miércoles, 10 de agosto de 2005

¿ES CHARLIE Y LA FáBRICA DE CHOCOLATE UNA PELíCULA EMPALAGOSA? CUAC. AH, NO, PERDóN, MALíSIMO.





willy wonka viejo.jpgEl “Crítico Angurriento” tuvo la dicha, esta vez, de ver “Charlie y lá Fábrica de Chocolate”:


El Sr. Tim Burton, que alguna vez nos deleitara con galletitas, carne con papas y arvejas, brochette de lomo y limonada en “El Joven Manos de Tijera” y té, leche y pescado crudo en “Batman Vuelve”, esta vez se mete de lleno en la repostería, cosa bastante desafortunda porque endo medio medio medio del hígado (un consejo: no recomiendo ir a ver esta película después de cenar mollejas con revuelto gramajo acompaÑado de un vaso de vodka con limón).


El film comienza con una larga secuencia de títulos donde podemos ver el procesado y empaquetado de unos chocolates hechos de animación por computadora – el único chocolate que puedo dirigir por estos días, por otra parte. Si bien no lucían demasiado apetitosos es de destacar el cálido homenaje que rinde el logo de Willy Wonka a los productos “Felfort“.


Luego, un bálsamo para el alicaído estómago del espectador: Sopa de repollo de unas personas muy muy desgraciadas y muy pobres, pero que por otra parte no saben la dicha que tienen de estar juntos, tener afecto y no tener el ESTóMAGO DESTRUIDO (Hay que seÑalar que Burton ya nos había gratificado con una suculenta sopa de arvejas en “El ExtraÑo Mundo de Jack”, aunque estaba envenenada, pero en fin).


Luego, el niÑo se come COMO TRES de los chocolates esos al hilo, buscando el premio para visitar la fábrica: una bestialidad. Por suerte en el medio la situación económica de los pobres desgraciados empeora y la seÑora hace más sopa de repollo, “con más agua”.


Desgraciadamente – para mí, no para el niÑo – le sale el premio y entra a la fábrica. Todo muy lindo, muchos colores, un maravilloso mundo de fantasía, lo que vos quieras, pero a mí me liquidó. ¡Yo no sabía que la película era toda sobre chocolate! (Ta bien, ta bien, se llama “Charlie y la fábrica de chocolate”, pero vos viste cómo son las películas ahora. Pensé que por ahí era una metáfora)


Qué se yo, lagos y ríos de chocolate, caramelos, chicles, como si yo fuera de acero; A esa altura tuve que salir a morder medio geniol y un limón crudo o me quedaba seco ahí mismo.


Me hizo bien y pude volver – incluso me compré un toblerone; No sé si fue muy prudente pero por un momento me dio la impresión de que me había curado MILAGROSAMENTE -, sólo para llevarme un gran disgusto: una escena con un montón de nueces, con la alergia que me provocan en el paladar.


La comida decae un poco cuando el tipo ese, Willy Wonka, empieza a ofrecerle a los niÑos unas golosinas medio “poéticas”, tipo un chicle que tiene el gusto de todas las comidas, o un caramelo que te hace crecer el pelo o un chocolate transmitido por televisión. No sé, me pareció medio de menú de restaurante de Palermo Viejo, con esos nombrecitos de fantasía tipo “Alas de ángeles baÑadas en Savia del Cielo con Delicada Lluvia de Almendras Degeneradas”. No sé, me pareció una estafa.


Y después, cuando gracias al medio geniol, el limón mordido y el toblerone – me parece que me hizo una especie de cura homeopática – ya se me había despertado el apetito, no aparece más comida hasta el final de la película, donde la familia y Willy Wonka cenan algo que ahora no me acuerdo qué era (creo que estaba tan indignado que se me borró de la mente).


En resumen: Chocolate animado por computadora de entrada, sopa de repollo, tres chocolates más al hilo, ataque al hígado, más sopa de repollo, más chocolate, golosinas y demás porquerías, nueces, chocolates con nombrecitos raros de Palermo Hollywood y de postre algo que no me acuerdo qué era. Una porquería; Fui y pedí que me devuelvan la entrada.


Y después tuve un ataque al hígado toda la noche. ¡Un angurriento y medio y Burton más vale que empiece a hacer una dieta más balanceada!


Publicado a las 10:34 p.m.


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