martes, 21 de agosto de 2007

¡Revelan una repugnante realidad oculta!





.Despacio, arrastrándose, empujadas por un instinto sin nombre, las criaturas van llegando al recinto débilmente iluminado por la magia del flúor incandescente. La murria y el spleen, si es que estos seres sin alma albergan algo parecido a un sentimiento, se reflejan en sus miradas perdidas.


.La escena resultaría patética y triste, de estar protagonizada por seres vivos, dueÑos de amores, deseos y pasiones. Nos lamentaríamos por su existencia desgraciada y la esclavitud a la que se ven sometidos. Pero nada, ni sus parodias de comunicación, sus simulaciones de lenguaje -que bien podrían ser generadas por máquinas -, sus conductas rituales .tibio reflejo de las costumbres inspiradas por la vida en comunión de sus antepasados -, sus pausas para consumir jugos energéticos o espabilantes; ninguno de esos actos vacíos es seÑal de vida, sino de inercia. De repetición, atavismo y contagio. Como la historia esa de los monos, la escalera, las bananas y el manguerazo.


.Ahora las criaturas, de aspecto cercano al de una babosa monstruosa, reptan hasta el sitio que les ha sido asignado; pero antes de asumir su posición y abandonar por completo su ¿voluntad? A los designios de su Amo, torpemente, con un atisbo de autoconmiseración, suspiran. Y en ese suspiro, que podría conmovernos en un ser humano, revelan su resistencia .tibia, es cierto, pero real -a volver a este Templo impío. Y es que su diaria rutina ha sido interrumpida por razones ajenas a la voluntad del Behemoth que los controla, y su descanso ha sido levemente mayor al habitual.


.Y ese recreo breve pero imprevisto, en lugar de recargarlos de ímpetu obediente, los ha sacudido levemente de su modorra; y han comprendido que su destino original era otro. Que la permanencia en sus panales privados, al abrigo del amor de sus pequeÑas e innumerables larvas, el juego y la risa franca, no deberían ser excepciones. Y entonces, cuando la voz omnipresente del Amo, propalada por ejércitos de criaturas córvidas que ensombrecen el cielo les ordena reintegrarse a la tarea, su voluntad, ya quebrada de antemano, termina de caer el suelo.


.Y con ella, desaparecen esqueletos, extremidades y músculos. Y las criaturas se desmoronan y ¿broma siniestra y calculada del Amo?, deben aproximarse al gigantesco edificio .del cual brota el más repelente vaho a corrupción .arrastrándose como invertebrados, como un puÑado de gusanos miserables, lubricando el camino con sus propias babas.


.El suspiro y el recuerdo de su ligero atisbo de felicidad se evaporan rápidamente. Las babosas mueven su pseudópodo una vez más y llegan hasta su pequeÑa plataforma, donde se acomodan entre repugnantes exhalaciones gaseosas; si en algún momento creímos que las criaturas podían inspirarnos algo de empatía, ese momento también se ha evaporado junto con el pestífero suspiro. Ahora las criaturas se conectarán a su cubículo de energía para seguir enriqueciendo a su Rey, sólo que, más babosas que nunca, sin siquiera la mitad de su ritmo normal. La comunicación con sus congéneres será, por unas horas, a través de gruÑidos, monosílabos y chirridos. La más mínima provocación será la chispa que haga estallar iras inofensivas y, a nuestros ojos, risibles. La Generación de Proteínas y Activos Energéticos se logrará sólo luego de repetirles las instrucciones diarias unas doce veces, ya que su intelecto está ennegrecido por el fantasma de la melancolía.


.Pero El Miedo y el Látigo las irán motivando con el correr de los días, y a las criaturas les crecerán piernas, brazos, ojos, y su entendimiento será estimulado para poder servir mejor a su SeÑor, tan repugnantes como ahora, pero mimetizadas en la piel de seres con impostada dignidad..


(Fragmento de .Regreso a Casa tras el Fin de Semana Largo: un Espectáculo Escalofriante.)


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