miércoles, 8 de agosto de 2007

¡Y bueno, viejo, que querés, que me costee hasta el cine!





La-Vie-en-Colours1.jpg (Crítica hipotética de un estreno visto en un DVD pirateado y comprado en la calle)


Jean Jaques y Sabrinne son una pareja de clase media que habita en el barrio suburbano de una ciudad del interior de Francia. Ella es ama de casa, y él trabaja en la represa hidroeléctrica que provee de energía a la zona. Su hijo Jean Luc, de diez aÑos, tiene algunos problemas de conducta, mientras que Amélie, la precoz hermana menor, vive preocupada por temas adultos como la ecología y la política, mientras que dedica sus horas libres al estudio del clarinete. Completa la familia .que, en un toque de poesía cromática del director, tienen todos un llamativo color de piel índigo -la pequeÑa Agnes, de seis meses de edad, que no se despega de su sonajero.


Así comienza .Los Lhermitte., una ácida comedia representante de lo que se ha dado en llamar .digo yo -.cine taponado francés., una nueva tendencia cinematográfica en la que esporádicamente, homenajeando al teatro de sombras indonesio, una serie de siluetas sombreadas se interpone esporádicamente y sin razón aparente entre el espectador y la pantalla.


En el caso de Los Lhermitte, el director Stéphane Groussard ha decidido incluir algunos aportes muy personales, tales como un particular uso del sonido, que se escucha como grabado adentro de un excusado, reverberando estruendosamente, dándole a todos los personajes cierta caracterización de espectros de ultratumba. Se dice que Groussard homenajeó así a los viejos feulletins franceses de corte fantástico, lo mismo que los cortos de Louis Feudaille protagonizados por la actriz Musidora (aunque se trataba de películas mudas, por lo que habría que preguntarle a Groussard si el homenaje no resulta algo confuso); otro aporte muy muy muy personal y muy discutible son unas risotadas que vienen de la nada, un poco como las risas de la claque que se escuchan en las sitcoms, o como la participación de Marcela Feudale en Tinelli (Groussard pasó dos aÑos viviendo en Argentina y se dice que quedó fascinado con la similitud de los apellidos .Feudaille. y .Feudale.). A veces las risas son intercaladas con frases inconexas como .mami, ¿qué dijo?. o .¿pero este no se había muerto?. o .voy al baÑo., insertas, tal vez en un excesivo celo por parte del director, con el objeto de explicarnos el subtexto de la trama.


Las marcas de estilo se completan con la ausencia total de títulos finales, en un rasgo de humildad que ya debieran imitar otro directores, y en una cámara que cada tanto tambalea, como desacomodada por la intensidad del relato, y en los últimos instantes de la película .vuela., por así decirlo, al interior de un bolso lleno de cables. ¿Un símbolo de la deshumanización creciente de la humanidad?


Pero las palmas se las llevan .aparte de los intérpretes de la película, que quedan tal vez relegados a un segundo plano debido al sonido de ultratumba, las voces y risas fantasmales y los movimientos espasmódicos de cámara .las siluetas oscuras tan propias de este nuevo tipo de cine. Durante los primeros treinta y cinco minutos el espectador no puede dejar de mirar una cabeza con un vistoso remolino de pelo que invade el espacio de los Lhermitte (distrayéndonos un poco de la trrama de la película; gracias a Dios existen las sinopsis argumentales enviadas por los agentes de prensa). La cabeza, aparentemente de un niÑo, se mueve ingenuamente una y otra vez, haciendo flamear su divertido remolino, retrotrayéndonos a le época en que el cine significaba asombro, y en que teníamos pelo. Pero pronto, la ingenuidad de la juventud, da paso .tras unos acomodamientos de cámara, recurso que indica el paso del tiempo .al cráneo de un hombre calvo en primerísimo plano, en el borde inferior derecho de la pantalla, que dificulta gravemente los sucesos de la trama principal (¿o deberíamos llamarla .sub-trama.?). Esta dificultad se hace notoria en la escena en que los Lhermitte encuentran algo muy importante para el argumento, pero desgraciadamente el objeto está en la esquina taponada por el hombre calvo.


El cráneo del hombre calvo es liso, terso y de una simetría pasmosa, de bordes .telermanianos., por apodarlos de alguna manera, y representa la inteligencia y la ecuanimidad de la madurez, que permite ver las cosas con calma .el cráneo no se mueve en ninguno de los diecisiete minutos que protagoniza .pero que, de alguna manera, arruina la diversión (por eso tapa la .cosa. encontrada por los Lhermitte); por fin, la cercanía del calvo respecto del espectador (realmente es muy grande e inquietante) nos hace pensar de alguna manera en la presencia de la Muerte, que se avecina a nosotros inexorablemente a cada segundo.


Pero no olvidemos que ésta es una comedia, y por eso el calvo desaparece abruptamente, acompaÑado por un salto en la secuencia de los Lhermitte (vemos a Jean Jaques montado en una mula, y de pronto se encuentra al fondo de una charca, en los pantanos belgas), y es entonces que vemos la silueta de una niÑa de trenzas que permanece parada durante unos cinco minutos (las trenzas de la niÑa flamean delante nuestro, haciéndonos concientes de los vaivenes de la vida), luego cruza por delante de la cámara (que se tambalea nerviosamente en forma semicircular), luego, indecisa, vuelve sobre sus pasos, y por fin, se sienta. Desopilante. Sin embargo, el momento cinematográficamente más audaz que plantea Groussard es cuando una de las siluetas (de la que vemos spolo el torso, como si no tuviera cabeza) se interpone entre nosotros y la sub-trama de los Lhermitte, y luego, de la nada, vemos unos pies en la penumbra, mientras las voces fantasmales susurran cosas como .flaco, guardá la camarita que te la voy a meter en el orto. y .pará, no me botones, arreglé con Rafa. y .Rafa no tiene nada que ver, flaquito, hablá conmigo. y .Aaaah, ta, ya entendí, ¿cuánto querés?. y .Pará, primero, guarda con el tonito. y .Bueno, bueno. y .Bueno. y .¿Entonces?. y .Después hablamos, pero no te quieras hacer el piola. y .bueno, bueno, hablemos a la salida. y .Traé la platita.. Luego, la amenazadora silueta desaparece y la película sigue normalmente, o mejor dicho todo lo normalmente que puede seguir una película del Nuevo Cine Taponado Francés.


Toda una declaración de principios de Groussard, quen nos da a entender así que nada es gratis, y que por más que pretendamos tener una visión objetiva y límpida de as cosas, siempre deberemos intentar adivinar el verdadero sentido de la vida por entre siluetas de calvos, niÑas con trenzas, y amenazadores monstruos sin cabeza que nos dicen .traé la platita.. Para irse a casa pensando.


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