martes, 23 de agosto de 2005

Coso 64: El Garfio


Coso-64_th.gif





Coso64.gifOculto en su mundo de plomería y agua turbia, este dispositivo – extremo superior de la bocha del sanitario – se engancha a una palanquita ubicada tras la estructura que sostiene el botón del baÑo; pero cuando esta tapa debe ser removida – por equis motivo – no nos queda más que contemplarlo en su siniestra majestad, y tirar de él para deshacernos de nuestras vergü. Y luego, a menos que uno haya hecho el industrial o sea un obseso por el bricolage o le sobre el tiempo para perder visitando la casa de repuestos sanitarios – en lugar de dedicarse a reflexionar sobre los males del mundo como cualquier hombre de bien – permanece para siempre.


Y así, desde su infernal retablo en donde se distinguen humedades y brazos de cobre, nos saluda cada vez que vamos a hacer uso de él, con su contrahecha sonrisa hacia abajo, exclamando: “¡Hola, universitario! ¡Una vez más nos vemos las caras! Supongo que eras feliz cuando estaba sumido en la oscuridad, pero eso no volverá a ocurrir, ¿verdad? ¡Permaneceré aquí, recordándote tu condición de bolsa de miasmas ambulante hasta el día de tu no tan lejano Fin! Y aunque intentes volver a ocultarme, ya has visto mi Rostro; y en él has visto reflejada la materia vil de la que estás hecho”.


El Garfio, hermano de sangre de las lamparitas quemadas sin cambiar y los picaportes sin atornillar, hijos todos de esa pareja de hermanas lesbianas e incestuosas, Desidia y Decadencia, preside la puerta de entrada al mundo de las cloacas; al mundo que queremos olvidar con nuestras diversiones y maquinitas. Y si nos descuidamos – o si a uno de esos directores de películas de terror japonesas se le ocurre hacer una película llamada “El Garfio” -, llegará el día en que nos enganchará de los pellejos y nos arrastrará – material o metafóricamente hablando – al fondo mismo de las viscosidades.


Post original

No hay comentarios.:

Publicar un comentario