Y entonces ocurrió! Las cuerdas de acero, lo bastante fuertes para retener a un ser humano normal, cedieron ante la fuerza hercúlea de mi primitivo compaÑero, acostumbrado a cargar renos sobre sus hombros, y se partieron como fideos secos. Desgraciadamente no contaba con que Pö, civilizado tras aÑos de residir en Helsinki, se limitaría a golpearme en la cara ahasta desfigurarme.


Necesitaba algo más que eso. Así que lo miré a los ojos y le dije .Amén..


Resultó. Completamente enajenado, maldiciendo en lapón antiguo y soltando una sustancia viscosa y negra por la boca y los lacrimales, Pö me arrancó de allí, con poste y todo, me elevóm sobre sus hombros como si se tratara de un campeón de lucha libre, y me arrojó contra la vitrina, destruyéndola en cientos de pedazos.


El humo se dispersó y, desde el piso, pude escuchar a mis compaÑeros empezando a despertar entre toses; los guardias que se encontraban en el salón se habían desplomado intoxicados al recibir el humo de pastizales en la cara. Y en cuanto a Pö, habiendo descargado su furia, me tendía bonachonamente la mano. Los lapones son así, impulsivos. Como los tanos.


-¡Guardiash! .chilló una voz de rata. Era el .argenti., mientras atravesaba la puerta del salón con la patética cobardía natural de los de su estirpe.

-¡Desatá a los botijas, Pö! .alcancé a gritar mientras me lanzaba a la carrera.


Densas lágrimas corrían por mis rostro, un poco por el humo, otro poco por los momentos de tensión y sobre todo porque tenía el cuerpo .recordemos que estaba completamente desnudo- totalmente cubierto de trozos de vidrio. Dolían especialmente los que tenía clavados en las plantas de los pies, ante cada zancada. Pero no era momento de debilidades ni afeminamientos, así que hice fuerza con los ojos, sorbiendo las lágrimas para adentro.


Llegué a un pasillo y por un segundo temí haber perdido a Diego Ariel… ¡Y entonces vi cómo se entornaba una puerta de acero! Me lancé de un salto y metí el pie, trabando la puerta (y sintiendo como un par de docenas de trozos de vidrio me atravesaban el metatarso); y luego entré. No estaba preparado para lo que veía.


Se trataba, obviamente, de un viejo taller de la cárcel que había sido reacondicionado recientemente. Una docena de ojos asustados me miraron. Evidentemente, se trataba de trabajadores islandeses indocumentados, sorprendidos en plena tarea. ésta consistía en machacar escarbadientes, luego hundirlos en grasa de pella hasta fabricar una .pasta base., amasarlos con un DNI en forma de cilindro y dejarlo secar… hasta obtener una hoja de papel.


Mi técnica para hacer papel ecológico había sido copiada. Sólo que connuna diferencia. El secado del papel estaba alimentado por amoniato de benzoato y arsénico de hidropropilenilenilato, de modo tal que por cada hoja de papel se producían veinte litros del contaminante .juguito de papelera..


En resumen, el .argenti. había instalado una papelera… ¡En pleno Helsinki!


-Shamalo justishia poética, shamalo, ¿entendé, papi? .dijo el .argenti., emergiendo tras unas cajas de madera que contenían la materia prima. Sin perder tiempo, me lancé sobre él y le hice una doble Nelson.

-¡No se puede creer, bo, ustedes son capaces de todo! Pero no me importa. ¡Vas a morir!

-¿Pero por qué, che, boludo? ¿Por lo de reshién? Uuuhhh, buchón, shacate la gorra, shacate.

-No… ¡Por haber inculpado a mi padre por la quema de pastizales en el Delta argentino!


Comencé a presionar contra sus cervicales. Sentí los primeros crujidos. El .argenti. lloraba pidiendo hipócritamente perdón y pedía piedad .por tu madrecita santa que está en el Cielo, shorugua.. Pero ya estaba harto. Presioné un poco más…


-¡Basta, shorugua! ¡Lo inculpé para vengarme de él por abandonarme cuando era un purrete que jugana a la taba en las cashes de Gualeguaychú! ¡Y por abandonarte a vó también, este que!

-Pero… ¿Qué querés decir, bo?

-Sho… sho… sho shoy tu hermano, shoy!

-¡Nooooooo! -y solté a Diego Ariel.


Durante toda mi vida sentía que, entre las fibras de mi hombría de bien uruguaya, había un .lado oscuro. que pugnaba por salir. Un lado que era 100 % perversidad, deshonestidad compulsiva, mentira, instinto de Thanatos y miseria; mi lado argentino. Pero había sabido reprimirlo gracias a las enseÑanzas de mi pobre madrecita. Sin embargo, en alguna conversación con sus hermanas .bajo la influencia de la grapamiel que terminpó llevándola a la tumba- la escuché mencionar a su .esposo argenti., y que tenía familia .del otro lado.; mi padre, que aparentemente hasta hoy negaba su nacionalidad para no cubrirme de oprobio a mí, su retoÑo charrúa.


Pero era cierto. Por mis venas corría sangre .argenti., que reprimida durante aÑos, afloraba de golpe mientras escuchaba los planes de Diego Ariel:


-…negoshio redondo, boludo, nos ponemo al frente de la cárshel y mientras tanto no shenamo de oro con la papelera dequeruza, de paso se la mandamo a guardar a esho shuomi hijos de una gran puta, vamo miti y miti, boludo! ¡Es una pinturita, che!


La idea empezaba a seducirme. Despuás de todo, los finlandeses habpian empezado con esta pesadilla y era hora de que la pagaran caro; y no veía nada malo en sacarle un beneficio, que podría usar para enviarle dinero a mis hijos. ¡Estaba harto de luchar por causas perdidas! Entonces llegaron Rune, Pö, Markus y Enheduana.


-¡Acá estás, Malvín! ¡Rrápido, el Eladia Isabel III parrte en 2 minutos! ¡Podemos usarrr al .arrrgenti. de rrehén e irrrnos! .dijo Rune.

-¡No lo hagas, Malvín! Si she produce una fuga me van a shacar del puesto… ¡Y esos suomi garca she la van a shevar de arriba, she la van a! Penshá en la Wanda, en los pibe de tu pelotón, en la fauna ictícola del río Uruguay, pensá, boludo, este que!


De un lado, la Lealtad; del otro, la Justicia. ¿Qué hacer?


Si deseas alinearte con Diego Ariel para vengarte de los finlandeses, vota A LA MIéRCOLE

Si deseas tomar de rehén a Diego Ariel e intentar la fuga, vota PERO LA QUE TE PAN CON QUESO


(Esta historia continuará)


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