lunes, 30 de agosto de 2004

¡QUIERO LUCHAR POR MIS CONVICCIONES PERO ME DA FIAQUITA! QUé, ¿ES UN CRIMEN?





Días pasados me quejaba de que mi no-participación en la marcha de Blumberg no sería contabilizada como una demostración firme y enérgica de mi desacuerdo con la misma. La respuesta tradicional a este planteo es que para que se me tenga en cuenta debería participar personalmente en algún tipo de manifestación que refleje mi posición política.


La realidad es que yo lo haría con LA MEJOR, en serio; pero da fiaquita. Tendría que tomarme el subte hasta el centro – en realidad, por donde vivo, colectivo y subte – en pleno día de semana, y encima en la hora pico y pasármela parado un montón de tiempo. Después, para volver, hasta que pueda tomarme un colectivo que no vaya repleto, esperar como dos horitas. Ni hablemos de conseguir asiento. Eh, no me juzguen tan mal. Fui gaseado en un par de marchas de resistencia en los últimos aÑos de la dictadura, cosa que a mis ojos me convierte prácticamente en el Che Guevara.


Creo que esta es una de las más graves falencias de nuestro sistema político. ¿Qué pasa con las miles de personas que tenemos fuertes convicciones políticas pero somos demasiado flojas y DéBILES DE CARáCTER para llevar adelante todo el trámite? ¿Acaso no somos ciudadanos tan respetables como los demás? ¿No tenemos derecho a la libre expresión callejera?


Tampoco poseemos un aparato partidario que nos permita cargar gente en camiones con la promesa de un pancho y una coca, ni manejamos un monstruo mediático que nos permita COMERLE EL COCO a la gente; Y muchos tampoco contamos, claro, con la fuerza que da la desesperación, o no tener nada que perder (yo estoy pagando un crédito); Nos queda, por supuesto, lo que solemos hacer los miembros de la clase media cuando no queremos hacer algo: Pagarle a alguien de la clase trabajadora para lo haga por nosotros. Pero entiendo que esto podría ser contradictorio ideológicamente, sobre todo si uno pretende manifestarse a favor de la equidad social. Es un problema.


La opción que me parece más razonable es exigir al Mercado (que siempre es tan histérico a la hora de pedirnos cosas) que impulse la creación de una o dos empresas privadas que ofrezcan el servicio de manifestación por encargo, pero a precios razonables. Tal vez se podría pagar un arancel mensual que luego te dé derecho a convocar a una o dos marchas por aÑo. Tampoco es que yo quiera salir a protestar todos los días.


Entiendo las posibles objeciones: Ante un acceso tan cómodo a la protesta política por cualquier mediano cuentapropista, seguramente crecería el número de manifestaciones por causas estúpidas o nefastas. ¡Pero es el precio que hay que pagar por una democracia verdaderamente representativa!


Publicado a las 11:44 p.m.


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