La picante polémica (en realidad no fue exactamente una .picante polémica. sino más bien un .inofensivo intercambio de comentarios., pero no da para empezar así una columna) sobre la dificultad o no para pela un kiwi no puede sino llevarnos a un solo interrogante: ¿Es la comida .complicada. algo que debemos combatir?
El proceso de infantilización de la comida comienza con la invención del Conde de Sandwich, ese dudoso personaje que consideraba más importante no interrumpir un juego de cartas que alimentarse correctamente. Así, gracias a dos panes y una feta de jamón convirtió la ciencia de la nutrición en algo .fácil.. Los principales beneficiados fueron los niÑos, que por supuesto prefieren resolver el momento de la alimentación sin complicarse ni exigir demasiado a su motricidad fina. Para ellos, el momento de la comida suele ser un infierno lleno de obstáculos tales como masticación y el correcto uso de los cubiertos.
No es así para nosotros, adultos con el intelecto siempre abierto a nuevos desafíos. Las complicaciones en la comida deberían resultarnos estimulantes y cargadas de un secreto romanticismo.
Sin embargo, al Sistema le conviene mantenernos lo más infantilizados posible y recurre a las más sucias artimaÑas. La última es el auge de la comida gourmet, que no es más que una versión embozada de la comida para niÑos. Vean estas inquietantes similitudes:
ENVOLTORIO VISUAL: La comida de nuestro fast food amigo viene en coloridos paquetes y cajitas con juguetes de regalo. La comida gourmet viene presentada bajo la forma de torrecitas de diferentes ingredientes, baÑada en salsas inverosímiles y con una ramita aromática coronando el conjunto. A ningún adulto con sensibilidad artística le satisface destruir esta composición. En cambio, conjuga a la perfección con la actitud del niÑo de dos aÑos que se divierte derribando una pila de cubos.
NOMBRES DE FANTASíA: La comida para niÑos se llama Mac Google con Chippybombas; la comida gourmet tiene nombres tan improbables como milanesitas de ojo de bife envueltas en tibia ensalada caramelizada sobre colchón de hojas de rúcula y moussaka.
APAPILLAMIENTO: Desde la papilla a las hamburguesas de consistencia laxa, la comida para niÑos no exige demasiado trabajo dental. La comida gourmet se compone principalmente de soufflés, patés, salmones y en el peor de los casos, de carnes de ternera recién nacida que se deshace en la boca como un algodón de azúcar. Masticar, claro, es cosa de grandes.
(A esto se agrega la comida étnica con decoración exótica. A menos que seamos gente de mundo, no hay mucha diferencia entre un restaurante mejicano y un bar / pelotero temático con mozos disfrazados de piratas)
¡Qué diferencia con los alimentos arduos que nos gustan recién pasados varios aÑos de la pubertad! El alcaucil, esa complicada flor bestial, nos obliga a un ritual y una paciencia que nos acerca a la sabiduría; el pomelo, agrio y de salpicaduras peligrosas, requiere instrumentos especiales, una paulatina dosificación de azúcar y bastante tiempo. La carangeija brasilera es un artrópodo marino que se nos sirve en cazuela y que, armados de un palo, debemos ir destruyendo para extraer su pulpa laboriosamente, como si buscáramos diamantes entre la roca. El asado argentino es apetitoso y le gusta a cualquiera, pero por tierna que sea la carne debemos ejercitar las mandíbulas; aquel que quiera tragar sin más se arriesga a la asfixia.
Dificultades, colores lúgubres, gustos amargos, aspectos terroríficos, masticación obligatoria: Nada más lejos de los bocaditos de pollo en forma de avioncito. ¡Si queremos alcanzar la verdadera madurez, la sabiduría y la iluminación, iniciemos ya mismo la dieta .Adulta.: Alcaucil, pomelo, carangeija, asado y de postre el viejo y siempre hostil sándwich de helado!
Publicado a las 11:32 p.m.
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