Allende las fronteras de la Capital Federal existe un país distinto; una Argentina profunda, mágica, milenaria, hasta admirable en su salvaje provincianismo. El país que no miramos, porque está oculto por los interminables setos de la rusticidad: El País Submarino.
Repuesto .apenas- de mi aventura en las selvas de La Plata, recibí un llamado de la secretaria de mi tío Juan Carlos Clarín (últimamente se hace el importante; incluso se me hace negar. ¡Este Juanca!), que me informó que era momento de retomar mi viejo proyecto de recorrer los lugares más lúgubres e inciviles del país, siendo elegido como primer destino las tierras de Vicente López, más allá de la General Paz.
Tosiendo mi inquietud Y tartamudeando el trauma de guerra de mi experiencia anterior (tengo un comprobante médico), contesté: .Epa epa, despacito, Roma no se hizo en un día, piano piano se va lontano, vos me querés matar de un síncope, paremos la moto y bajemos un cambio.. Por lo que luego de arduas negociaciones me encuentro aquí, más allá de las fronteras internas de la Ciudad de Buenos Aires: del otro lado del corredor Norte. En el inhóspito barrio de San Telmo.
Atrás, lejos, muy lejos quedó la última Frontera (la calle Córdoba) y he visto desde la seguridad de mi jeep blindado escenas de subdesarrollo que prefiero no recordar (por ejemplo, vendedores ambulantes de cosas). Lo que ahora me rodea es zozobra, desconocimiento básico de las más elementales de higiene (algunos bares de la zona tienen el piso completamente cubiertos de cáscaras de maní, fruto que constituye la monodieta de los santelminos) y una vaga sensación de Apocalipsis. A mi alrededor, cientos y cientos de turistas se lamentan y medran como pueden, buscando el golpe salvador que los llevará de vuelta a casa y que ahora sólo pujan por sobrevivir.
Son los descastados, los sin tierra, los que fueron condenados a la .Zona Gris éurica.. Son aquellos que llegaron en el momento en que Buenos Aires era una .Ciudad-Pichincha. y que sucesivas inflaciones del 0,4 % (pero qué 0,4 %) convirtieron en una ciudad al nivel monetario de Londres, New York o Milán. Su originalmente jugoso patrimonio en euros se redujo a migajas. La mayoría ha debido vender sus pasajes de regreso para conseguir la ración de maníes que los ayudará a alcanzar la maÑana siguiente. Otros tienen el pasaje, pero no tienen el dinero para pagar el boleto de colectivo a Ezeiza, o sencillamente no encuentran ningún lugareÑo para preguntarle .dónde queda la parada..
Gunnar tiene 25 aÑos, la piel enrojecida, lastimada, moteada de aterradores manchones purpúreos por los efectos del sol santelmino en su frágil epidermis escandinava. Viste el uniforme obligado del turista en San Telmo: anteojitos sin marco, barba candado, bermudas, borceguíes, una guía .Let.s Go. en una mano y una botella de agua mineral de litro y medio en la otra, que se encuentra vacía: Gunnar no se atreve .y lo bien que hace- a probar el agua santelmina.
.Gunnar llegó aquí seducido por precios y atractivos turísticos de San Telmo, sahib., me explica el joven noruego. .Gunnar muchas ganas de ver bailarines callejeros de tango, de probar cerveza con maní en cáscara .en Noruega maní es cultivado sin cáscara, Noruega país en serio- y de ver artistas de fileteado porteÑo; pero a poco de llegar Gunnar con compaÑera Liv (seÑala a su novia, vestida igual que él, que al principio confundí con su hermano debido a la uniformidad sexual de su raza) precios empezaron a subir y subir, sahib. Yo escándalo, sahib, yo quejé ante dueÑa de hostel y propietarios de restaurantes, pero tarde: la mayoría eran otros turistas como Gunnar, que usurparon negocios para poder juntar dinero de regreso y muy insolidarios, nada que ver con el generoso y .macanudo. pueblo argentino.. Previendo el sablazo, doy las gracias a Gunnar por su testimonio me alejo por la vía Defensa, una intransitable calle cuyo piso está compuesto por piedras irregulares en lugar del moderno y sofisticado asfalto de, ponele, la calle Cabildo.
