lunes, 1 de agosto de 2005

¡MIRá, SI NO TENéS AGUANTE PARA HACER UN CHISTE MALO MEJOR NO LO DIGAS!





Dificilismo estimado de la lectura: 120


Cuando empecé a comunicarme por MSN – hace unos pocos meses, lo que demuestra mi resistencia a las novedades – me irritaba sobremanera el uso del “jajajaja” para demostrar que uno estaba riéndose; principalmente porque estaba convencido de que mi interlocutor permanecía lúgubremente serio mientras tecleaba esa risa tipográfica, y la imagen me resultaba sobrecogedora.


El problema, comprendí pronto, era que no podía festejar un chiste – ni siquiera sinceramente – sin ese barbarismo. Como no me gusta ser antipático – los antipáticos llevan una vida muy desgraciada, a menos que sean millonarios – me pasé al bando del “jajajaja” con cierta amargura; Hoy estoy acostumbrado, me parece lo más normal del mundo y estoy integrado y feliz.


Pero me niego a aceptar el nuevo neologismo que se multiplica como peste en foros, comentarios de weblogs y etcéteras: “Cuac”


Por si no lo saben, es una especie de onomatopeya que se pone al final de un chiste que se supone que es malo; una de las peores canalladas que se pueden cometer en el uso del humorismo.


Es algo así como decir: “Voy a decir un chiste malo, pero ojo que yo soy un vivo bárbaro y ya sé que es malo”. Así, el usuario está queriendo quedarse con el pan y con la torta: Espera que algún que otro inocente festeje su gracia y al mismo tiempo que la BANDA DE AUTODENOMINADOS VIVOS que están con un pie en el “enter” para acribillarlo a “qué hambres” lo consideren como uno de ellos.


El usuario de “cuac” no quiere bancarse el abucheo; El usuario de “cuac” pretende ponerse por encima de su obra, como el lechuguino publicitario que le comenta a sus ex compaÑeros de taller literario que él en realidad es un novelista frustrado.


¿Qué diríamos de un actor teatral que al final de su lacrimógeno monólogo dijera “búuu, júuu, júuuu, lo único que falta en esta boludez son los violines”? ¿O de un futbolista que errara un gol y luego declarara que total el fútbol son veintidós tarados corriendo atrás de una pelota? ¿O de un médico que diga “y sí, se murió, qué querés, no soy Jesucristo”?


Si uno va a decir un chiste malo, debe hacerlo con el pecho enhiesto y la mirada puesta en el horizonte, sin abrir el paraguas, sin esquivar el probable escarnio ni escudarse tras un aparente posmodernismo humorístico. ¡El chiste malo debe decirse con la convicción de que es el mejor chiste del mundo, que las multitudes reirán histéricamente, que los cuerpos se revolcarán inviluntariamente por los suelos, que los párpados se apretarán hasta doler, que las vejigas se aflojarán con apestosas consecuencias! ¡Y si es recibido con multitudinarias miradas hacia arriba y mordeduras del labio inferior, se debe mantener la expresión varonil y recia, sin pedir disculpas ni componendas, y continuar con la tarea cotidiana!


De lo contrario es mejor no decir nada, y asumirnos como los INSEGUROS AMARGADOS DEPENDIENTES DEL “QUE DIRáN” que somos.


Y a propósito, perdón si el artículo estuvo flojito pero tuve poco tiempo porque hice un viaje de placer: la llevé a mi SUEGRA AL AEROPUERTO. Cuac.


RESUMEN FACILISTA DE LA NOTA: ¡No vale DECIR CUAC!


Publicado a las 09:58 a.m.

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