miércoles, 13 de agosto de 2008

Coso 85: Odradek


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Coso85.gifLeemos a Franz Kafka: “Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de aÑadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar. Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra (…)”.


El verdadero Odradek no tiene el aspecto, como el de Kafka, de “un carrete de hilo en forma de estrella plana”, ni se trata “de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí”. No; el Odradek de Kafka es una criatura de ficción; el concreto, en cambio, cumple originalmente la función de precinto de seguridad de las botellas de aceite. Pero luego se separa y nace, mediante el mecanismo reproductivo de la gemación (como la hidra); aunque su parto es un enchastre, como el de los organismos más desarrollados. Sólo que en lugar de sangre o yema de huevo, la sustancia enchastrante es aceite, que suele caer sobre la camisa nueva del improvisado obstetra.


Allí comienza su frugal vida. Kafka miente otra vez: no habita la techumbre ni la escalera, sino que pasa de la mesada de la cocina a la mesa, y luego a la mesada de nuevo, con preferencia por los arrabales del tacho de basura. Pero como el de Kafka, es vagamante amorfo, no podríamos jamás imaginar cuál es su propósito (a menos que conozcamos su origen) y vivimos topándonos con él; entonces, la emoción más cálida que sentimos es un ligero descontento, y la reflexión más frecuente es “creí que lo había tirado”.


Sin embargo, Odradek sobrevive mucho más de lo razonable. Odradek no es reciclable como el cierre de bolsa de pan lactal, ni moldeable como el alambre protector de champagne, ni sirve para realizar artesanías caseras como el precinto de lata de gaseosa. Si nos atreviéramos al epíteto, diriamos que es basura, y sin embargo se resiste -pacíficamente, silenciosamente, inadvertidamente- a asumir su destino final.


En algún momento parece entender el mensaje y no lo vemos más, o tal vez llega un nuevo Odradek y su antecesor se fuga (aparentemente no tolera la competencia ni la hermandad); hasta entonces vive la existencia melancólica de un inadaptado social, soportando la indiferencia o el leve fastidio del mundo donde le ha tocado nacer, un mundo cruel, estéril y adorador de la eficiencia, esa cortesana mentirosa.


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