Llego a los zocos de la .Plaza. (los santelminos llaman .plaza. a una explanada de cemento, sin pasto ni subibajas ni nada) Dorrego, completamente aterrorizado. Se trata de un mercado atendido por criaturas de pesadilla, y donde se puede adquirir desde discos de pasta y revistas Leoplán a armas de grueso calibre contrabandeadas desde Libia. Pronto me doy una idea global del problema que plantea Gunnar: todos los puestitos están atendidos por turistas alemanes, ingleses y escandinavos (los llamaremos .Gunnars. para hacer más sencillo el relato). Incluso los bailarines de tango que realizan .pobremente- un par de cortes y quebradas en la esquina de la plaza (al son de .Mamma Mía., de Abba) son, también, .Gunnars.. Y a juzgar por su pobre recaudación, no engaÑan a nadie; o tal vez, simplemente el dinero en efectivo escasea entre los .Gunnars..
Jordi, un joven .Gunnar. catalán que vive en una vieja baÑadera que el bar de la esquina utilizaba para almacenar maní, intenta explicarme la situación en su media lengua. Sus desventuras lo han sumido en un estado semisalvaje, por lo que intento rellenar mentalmente los espacios que Jordi deja en blanco: .Jordi llegó (a San Telmo) hace (seis) meses, sahib. Todo lindo, todo simpático, todo baratito. Pero (debido a la inflación, luego todo se tornó) mucho caro, y Jordi (se quedó sin dinero para el) albergue. (Los) Santelminos malos no (están) más, sahib, (fueron esquilmando los) euros (de nosotros los turistas y se) fueron lejos (y dejaron a Jordi y demás .Gunnars. en el completo abandono; ahora nuestro destino es incierto y sólo le pido a usted, noble caballero .su rostro me inspira la mayor de las lealtades- que cuente nuestra historia al mundo. Confío en que sus patrones le den un aumento), bdbd, chuke..
El relato de Jordi, aunque tosco, refleja una realidad demográfica: no queda santelmino alguno en San Telmo. Quienes pudieron, lucraron con los euros de los turistas originales o de coterráneos desprevenidos (un huevo de rodocrocita comprado en un negocio de antigüs llegó a costar ¡cinco euros!). Aquellos que lograron amasar una pequeÑa fortuna, emigraron a las ricas tierras vecinas (Barracas), cuya frontera (la calle Garay) es custodiada por Escuadrones de la Muerte privados. Aquellos que no lo lograron, cayeron en la miseria y la locura, víctimas de la inflación santelmina (sus cadáveres se amontonan en las pequeÑas salitas de teatro independiente que abarrotan la zona).
Sólo han sobrevivido los .Gunnars., que contaban con la ventaja de un superávit proteínico por venir del Primer Mundo. Primero intentaron organizarse y racionar los maníes, ellos son así, tienen otra mentalidad, vienen de un país en serio, pero sin la presencia paternal de un Estado Benefactor la situación degeneró en un salvaje .todos contra todos.. Salvajes saqueos se produjeron en tiendas de antigüs; jarrones de porcelana, bustos de Mozart y viejos gramófonos yacen despedazados a lo largo y lo ancho de la .calle., por decirle de algún modo, Cochabamba. Al poco tiempo -unas 36 horas- el paisaje de San Telmo es lo que es hoy: .Gunnars. arrastrándose debido a la fiebre amarilla (que descansaba en estado latente en las casonas del lugar), mendigando entre ellos, luchando con sus botellas de agua mineral (algunos recortan los bordes hasta convertirlas en mortíferas cimitarras) por medio maní o .en algunos casos la cosa se vuelve tragicómica- por un huevo de rodocrosita demasiado realista.
Mientras tanto, la ayuda humanitaria no llega (se está organizando un Live Aid para el 2009, pero, ¿se logrará a tiempo?) y el Gobierno argentino sigue demasiado sumido en su autismo como para ocuparse del drama de los .Gunnars.. Sólo atino a saludar, cubierto de vergüpor haber nacido en este mundo, a Gunnar y a Liv (me piden un trago de mi Gatorade; sólo atino a decirles,cubierto de vergüpor haber nacido en este mundo: .No, no puedo, lo compré recién, aparte me salió como $3,50.) y me subo, con la agilidad que da el miedo a permanecer allí para siempre, al estribo de un 29 que pasa sin detenerse. Siento el viento contra mi cara, y ruego por dejar a San Telmo atrás.
¿Qué otros rincones del país Submarino me veré obligado a visitar? La Secretaria del Tío mencionó al pasar la palabra .Caballito.. Confío en que se refiera al animal; al animal pequeÑo.
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