.Despacio, arrastrándose, empujadas por un instinto sin nombre, las criaturas van llegando al recinto débilmente iluminado por la magia del flúor incandescente. La murria y el spleen, si es que estos seres sin alma albergan algo parecido a un sentimiento, se reflejan en sus miradas perdidas.
.La escena resultaría patética y triste, de estar protagonizada por seres vivos, dueÑos de amores, deseos y pasiones. Nos lamentaríamos por su existencia desgraciada y la esclavitud a la que se ven sometidos. Pero nada, ni sus parodias de comunicación, sus simulaciones de lenguaje -que bien podrían ser generadas por máquinas -, sus conductas rituales .tibio reflejo de las costumbres inspiradas por la vida en comunión de sus antepasados -, sus pausas para consumir jugos energéticos o espabilantes; ninguno de esos actos vacíos es seÑal de vida, sino de inercia. De repetición, atavismo y contagio. Como la historia esa de los monos, la escalera, las bananas y el manguerazo.
.Ahora las criaturas, de aspecto cercano al de una babosa monstruosa, reptan hasta el sitio que les ha sido asignado; pero antes de asumir su posición y abandonar por completo su ¿voluntad? A los designios de su Amo, torpemente, con un atisbo de autoconmiseración, suspiran. Y en ese suspiro, que podría conmovernos en un ser humano, revelan su resistencia .tibia, es cierto, pero real -a volver a este Templo impío. Y es que su diaria rutina ha sido interrumpida por razones ajenas a la voluntad del Behemoth que los controla, y su descanso ha sido levemente mayor al habitual.
.Y ese recreo breve pero imprevisto, en lugar de recargarlos de ímpetu obediente, los ha sacudido levemente de su modorra; y han comprendido que su destino original era otro. Que la permanencia en sus panales privados, al abrigo del amor de sus pequeÑas e innumerables larvas, el juego y la risa franca, no deberían ser excepciones. Y entonces, cuando la voz omnipresente del Amo, propalada por ejércitos de criaturas córvidas que ensombrecen el cielo les ordena reintegrarse a la tarea, su voluntad, ya quebrada de antemano, termina de caer el suelo.
.Y con ella, desaparecen esqueletos, extremidades y músculos. Y las criaturas se desmoronan y ¿broma siniestra y calculada del Amo?, deben aproximarse al gigantesco edificio .del cual brota el más repelente vaho a corrupción .arrastrándose como invertebrados, como un puÑado de gusanos miserables, lubricando el camino con sus propias babas.
.El suspiro y el recuerdo de su ligero atisbo de felicidad se evaporan rápidamente. Las babosas mueven su pseudópodo una vez más y llegan hasta su pequeÑa plataforma, donde se acomodan entre repugnantes exhalaciones gaseosas; si en algún momento creímos que las criaturas podían inspirarnos algo de empatía, ese momento también se ha evaporado junto con el pestífero suspiro. Ahora las criaturas se conectarán a su cubículo de energía para seguir enriqueciendo a su Rey, sólo que, más babosas que nunca, sin siquiera la mitad de su ritmo normal. La comunicación con sus congéneres será, por unas horas, a través de gruÑidos, monosílabos y chirridos. La más mínima provocación será la chispa que haga estallar iras inofensivas y, a nuestros ojos, risibles. La Generación de Proteínas y Activos Energéticos se logrará sólo luego de repetirles las instrucciones diarias unas doce veces, ya que su intelecto está ennegrecido por el fantasma de la melancolía.
.Pero El Miedo y el Látigo las irán motivando con el correr de los días, y a las criaturas les crecerán piernas, brazos, ojos, y su entendimiento será estimulado para poder servir mejor a su SeÑor, tan repugnantes como ahora, pero mimetizadas en la piel de seres con impostada dignidad..
(Fragmento de .Regreso a Casa tras el Fin de Semana Largo: un Espectáculo Escalofriante.)
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