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El avistamiento de famosos es una actividad que en estos innobles tiempos reemplaza al encuentro con monstruos o apariciones de santos; consiste en un relato breve, en el que el protagonsita cuenta – intentando disimular su emoción para no revelarse como cholulo – la circunstancia en que vio al famoso, el famoso en sí y el lugar en donde lo vio. Por ejemplo: “Ayer, cuando iba a hacer un trámite, lo vi a Diego Torres subiéndose a un taxi”
Hasta aquí, no demasiadas diferencias con “Ayer, cuando iba a buscar agu al pozo, fui sorprendido por la aparición de la Luz Mala en la caÑada seca”. La diferencia es que cierto resentimiento morboso nos impulsa a disminuir al personaje en cuestión y quitarle su aura legendaria revelando algún aspecto poco digno; y donde antaÑo exagerábamos “el dragón medía cuarenta metros de largo y sus dientes tenían el tamaÑo de puÑales”, hoy decimos -por poner un caso – “Juan José Camero estaba en bermudas y éstas estaban un poco roÑosas”.
Es así como revelamos a quien quiera escucharnos, con mal disimulado regocijo, que tal estrella de telenovelas estaba un poco bebida, que determinado periodista tenía mal olor o que aquella temible estrella de rock duro era vapuleado por su madre.
Pero la revelación más repetida que he escuchado, y que me ha tocado presenciar con mis propios ojos, es que el famoso es “petiso y cabezón“.
No se trata además de famosos que hacen de su disminuido físico parte de su personaje, como podrían ser Jorge Guinzburg o Danny de Vito, sino de actores y actrices que se nos presentan como Dioses del Olimpo, de personalidad avasalladora, reciedumbre intimidatoria o encanto irresistible; su descripción no varía: “Era petiso y cabezón”.
Ahora bien, esto podría adjudicarse a un efecto óptico de la pantalla si no fuera porque la leyenda dice que “la televisión te aumenta siete kilos”; ¿no resulta llamativamente contradictorio?
¿No deberíamos, si este fuera el caso, percibir a nuestros famosos avistados como más delgados y longilíneos? ¡Alguien miente, porque en realidad parece que la televisión te ALARGA EL CUERPO y te ACHICA LA CABEZA!
¿Entonces lo de los siete kilos sería una leyenda para convencernos de la estatura y esbeltez de nuestra farándula? ¿O se trata de una operación más sinestra, tal vez para tapar la verdadera apariencia física de los personajes que sí percibimos como petisos y cabezones? ¿Es posible que una raza de gremlins o duendes de Hopkinsville se haya apoderado de los medios masivos de comunicación y estén trabajando para nublar su existencia a nuestros ojos? ¡O tal vez su tamaÑo les impida reconocer en qué consiste una estatura normal! ¿Es posible que paso a paso estén contratando actores cada vez más petisos y cabezones, y paralelamente ajustando la imagen televisiva para acostumbrarnos a su siniestra presencia y lanzar en pocos meses el golpe de mando que nos condenará al EXTERMINIO?
Por las dudas aquellos que midamos más de 1,65 deberíamos aprender a caminar con unos zapatos en las rodillas, como aquel actor que hizo de TOULOUSE LAUTREC; será la única forma de sobrevivir infiltrados en este nuevo, siniestro y DISMINUIDO MUNDO!
RESUMEN FACILISTA DE LA NOTA: La gente de la tele es PETISA Y CABEZONA!
Publicado a las 08:34 p.m.
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